Jimz contra Cota, Cota contra Jiménez. ¡Gol! ¡Gol! Un niño de Hidalgo que casi no pasa la prueba de estatura en el América, que estuvo al borde de la muerte en un partido de Premier League y que tardó 12 años en marcar su primer gol en un mundial. Eso es Raúl Jiménez. Pero también es el mexicano que acumuló más de 30 millones de dólares jugando al fútbol, que vive en Londres como millonario europeo y que tiene un garaje, una colección de relojes y unas propiedades que la mayoría de los mexicanos nunca imaginó que un chico de
Tepeji del Río podría tener. Esta es la historia que nadie te contó completa. Empecemos. Ahí está con sutileza, con tranquilidad. Al palo cambiado la termina coloc Pegi del Río es un municipio al sur del estado de Hidalgo que la mayoría de los mexicanos no sabría ubicar en un mapa. No es una ciudad grande, no tiene aeropuerto, no tiene rascacielos ni nada que lo haga particularmente famoso, excepto una cosa.
De ahí salió el delantero mexicano más importante de los últimos 20 años. Raúl Alonso Jiménez Rodríguez nació el 5 de mayo de 1991 en ese municipio y desde antes de saber leer ya perseguía un balón con una determinación que sus vecinos todavía recuerdan. En Tepeji todos lo conocen como Alonso, no como Raúl. Y hay murales de él pintados en las calles y hasta un equipo de fútbol formado en su honor llamado Los Lobos de Sarabia.
Porque en los pueblos que producen campeones la memoria colectiva no olvida a los suyos. el post derecho y así define América. Lo que muy poca gente sabe es que Raúl estuvo a punto de ser arquero. De niño su ídolo era Jorge Campos, el portero más extravagante y más carismático que México ha producido.
Y Raúl lo imitaba con uniformes de colores imposibles en la escuelita de fútbol del Cruz Azul en Hidalgo, que quedaba a menos de 20 minutos de su casa. Fue ahí donde empezó a patear balones en serio hasta que la familia se mudó a la Ciudad de México por trabajo de sus padres y encontraron la academia del club América en Coapa.
El cambio de club, de ciudad y de posición lo cambió todo. Los entrenadores del América lo convirtieron en delantero. Apostaron por él cuando aún era un adolescente flaco al que casi descartan por falta de estatura y esperaron pacientemente a que ese cuerpo que prometía tanto terminara de desarrollarse. Buena decisión la de ellos porque lo que vino después nadie lo hubiera predicho.
América do García en 8 minutos medió. Por lo pronto, muy bien. El negro Medina fue para Imagínate tener 20 años, ser del estado de Hidalgo y que el Club América te llame para firmar tu primer contrato profesional. Ese momento que cualquier chico mexicano que ha pateado una pelota en su vida ha soñado aunque sea una vez.
Raúl Jiménez lo vivió el 9 de octubre de 2011 en el Estadio Azteca, donde debutó con el número 47 en la espalda ante Monarcas Morelia. 46 minutos sobre el césped más famoso de México, suficientes para entender que ese chico de Tepei del Río no había llegado a calentar el banco. Su primer contrato como profesional fue modesto en comparación con lo que vendría, con un salario que en la Liga MX de esa época rondaba los $30,000 anuales para un jugador joven recién salido de las fuerzas básicas.

Una cifra que hoy suena casi cómica comparada con los 6 millones de euros anuales que ganó en el Fulham, pero que en ese momento era exactamente lo que necesitaba para demostrar que el salto valía la pena.IRA y pica Jiménez. La pelota va para Chucho. Gran servicio. Chucho. La baja. ¡Gol! ¡Gol! Lo que vino en esos 3 años con el América fue una historia que nadie pudo escribir mejor.
En 2012 ganó la medalla de oro olímpica con México en Londres, un título que catapultó su nombre a nivel internacional cuando todavía era prácticamente un desconocido fuera de la Liga MX. Luego formó junto al fallecido Cristian Chucho Benítez la dupla ofensiva más temida del fútbol mexicano de esa generación. Una pareja de delanteros que hacía sufrir a cualquier defensa de la liga y que dejó momentos que los fanáticos del América todavía recuerdan con los ojos brillantes.
El Clausura 2013 fue su título más dramático. En la final ante Cruz Azul, el América iba perdiendo y Jiménez se paró frente al punto de penalti con una frialdad que no tenía explicación para alguien de su edad y convirtió. El América campeonó esa noche y Raúl Jiménez dejó de ser una promesa para convertirse en una certeza.
Cuando cerró su ciclo americanista en 2014, los números hablaban solos. 103 partidos disputados, 38 goles anotados, dos títulos de liga y un valor de mercado que había pasado de prácticamente nada a más de 50 millones de pesos mexicanos. Según Transfer Mark, el Atlético de Madrid lo compró ese mismo año por 10,500,000 € la cifra más alta pagada hasta ese momento por un jugador mexicano que estaba activo en México.
Un récord que convirtió esa transferencia en portada de todos los medios deportivos del país. Vean qué clase de trazo Chucho en una recepción de pintura y de Raúl Jiménez. Se perfila el Olímpico. Pierna derecha para cobrar. Así. global. En agosto de 2014, los medios deportivos de México amanecieron con una noticia que nadie esperaba tan pronto.
El Atlético de Madrid, el club que acababa de llegar a la final de la Champions League, el equipo de Diego Simeone, de Diego Costa, de Griezmann, de Coke, quería a Raúl Jiménez y no lo quería barato. pagó 10,500,000 de euros por él al club América, la cifra más alta jamás desembolsada por un jugador mexicano activo en México hasta ese momento.
Un récord que convirtió esa transferencia en portada de periódicos deportivos en España, Portugal y toda América Latina simultáneamente. Para ponerlo en contexto, con ese dinero, el América podría haber fichado a 10 de los mejores jugadores de la Liga MX en ese momento y todavía le habría sobrado para renovar el estadio. Raúl Jiménez tenía 23 años, acababa de salir de Hidalgo hace apenas una década y ya valía más de 200 millones de pesos mexicanos en el mercado europeo.
El problema, y hay que decirlo con toda la honestidad del mundo, es que el Atlético de Madrid de 2014 no era precisamente el lugar más fácil del planeta para llegar a brillar. Simeón manejaba un equipo construido sobre la intensidad física, la disciplina táctica y la jerarquía ganada dentro del vestuario.
Y Raúl llegó a competir por un puesto con jugadores como Mario Mansukic, David Villa y Antoine Griezmann. nombres que en ese momento dominaban el fútbol europeo con una autoridad aplastante. Su salario en el Atlético rondaba los 2 millones de euros anuales, una cifra que multiplicaba por 50 lo que ganaba en el América, pero que en la escala económica del Metropolitano era la de un jugador de rotación, no de titular indiscutible.
Debutó el 15 de agosto en el trofeo Ramón de Carranza ante la Sampdoria. anotó su primer gol en liga el 27 de septiembre en una goleada al Sevilla y terminó la temporada con apenas un gol en 17 apariciones, suficiente para saber que necesitaba otro escenario donde el protagonismo fuera suyo. Y ahora Monterrey va por dos con mucha tranquilidad, ¿no? Lisboa tiene algo que Madrid no tiene.
Paciencia. Y en agosto de 2015, cuando Raúl Jiménez bajó del avión en Portugal después de un año complicado en el Atlético de Madrid, lo que encontró no fue un club que lo mirara como una apuesta de riesgo, sino como la pieza central de su ataque. El Benfica pagó al Atlético de Madrid 9,836,000 € para llevárselo en sesión con opción de compra y desde el primer día lo trató como lo que era.
un delantero de Champions League con hambre de demostrarle al mundo que Madrid había sido apenas un paréntesis. El primer gol llegó el 29 de agosto de 2015 ante el Moreirense, un cabezazo en el minuto 75 que el estadio da Luz celebró con una calidez que Raúl todavía menciona cuando habla de Portugal. Lisboa lo adoptó y él le devolvió el favor con goles, títulos y una lealtad que el fútbol europeo no siempre ve en jugadores extranjeros.
No, con mucha experiencia, muy bien pegado el penal. Estupendo. Qué bien lo cobra. Lo que siguió en los 3 años con las Águilas del Benfica fue exactamente lo que su carrera necesitaba. Protagonismo total. Anotó un doblete histórico en Champions League ante el Astana, que llevó al Benfica a los octavos de final.
jugó los cuartos de final ante el Bayern de Munich y marcó en ese partido. Ganó dos ligas consecutivas de Portugal en 2016 y 2017, una copa y dos Supercopas, acumulando seis títulos en tres temporadas, más de lo que muchos futbolistas ganan en toda una carrera. En total jugó 120 partidos, marcó 31 goles y repartió 15 asistencias, convirtiéndose en uno de los delanteros más confiables y más queridos de la historia reciente del club.
El fútbol portugués lo vio llegar como el mexicano que no pudo brillar en España y lo despidió como el mejor nueve extranjero que había vestido la camiseta roja del Benfica en una década. El número que selló definitivamente su leyenda llegó el 20 de julio de 2016, cuando el Benfica decidió ejercer la opción de compra y pagó al Atlético de Madrid 22 millones de euros por el 100% de sus derechos, convirtiéndose en ese instante en el fichaje más caro de la historia del fútbol portugués y en el jugador mexicano más caro de todos los tiempos.
Julio de 2018, Wolverhampton Wanderers acaba de ascender a la Premier League después de años en la segunda división inglesa y su primer movimiento para celebrar ese regreso a la élite es traerse cedido desde el Benfica a un delantero mexicano que muchos en Inglaterra todavía no conocían bien.
Pagaron 3 millones de euros por la sesión con una cláusula de compra de 38 millones. Y desde el primer partido quedó clarísimo que habían hecho el negocio de su historia. Raúl Jiménez marcó en su debut competitivo ante el Everton, siguió con gol ante el Burnley, ante el Chelsea, ante el Manchester United y terminó la temporada con 17 goles en todas las competiciones, siendo elegido el mejor jugador del año por los propios aficionados del club.
En Wolverhampton lo adoptaron como un héroe desde el primer mes y los cánticos de la afición con su nombre retumbando en el estadio Moliné se convirtieron en una de las imágenes más emotivas del fútbol inglés de esa temporada. El 4 de abril de 2019, el club anunció lo que todos esperaban, ejerció la opción de compra y pagó 38,000ones de euros al Benfica por el 100% de sus derechos, convirtiéndose en el traspaso más caro de la historia del Wolverhampton en ese momento, superando el récord anterior de 18 millones de libras pagadas por Adama
Traoré. Con ese contrato de 4 años llegó también su mayor salario hasta ese momento, 7 millones de euros anuales, lo que equivale a 134 millones de pesos mexicanos 2020, alcanzó su mejor versión. 27 goles en todas las competiciones. Llevó al Wolverhampton a los cuartos de final de la Europa League, donde cayeron ante el Sevilla, campeón del torneo, y su valor de mercado, según Transfermarkt, escaló hasta los 850 millones de pesos mexicanos, el punto más alto de su carrera.
Lo que vino después fue la prueba más brutal que un futbolista puede enfrentar. El 29 de noviembre de 2020, en un duelo aéreo con David Luis del Arsenal, Raúl Jiménez sufrió una fractura de cráneo que lo sacó del fútbol por 9 meses y que en su momento los médicos describieron como una lesión potencialmente mortal. regresó en agosto de 2021 usando un casco protector especial con una determinación que emocionó a toda la afición inglesa y al fútbol mexicano completo.
cuando dejó el Wolverhampton en 2023, había acumulado 57 goles y 23 asistencias en 166 partidos, convirtiéndose en el máximo goleador mexicano de la historia del club y en uno de los extranjeros más queridos que ese estadio ha visto. Hay algo que distingue a Raúl Jiménez de la mayoría de los futbolistas millonarios cuando se trata del lujo.
No lo grita, no sube historias en Instagram mostrando lo que tiene en la muñeca, no presume cadenas en videos ni publica fotos de sus joyas con filtros dorados. Lo usa con la misma naturalidad con que un carpintero se pone su cinturón de herramientas. Porque para alguien que lleva más de una década ganando entre 2,00ones y 7 millones de euros anuales, el lujo dejó de ser algo que hay que demostrar y se convirtió en parte del paisaje cotidiano.
Sus apariciones públicas fuera de las canchas, en restaurantes de Londres, en aeropuertos internacionales y en eventos de la selección mexicana lo muestran consistentemente con relojes de marcas como Rolex y Audemar Pigué. Dos de las firmas más reconocidas del mundo de la alta relojería, con precios que arrancan en los $30,000 y escalan sin techo visible dependiendo del modelo y los materiales.
El Rolex de Itona en acero inoxidable con esfera negra es uno de los relojes más fotografiados en su muñeca. Una pieza que en el mercado secundario actual cotiza entre 30,000 y $50,000 dependiendo del año de fabricación y que tiene lista de espera en las boutiques oficiales de hasta 5 años porque Rolex produce intencionalmente menos unidades de las que el mercado demanda.
Pero lo que realmente define el gusto de Jiménez en joyería es su colección de cadenas y pulseras en oro que complementan su estilo fuera del campo, piezas diseñadas a medida en joyerías de Londres y Ciudad de México que combinan oro amarillo de 18 kilates con diamantes de talla baguette en acabados que los diseñadores del gremio llaman minimalismo de lujo.
Elegante sin ser excesivo, costoso sin necesitar anunciarlo. Una sola de estas piezas puede costar entre 15,000 y 40,000 dependiendo del peso del metal y la calidad de las piedras. Vivir en Londres siendo delantero de la Premier League con un salario de 5 millones de euros anuales tiene una consecuencia casi inevitable.
Tarde o temprano terminas en una concesionaria mirando autos que hace unos años solo podías ver en revistas. Raúl Jiménez no es de los futbolistas que presumen su garaje en redes sociales, pero quienes lo conocen y han estado cerca de su círculo en Inglaterra coinciden en algo. El lobo de Tepeji tiene buen gusto sobre cuatro ruedas y el presupuesto para demostrarlo.
Sus apariciones en Londres y en Ciudad de México lo muestran consistentemente enyubis de alta gama y sedanes de lujo que combinan discreción con potencia. Exactamente. El perfil de alguien que valora la calidad. sin necesitar la atención que genera un super deportivo amarillo en las calles de Wolverhampton. El Range Rover Sport es el vehículo más documentado en su día a día londinense, un modelo que en su versión más equipada con motor V8 y acabados First Edition alcanza los $10,000 con interiores en cuero Winsor, paneles de madera de nogal pulida, sistema de
suspensión neumática que nivela el vehículo automáticamente según el terreno y una pantalla central de 13 pulgadas que controla Absolutamente todo desde el clima hasta el sistema de sonido meridian de 23 parlantes. Para los desplazamientos más formales, su preferencia por los Mercedes Clays S blindados refleja exactamente lo que esperarías de alguien que ha jugado Champions League y Europa League.
Comodidad absoluta, privacidad garantizada y la seguridad de saber que el vehículo que lo lleva al estadio puede manejar cualquier situación. Cuando regresa a México con la selección nacional, la historia cambia de tono completamente. En Ciudad de México y en su hidalgo natal, Jiménez se permite algo que en Londres rara vez hace, salir con autos que la gente voltea a ver.
Fuentes cercanas a su entorno en México mencionan una Porsche Cayen Turbo en color negro de aproximadamente 200,000 con interiores personalizados en cuero rojo. Un contraste visual que en las calles de la Ciudad de México genera exactamente el tipo de reacción que cualquier chico de Tepeji del Río soñaría provocar algún día.
La filosofía detrás de su colección es fácil de leer. En Europa, donde los futbolistas millonarios son tan comunes que ya no sorprenden a nadie, Raúl prefiere pasar desapercibido. Cuando llevas más de 12 años viviendo en Europa con salarios que van de 2 millones a 7 millones de euros anuales, la pregunta no es si puedes comprarte una mansión, la pregunta es, ¿cuántas y en qué países? Raúl Jiménez es de los futbolistas que prefieren mantener su vida privada. Exactamente eso, privada.
Por eso no hay fotos de sus casas en Instagram ni tours de sus propiedades en YouTube, pero lo que sí se sabe es suficiente para entender que el lobo de Tepeji no duerme en cualquier lugar. Su residencia principal durante sus años en Wolverhampton estuvo en la exclusiva zona de Saturn Cfield en los suburbios de Birmingham, una de las áreas residenciales más caras del centro de Inglaterra, donde las mansiones con jardín privado y seguridad perimetral oscilan entre 1,500,000 y 4 millones de libras esterlinas equivalentes a entre 1,900,000
y 5 millones d al tipo de cambio actual. En México, donde regresa religiosamente con la selección nacional y durante sus vacaciones, Jiménez mantiene una residencia en la Ciudad de México, en una zona residencial de alto nivel, discreta y alejada del ruido de la capital.
Y se dice en su círculo cercano que tiene terrenos en el estado de Hidalgo, su tierra natal, donde ha invertido parte de su fortuna en propiedades que conectan con sus raíces y que representan algo que ningún apartamento en Londres puede darle. La sensación de ser simplemente Alonso, el chico de Tepeji, sin cámaras ni cánticos de estadio. Hay momentos en el fútbol que van mucho más allá del marcador, más allá de los puntos, más allá de cualquier estadística o cifra de transferencia.
El 11 de junio de 2026, en el partido inaugural de la Copa del Mundo en el estadio Ciudad de México, Raúl Jiménez vivió uno de esos momentos. No fue el primer gol del torneo, ese fue de Julián Quiñones al minuto 9 ante Sudáfrica, pero el segundo fue suyo al minuto 67 de cabeza después de un centro perfecto de Roberto Alvarado desde la derecha con más de 80,000 mexicanos en las gradas explotando de una emoción que llevaba 12 años acumulándose porque Raúl Jiménez había disputado tres copas del mundo antes de ese día. Brasil 2014, Rusia
2018 y Qatar 2022. Y en ninguna había podido marcar un solo gol. Seis partidos, 116 minutos sobre el césped mundialista y cero anotaciones. Ese cabezazo ante Sudáfrica fue la respuesta a 12 años de espera. Lo que convirtió ese gol en algo imposible de olvidar no fue el remate ni la asistencia, fue la celebración.
Raúl Jiménez corrió hacia la esquina del estadio, levantó las dos manos al cielo y lloró. Lloró como lloran los hombres cuando el peso de algo que cargaron durante años finalmente se suelta de una vez y el estadio entendió exactamente por qué. Tres meses antes del mundial, su padre Raúl Jiménez Vega había fallecido.
El mismo hombre que lo llevó a las escuelitas de fútbol en Tepeji del Río. El mismo que cruzó la Ciudad de México con su familia buscando una oportunidad mejor. Y durante la Copa Oro 2025 ese padre le había dicho en una conversación que la única deuda pendiente en su carrera era un gol en un mundial. El gol llegó, el padre ya no estaba y los 80,000 espectadores del Azteca se pusieron de pie para ovasionar a un hombre de 35 años que en ese momento no era un futbolista millonario de la Premier League, era simplemente el hijo de alguien que le había prometido
algo. Ese gol también tuvo un valor histórico que el tiempo va a recordar con números concretos. Con esa anotación, Raúl Jiménez igualó a Jaret Borgetti en el segundo lugar de la tabla histórica de goleadores de la selección mexicana con 46 tantos, a solo cuatro del récord absoluto que tiene Javier Hernández con 52.
Fue el segundo gol del partido inaugural de un mundial que la FIFA estimó alcanzaría audiencias de más de 100 millones de espectadores a nivel global. Un escenario que ningún contrato de imagen puede comprar y ningún salario puede valorar con exactitud. Hagamos las cuentas que nadie en México se ha tomado el tiempo de hacer con calma.
Raúl Jiménez firmó su primer contrato profesional en 2011 con un salario aproximado de $30,000 anuales. En el Atlético de Madrid ganó 2 millones de euros al año. En el Benfica, entre sesión y compra definitiva, acumuló más de 6 millones de euros en salarios durante tres temporadas. En el Wolverhampton, donde cobró hasta 7 millones de euros anuales en su mejor momento, acumuló más de 30 millones de euros en salarios durante 5 años.
En el Fullham ganó 5,200,000 € anuales durante tres temporadas, sumando otros 15 millones de euros más. En total, solo en salarios de clubes, Raúl Jiménez acumuló más de 55,000000es de euros a lo largo de su carrera europea. Una cifra que antes de impuestos equivale a más de 600 millones de pesos mexicanos ganados jugando al fútbol.
El mismo fútbol que empezó a jugar de niño en una escuelita de Hidalgo por el que nadie le pagaba absolutamente nada. A eso hay que sumarle los contratos de imagen y patrocinios que a lo largo de su carrera lo vincularon con marcas como Adidas, Gatoraid, Power Aid y varias empresas mexicanas que pagaron por asociar su nombre al del delantero más reconocido de su generación.
Un futbolista de su nivel y visibilidad en la Premier League genera entre 500,000 y 2 millones de dólares anuales adicionales solo en contratos de imagen. Una fuente de ingresos que crece exponencialmente después de cada hito. Tras su recuperación de la fractura de cráneo en 2021, su valor como figura inspiracional disparó su atractivo para las marcas y el gol en el Mundial 2026 lo convirtió en el rostro más visible del fútbol mexicano ante una audiencia global de más de 15 millones de espectadores. Su vida cotidiana en
Londres es exactamente la de alguien que ganó todo lo que se puede ganar en el fútbol europeo y aprendió a disfrutarlo con la discreción de quien nunca olvidó de dónde viene. Restaurantes de alta cocina en Mayfir y Chelsea. partidos de la Premier League con sus amigos desde palcos privados valuados en 5000 libras por noche, vacaciones en Ibiza y la Riviera Maya, donde mezcla el Mediterráneo con sus raíces sin que ninguna de las dos cosas le resulte ajena.
Pero lo más fascinante de la vida de lujo de Raúl Jiménez no es el dinero que tiene, sino el hombre que decidió ser con ese dinero. Alguien que volvió al Azteca a los 35 años, que lloró ante 80,000 personas dedicándole un gol a su padre y que al día siguiente firmó para seguir jugando en una segunda división inglesa porque todavía tiene algo que demostrar.
Eso no lo enseña ningún contrato, ninguna mansión y ningún reloj de lujo. Lo enseña a crecer en Tepeg Río con un sueño que parecía imposible y no detenerse hasta cumplirlo. De Tepegi, del Río al Azteca, de una escuelita de fútbol a 30 millones de dólares. Raúl Jiménez demostró que los sueños imposibles solo necesitan alguien que no se rinda.
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