Lo veía subir al escenario, dominar a la audiencia con su voz potente y soñaba con algún día estar en su lugar. Lalo Elizalde había formado en 1978 un dueto llamado El dueto de Hermosillo junto a Manuel López, que después cambió su nombre a los dos gallos. Este nombre era profético, pues establecía una tradición que se mantendría en la familia.
Cuando el dueto se disolvió, Lalo emprendió una exitosa carrera como solista y se ganó el apodo de El Gallo Grande. Llegó a grabar cerca de 58 discos en una carrera de 30 años y se convirtió en una leyenda de la música norteña en estados como Sinaloa, Sonora, Chihuahua, Durango, Nayarit y Jalisco. Por la década de los 80, la fama de Lalo se extendió masivamente y cada baile o palenque donde se anunciaba se llenaba completamente.
Lalo no solo era cantante, también participó en un par de películas producidas por el ídolo del cine de oro mexicano, Emilio El indio Fernández, México norte e infierno en la sierra. Su estilo único con mariachi, norteño y banda, lo hizo destacar en una época donde la competencia era feroz. Pero el 23 de noviembre de 1992, cuando Valentín tenía apenas 13 años, ocurrió la tragedia que cambiaría su vida para siempre.

Su padre había dado una presentación exitosa en Villa Juárez, Sonora. Estaba feliz, lleno de energía, como siempre después de un buen show. subió a su camioneta Ram Charger junto con algunos músicos de su banda, listos para regresar a casa. Sin embargo, en un tramo conocido como La Curva de la Muerte en Villajuárez, el vehículo se salió del camino.
Algunos dicen que iba a exceso de velocidad, otros que el camino estaba en mal estado. Lo cierto es que la camioneta cayó a un canal de riego. Lalo el gallo. Elisalde murió instantáneamente a los 52 años en la cúspide de su carrera con tanto futuro por delante. La noticia devastó a la familia. Valentín, que apenas era un adolescente, perdió a su héroe, a su modelo a seguir, al hombre que le había mostrado el camino de la música.
En el funeral, miles de personas se reunieron para despedir a Lalo. El joven Valentín vio a toda esa gente llorar por su padre y algo se encendió dentro de él. La muerte de su padre no lo destruyó, pero sí lo transformó. Valentín desarrolló una determinación férrea. Seguiría los pasos de su padre y llevaría el legado Elizalde aún más lejos.
Lo que Valentín no sabía era que él también moriría en noviembre, solo que 14 años después y también después de una presentación. El destino estaba escribiendo la misma historia otra vez. A pesar de su pasión inquebrantable por la música, Valentín fue un joven responsable que decidió estudiar una carrera universitaria. Su madre, Camila, insistió en que tuviera un respaldo, algo a que recurrir si la música no funcionaba.
Valentín la escuchó y se inscribió en la Universidad de Sonora para estudiar derecho. Durante 5 años, Valentín combinó sus estudios con su amor por la música. Asistía a clases de día y practicaba con diferentes bandas por las noches y fines de semana. Era un estudiante dedicado que logró graduarse como abogado, pero su corazón nunca dejó de latir al ritmo de la tambora sinaloense.
Su título de abogado quedaría enmarcado en la pared de su casa, un recordatorio de que había cumplido la promesa a su madre, pero nunca lo usaría profesionalmente. Durante esos años de estudiante, Valentín trabajó en empleos humildes para mantenerse y ayudar a su familia. Fue vendedor de cassetes de música en las calles de Sonora, ofreciendo los discos de otros artistas mientras soñaba con que algún día vendería los suyos propios.
También trabajó como jornalero en la pizca de tomate bajo el sol implacable de Sonora. Un trabajo agotador que pagaba poco, pero que le enseñó el valor del esfuerzo. Estos trabajos duros lo mantuvieron conectado con la gente del pueblo, con las personas trabajadoras que luchaban día a día por salir adelante. Eran esas mismas personas las que después se convertirían en sus más fieles seguidores.
Porque Valentín nunca olvidó de dónde venía. Incluso cuando alcanzó la fama, seguía siendo accesible, tomándose fotos con sus fans, firmando autógrafos, recordando que él también había sido uno de ellos. La familia se mudó varias veces durante esos años. Primero vivieron en Guadalajara, Jalisco, una ciudad grande y bulliciosa donde Valentín absorbió diferentes influencias musicales.
Escuchaba de todo, desde mariachi tradicional hasta música norteña más moderna. Todo esto enriqueció su estilo musical. Después se trasladaron a Guasabe, Sinaloa, un lugar que Valentín consideraría su segundo hogar. Ahí pasó varios años junto a su padre antes del fatal accidente y fue en Wasabe donde desarrolló su identidad como artista.
La gente de Wasabe lo adoptó como hijo y cuando murió fue en el panteón municipal de Wasabe, donde decidieron sepultarlo junto a su padre. El 24 de junio de 1998 en el pueblo de Bácamenuevo, Sonora, durante las fiestas de San Juan, Valentín Elizalde subió a un escenario por primera vez como cantante profesional.
Tenía 19 años y acababa de graduarse de la universidad. Estaba nervioso pero emocionado. Cuando empezó a cantar sintió algo que nunca había experimentado. La conexión con el público, la adrenalina de estar en el escenario, la sensación de que estaba haciendo exactamente lo que debía hacer con su vida. Esa noche recibió su primer pago como cantante.
No era mucho dinero, pero para Valentín fue el tesoro más valioso. Con ese dinero y algunos ahorros que había guardado durante años vendiendo cassetes y trabajando en el campo, tomó la decisión más importante de su vida, grabar su primer disco. Valentín comenzó cantando con diferentes bandas para ganar experiencia y hacerse un nombre.
Tocó con los hermanos Morales, donde aprendió sobre el profesionalismo en el escenario. Pasó tiempo con la banda Triguera de Ciudad Obregón, donde perfeccionó su técnica vocal. También cantó con su hermano Jesús el flaco en la banda Cosala, pensando que la sangre y el talento compartido los harían un dúo imparable. Pero la relación profesional con su hermano no funcionó.
Las tensiones familiares se mezclaron con las decisiones artísticas y ambos decidieron que era mejor seguir caminos separados. No fue un rompimiento violento, pero sí doloroso. Valentín decidió que necesitaba formar su propia agrupación, algo que fuera completamente suyo. Fue entonces cuando se unió con su primo Fausto Castro Elisalde, mejor conocido como Tano.
Tano era más que un primo, era su amigo de la infancia, alguien en quien confiaba ciegamente. Juntos formaron la banda guazabeña, la agrupación que acompañaría a Valentín en todas sus presentaciones y grabaciones hasta aquella fatídica noche en Reyosa. Tano se convirtió en su compañero inseparable.
Viajaban juntos, comían juntos, planeaban el futuro juntos. Valentín confiaba tanto en Thano, que le daba acceso a todo, sus finanzas, sus planes, sus secretos. Nunca imaginó que años después ese mismo primo sería señalado como su posible asesino. El apodo de El gallo de oro vino naturalmente, casi como si el destino lo hubiera decidido.
Su padre había sido el gallo grande o simplemente el gallo Elisalde. Así que Valentín adoptó el título de El gallo de oro como un homenaje a su progenitor. El oro simbolizaba que era la nueva generación más brillante, más valiosa, más prometedora. En una entrevista con la revista Furia en 1999, Valentín declaró con orgullo, “Mi padre era el gallo y a mí me dicen el gallo de oro.
Para mí es un honor porque es un homenaje a mi padre. Cada vez que alguien me dice gallo de oro, siento que mi papá está conmigo en el escenario. Valentín también adoptó la tradición de su padre de llevar un gallo de oro como prendedor en su pecho. Era una pieza hermosa hecha de oro macizo que brillaba bajo las luces del escenario.
Ese gallo se convirtió en su símbolo, su marca personal. Y como mencionamos antes, días antes de morir, Valentín le dijo a su hermano Francisco que si algo le pasaba, quería que Francisco se quedara con ese gallo. Francisco aún lo conserva como un tesoro invaluable, una de las pocas pertenencias personales de Valentín que sobrevivieron.
Su primer álbum, Más allá del mar, salió en 1998 bajo el sello Ana musical. El disco incluía La [ __ ] una canción que su padre había popularizado años antes. Era un guiño emocional, una manera de decirle al mundo, “Soy hijo de mi padre, pero también soy mi propia persona.” Pero fue con su segundo material discográfico.
Regresan los mafiosos en 1999, que Valentín comenzó a destacarse realmente. Este disco contenía corridos tradicionales mexicanos que evocaban situaciones de la vida social: amor, traición, valentía, muerte. Canciones como El Teniente Lucas, Destino Cruel y Juan Diego Cota se convirtieron en favoritas en Sonora y Sinaloa.
El título Regresan los mafiosos era atrevido para la época. Hacía referencia al mundo del narcotráfico, un tema que estaba ganando popularidad en los corridos. Valentín no tenía miedo de cantar sobre estos temas. Para él eran historias narrativas de un México real que existía en las sombras. En 2000 lanzó Traición Federal, un álbum que retomaba temas relacionados con el narcotráfico y sus caudillos.
Este disco le valió fama exponencial en Sonora, Chihuahua, Sinaloa, Guadalajara, Hermosillo y parte de Estados Unidos, especialmente en California. Texas y Arizona, donde había grandes comunidades mexicanas hambrientas de música que les recordara a su tierra. Valentín estaba consolidándose rápidamente como una nueva voz del regional mexicano.
Su estilo era fresco, su voz era potente, pero también emotiva y su presencia en el escenario era magnética. La gente lo amaba. En 2001, Valentín editó uno de sus discos más personales y emotivos 17 éxitos dedicados a mi padre. Este álbum era un homenaje directo a la memoria musical de don Eduardo Lalo Elizalde.
El número 17 no era casualidad, representaba los años que habían pasado desde que Valentín tenía uso de razón hasta la muerte de su padre. El álbum incluía cortes como Un sueño de tantos, esta cobardía. Clavel en primavera y corazón de piedra. Todas canciones que Lalo había cantado con éxito. Valentín las reinterpretó con su propio estilo, pero manteniendo el espíritu original.
Era su manera de mantener vivo el legado de su padre, de procesar el dolor de haberlo perdido tan joven y de conectar con los fans que habían amado alo. Cada vez que Valentín cantaba estas canciones en vivo, se emocionaba. A veces tenía que hacer una pausa para contener las lágrimas. El público lo notaba y lo amaba aún más por esa vulnerabilidad.
No era solo un cantante duro de corridos, era un hijo que extrañaba a su padre. Pero hay algo perturbador en la carrera de Valentín Elizalde, que merece atención especial. Su constante obsesión con la muerte. A lo largo de sus canciones y entrevistas, parecía estar prediciendo su propio final de una manera que resulta escalofriante en retrospectiva.
Valentín compuso y cantó temas como quiero charlar con la muerte y cuando yo me muera donde expresaba sus pensamientos filosóficos sobre la vida y la muerte. No eran canciones melancólicas, sino reflexiones profundas sobre la mortalidad, el legado y lo que queda después de que uno se va. En la canción Rodolfillo hay una estrofa que hoy resulta profética y dolorosa.
Mi madrecita querida, por favor, no estés llorando. Yo aquí me encuentro en el cielo con mi papá y con amado. Era como si Valentín supiera que su madre tendría que llorar su muerte prematura. igual que había llorado la de su esposo y en en esta Navidad le decía directamente a su hermano flaco, “No llores, flaco, no más acuérdate.
” Estas palabras resuenan con un significado terrible después de su muerte. Su hermano flaco efectivamente lo recuerda todos los días, pero el precio de ese recuerdo fue perderlo para siempre. El video musical de Vencedor, lanzado en abril de 2006, solo 7 meses antes de su muerte, es quizás el presagio más inquietante de todos.
En el video, Valentina aparece como un fantasma vestido de blanco que quiere ver a su amada una última vez antes de partir al paraíso. La narrativa del video es simple. Valentina ha muerto y su espíritu vaga por la tierra buscando despedirse. Durante la filmación de este video, la producción creó una lápida falsa con fines cinematográficos.
La lápida decía exactamente Valentín Elisal del Gallo de Oro 19796. Cuando Valentín la vio, se quedó paralizado. El color se le fue del rostro. Se sintió tan perturbado, tan inquieto, que ordenó destruir la lápida inmediatamente después de terminar el rodaje. No quería que existiera, ni siquiera como utilería.
El equipo de producción quedó sorprendido por su reacción. Algunos pensaron que estaba siendo supersticioso, otros sintieron que algo más profundo lo había asustado. Era como si al ver esa lápida con el año 2006, algo dentro de Valentín supiera que esa fecha no era tan ficticia como todos pensaban. Era como si la muerte le estuviera enviando un mensaje.
Días antes de su muerte, Valentín tuvo otra conversación profética con su hermano Francisco. Estaban hablando casualmente cuando Valentín de repente se puso serio y le dijo, “Oye, Pancho, si a mí me llega a pasar algo, quiero que te quedes con este gallo.” Se quitó el prendedor de oro de su pecho y se lo mostró a Francisco.
Francisco se rió nervioso. No digas eso, ¿vale? ¿Por qué te va a pasar algo? Pero Valentín insistió. No, en serio, si algo me pasa, este gallo es tuyo. Prométeme que lo vas a cuidar. Francisco hizo la promesa pensando que era solo una conversación extraña, sin saber que en pocos días estaría cumpliendo esa promesa mientras lloraba sobre el ataúdo.
Francisco aún conserva ese gallo de oro. Dice que nunca se lo pondría, que es demasiado doloroso, pero lo guarda en un lugar especial de su casa junto con fotografías de Valentín. Es uno de los recordatorios más tangibles de que su hermano existió. Brilló y se fue demasiado pronto. La vida amorosa de Valentín fue tan intensa, complicada y apasionada como su carrera musical.
Tuvo relaciones con varias mujeres a lo largo de su corta vida y dejó tres hijas que hoy llevan su legado de diferentes maneras. Su única esposa legítima fue Gabriela Sabac. Se conocieron cuando ambos eran muy jóvenes, básicamente adolescentes. Se enamoraron con esa intensidad que solo existe a los 18 o 19 años, cuando todo parece eterno y nada parece imposible.
Se casaron en 1999, cuando ambos tenían apenas 19 años. Valentín estaba comenzando su carrera musical y Gabriela lo apoyaba incondicionalmente. De esta unión nació Gabriela Elizalde, su primogénita. Valentín adoraba a su hija. A pesar de estar constantemente de gira y trabajando en su música, hacía el esfuerzo de pasar tiempo con ella.
Le cantaba canciones de kuna, la llevaba a los ensayos, soñaba con el día en que fuera lo suficientemente grande para entender lo que su papá hacía. Pero el matrimonio con Gabriela Sabac no estaba destinado a durar. Valentín, en la cima de su carrera y constantemente rodeado de admiradoras, comenzó a ser infiel.
No era solo una aventura, eran múltiples relaciones extramatrimoniales. Gabriela Zabac lo descubrió en 2003 y pidió el divorcio. Fue doloroso para ambos, pero especialmente para la pequeña Gabriela, quien tenía que procesar la separación de sus padres. Hoy en día, Gabriela Elizalde, la hija mayor, mantiene un perfil extremadamente discreto y alejado de las redes sociales.
Sus cuentas de Instagram están privadas y solo las personas que ella aprueba personalmente pueden ver su contenido. Solo se le ha visto en público en contadas ocasiones, como durante el homenaje que se realizó a su padre en 2017, donde cantó junto a sus hermanas Sobre la tumba de mi padre. La gente que la conoce dice que Gabriela heredó los rasgos de su padre, los mismos ojos, la misma estructura facial, pero también heredó el dolor de crecer sin él.
Fue la única de las tres hijas que realmente conoció a Valentín durante varios años. La única que tiene recuerdos conscientes de pasar tiempo con él. Ese privilegio también es su maldición, porque recuerda perfectamente lo que perdió. Durante su matrimonio con Gabriela Zabac, Valentín mantuvo una relación extramarital prolongada con Blanca Vian Durán.
De esta relación nació su segunda hija, Valeria Elisalde, el 21 de junio de 2001. El nacimiento de Valeria fue complicado emocionalmente para todos los involucrados. Gabriela Sabac se enteró de la existencia de esta otra hija y fue uno de los factores que aceleraron el divorcio. Blanca Vian Durán era una mujer hermosa que amaba profundamente a Valentín.
A pesar de que él nunca se casó con ella. Aceptó ser la otra mujer porque amarlo a medias era mejor que no tenerlo en absoluto. Criaba a Valeria con la ayuda de la familia Elisalde, especialmente de doña Camila, quien insistía en que todas sus nietas merecían amor y atención sin importar las circunstancias de su nacimiento.
Pero la vida de Valeria estaría marcada por una tragedia aún mayor que la muerte de su padre. El 16 de mayo de 2016, cuando Valeria tenía apenas 15 años, su madre blanca Vian Durán fue asesinada en un ataque armado en la carretera entre Morelia y Guadalajara. Iba manejando su vehículo cuando sicarios le cerraron el paso y abrieron fuego.
Murió instantáneamente por múltiples impactos de bala. Las circunstancias de su asesinato nunca se aclararon completamente. Muchos especulan que Blanca fue ejecutada por los setas del mismo modo que Valentín, tal vez como un mensaje [ __ ] tal vez como una manera de cerrar cabos sueltos. El Homer ya estaba en prisión para entonces, pero eso no significaba que no tuviera poder para ordenar ejecuciones.
Otras teorías sugieren que Blanca sabía algo sobre el asesinato de Valentín, algo que alguien no quería que revelara. Hay quienes dicen que estaba investigando por su cuenta la muerte del padre de su hija y se acercó demasiado a la verdad. Las autoridades abrieron una línea de investigación que quedó inconclusa, como tantas otras en México.
La muerte de Blanca, Viana y Durán quedaría para siempre sumida en el misterio, igual que la de Valentín. Desde ese momento, Valeria fue criada por la familia paterna de su padre. Doña Camila la acogió en su casa y la crió junto con el resto de la familia. Valeria creció rodeada de tíos, primos y el recuerdo constante tanto de su padre como de su madre.
Durante un tiempo, Valeria fue activa en redes sociales y en YouTube, donde compartía su vida diaria y recuerdos de su padre. Tenía un canal donde subía blogs sobre su vida, hablaba de cómo era crecer sin padres y compartía anécdotas que su abuela le contaba sobre Valentín. Pero en agosto de 2022, Valeria dejó de subir contenido abruptamente.
Desde entonces ha llevado una vida más privada y reservada. Amigos cercanos dicen que Valeria sufre de depresión severa. Perdió a su padre cuando era una bebé y luego perdió a su madre cuando era adolescente. Ese doble golpe es algo de lo que pocos se recuperan completamente. Estudia ciencias de la comunicación y está interesada en la música.
preparándose para posiblemente seguir ese sueño, pero va paso a paso, día a día tratando de sanar. La última pareja conocida de Valentín fue a su cena Rincón, con quien estuvo desde 2004 hasta los últimos días de su vida. A su cena era diferente a las otras mujeres con las que Valentina había estado. Era más madura, más centrada y parecía tener un efecto calmante en él.
Amigos cercanos dicen que Valentín estaba contemplando la posibilidad de casarse con ella y establecerse de verdad. Con Asusena tuvo a su hija menor, Valentina Elisalde, apodada cariñosamente como la pollita de oro en referencia al apodo de su padre. Valentina nació poco antes de la muerte de Valentín, por lo que apenas tuvo tiempo de conocer a su papá.
No tiene recuerdos conscientes de él, solo fotografías, videos y las historias que su madre y su abuela le cuentan. Pero de las tres hijas, Valentina es la que ha abrazado más públicamente el legado de su padre. Ha seguido los pasos de Valentín en la música y mantiene más de 200,000 seguidores en Instagram y un canal activo de YouTube donde comparte su trabajo musical, recuerdos de su padre y momentos de su vida diaria.
Valentina tiene talento, eso es innegable. Su voz tiene un timbre similar al de su padre y cuando canta canciones de Valentín, hay momentos en que es escalofriante lo parecida que suena. Ha colaborado con bandas importantes como la adictiva y está construyendo su propia carrera musical paso a paso.
Pero Valentina también carga con el peso de ser la hija de una leyenda, de tener que estar a la altura de un padre que murió siendo un icono. Cada vez que sube al escenario sabe que la gente la está comparando con Valentín. Cada vez que canta escucha a personas gritar igual que tu papá. No es fácil vivir bajo esa sombra, pero Valentina lo hace con gracia y determinación.
Las tres hermanas grabaron juntas en 2017 la canción Sobre la tumba de mi padre para un disco tributo a Valentín titulado Tributo a Valentín Elizalde. Fue un momento emocional y poderoso. Las tres hijas de diferentes madres unidas por la sangre y el amor a su padre cantando sobre su tumba. El video de esa canción se volvió viral.
Millones de personas lo vieron, lloraron y comentaron, pero detrás de las cámaras ya había tensiones. Gabriela y Valeria estaban más unidas entre sí que con Valentina. Había diferencias sobre cómo manejar el legado de su padre, sobre quién tenía el derecho de hablar en su nombre, sobre el dinero y la herencia.
Hoy en día las tres hermanas están profundamente distanciadas por conflictos familiares que se han vuelto cada vez más públicos y amargos. En junio de 2021, Valeria y Gabriela aparecieron juntas en el programa matutino Sale el Sol de Imagen Televisión para hacer un anuncio sorprendente y doloroso. Demandarían a su abuela Camila Valencia porque presuntamente no les había entregado la herencia que les correspondía de su padre.
Según su testimonio, Valentín había dejado propiedades, regalías musicales, derechos de autor y otros bienes que debían ser divididos entre sus tres hijas. Sin embargo, alegaban que doña Camila, como administradora del patrimonio no había rendido cuentas ni distribuido el dinero correspondientemente. Además, Valeria y Gabriela acusaron públicamente a su tío Francisco, hermano de Valentín, de haber vendido bienes de su padre sin autorización de las herederas legítimas.
Afirmaron que Francisco había vendido vehículos, instrumentos musicales y hasta el famoso gallo de oro original. Aunque Francisco niega esto y dice que aún lo tiene. Valeria confesó en esa entrevista que su tía Libia, hermana de Valentín, la había sacado de la casa de El Gallo de Oro después de que Valeria se negara a firmar unos documentos.
Llegué de la escuela un día y todas mis cosas estaban en la calle. Mi tía me dijo que si no firmaba lo que querían, no tenía derecho a estar en la casa de mi papá. Pero el conflicto más doloroso y público involucra a Valentina, la menor. En mayo de 2025, Valentina publicó en sus historias de Instagram un mensaje que incendió las redes sociales y causó división entre los fans de Valentín Elizalde.
Valentina escribió, “Mis hermanas se fueron con el traidor. mismo que entregó a mi papá. Las envolvió con promesas de dinero y vieron cifras en lugar de honrar la memoria de nuestro padre. Estaba hablando de Tano Elizalde. Valentina acusó a Gabriela y Valeria de haber firmado la autorización para que Tano comenzara con la realización de una serie biográfica sobre el gallo de oro.
las envolvió y les prometió dinero. Vieron los números del contrato con la productora y se olvidaron de que ese hombre es el principal sospechoso de haber vendido a mi papá, agregó en otra historia. Valentina se negó rotundamente a firmar su consentimiento para el contenido, porque según ella respeta la memoria de su padre y no quiere que Tano lucre con su muerte.
Yo nunca firmaré nada que le dé dinero al hombre que probablemente mandó matar a mi papá. Mis hermanas eligieron el dinero. Yo elijo la verdad. Este conflicto público destrozó por completo cualquier relación que quedara entre las tres hermanas. Gabriela y Valeria respondieron a través de sus abogados diciendo que Valentina estaba manipulada por ciertas personas de la familia y que la serie biográfica era una manera de preservar el legado de Valentín para las nuevas generaciones.
Pero Valentina no se retractó. Siguió publicando mensajes en sus redes cada vez más directos, cada vez más dolidos. Mi papá murió entre las balas y ahora sus propias hijas lo traicionan por dinero. ¿Cómo pueden dormir por las noches? La familia Elizalde está rota. Las tres hijas que deberían estar unidas por el amor a su padre están divididas por el dinero, el poder y la sospecha sobre quién realmente causó la muerte de Valentín.
Mientras su vida personal era un torbellino de relaciones complicadas e hijas de diferentes madres, la carrera profesional de Valentín despegaba como un cohete imparable. En 2004 lanzó Volveré a amar y destino cruel. Dos discos que consolidaron su sonido y expandieron su base de fans. En 2005 llegaron Soy así y en vivo este último un compilado de CD y DVD con lo mejor de su repertorio grabado en presentaciones en vivo.
El álbum En vivo fue especialmente exitoso porque capturaba la energía cruda de Valentín en el escenario, algo que las grabaciones de estudio a veces no lograban. Sus canciones sonaban constantemente en todas las radios del norte de México y del sur de Estados Unidos. Vete ya, como me duele, ebrio de amor, el sinalo se convirtieron en himnos que la gente cantaba en fiestas, en palenques, en sus casas.
Valentín Erizalde era oficialmente una estrella. En mayo de 2006, Valentín firmó el contrato más importante y lucrativo de su carrera. Universal Music México se convirtió en su disquera oficial. Era un sueño hecho realidad. Universal era y sigue siendo una de las disqueras más grandes del mundo. Este contrato significaba distribución internacional, presupuestos más grandes para videos, acceso a los mejores productores y estudios de grabación.
Solo dos meses después, en junio de 2006, Valentín lanzó Bajo Universal el álbum Vencedor, que incluía el sencillo y se parece tanto a ti. La canción fue un éxito instantáneo. Alcanzó el número uno en las listas de regional mexicano en solo unas semanas y se mantuvo ahí por meses. Pero había otra canción en ese disco que cambiaría su destino para siempre.
A mis enemigos. Valentín participó en el Reventón Musical, uno de los eventos más importantes de música regional mexicana del año. Compartió cartel con figuras de la talla de Intocable, Marco Antonio Solís el Buqui, Capaz de la Sierra, Patrulla 81, Los Alegres de la Sierra, Jenny Rivera, La Arrolladora Banda El Limón y Lupillo Rivera.
El evento fue un éxito masivo. Miles de personas asistieron para ver a sus artistas favoritos. Cuando Valentín subió al escenario, el público enloqueció. Ya era una figura consolidada y respetada en el género. Después del evento, varios artistas se acercaron a Valentín para hablar de posibles colaboraciones.
Lupillo Rivera le propuso grabar un dueto. Jenny Rivera le comentó que le encantaría tenerlo de invitado en uno de sus álbumes. Marco Antonio Solís le dio consejos sobre cómo manejar la fama y mantener los pies en la tierra. Valentín tenía proyectos confirmados para colaborar con varios de estos artistas en 2007. Estaba emocionado por el futuro.
Todo parecía ir perfecto. A sus años, Valentín Elizalde estaba en la cima absoluta de su carrera y solo iba hacia arriba. Su imagen personal también era inconfundible y cuidadosamente cultivada. Era guapo y varonil al estilo de Alejandro Fernández, con quien frecuentemente lo comparaban. Siempre usaba su característico sombrero de ala ancha, botas de piel de avestruz o cocodrilo, cinturón con nevilla grande y, por supuesto, ese gallo de oro que siempre portaba en el pecho.
Su voz era única, potente, pero también emotiva, capaz de transmitir dolor en una balada romántica o energía en un corrido movido. su capacidad para conectar con la audiencia a través de letras sobre amor, traición, valentía y la vida cotidiana lo convirtió en el ídolo de millones de personas en México y Estados Unidos. Las mujeres lo adoraban, los hombres lo respetaban, los niños querían ser como él cuando crecieran.
Valentín Elizalde se había convertido en todo lo que su padre fue y más. había cumplido su promesa de llevar el legado Elisal de aún más alto. Pero la fama tiene un precio, especialmente cuando tus canciones hablan del narcotráfico en un México donde el narco no es solo una historia, es una realidad violenta y mortal.
A mis enemigos fue escrita por el compositor Francisco Lira e interpretada por Valentín Elizalde en su álbum Vencedor de 2006. Según múltiples versiones que circulan hasta hoy, la canción fue presuntamente encargada por Joaquín el Chapo Guzmán, líder del cártel de Sinaloa, para que se la dedicara a sus enemigos del cártel del Golfo y Losetas.
La letra es directa, desafiante, casi arrogante en su mensaje. No esconde nada. Es una declaración de guerra disfrazada de corrido. Siguen ladrando los perros. Señal que voy avanzando, así lo dice el refrán, para aquellos que andan hablando. Esta primera estrofa usa la metáfora de los perros ladrando para referirse a los enemigos que critican o amenazan. El mensaje es claro.
Mientras más ladren, más estoy progresando. Conmigo no andan jugando para que se arriesgan la vida. Aquí la amenaza se vuelve explícita. No es un juego. Hay vidas en riesgo. Sigan chillando culebras. Las quitaré del camino y a los que en verdad me aprecian, aquí tienen a un amigo. Ya les canté este corrido a todos mis enemigos.
El término culebras es particularmente ofensivo en la cultura del narcotráfico mexicano. Las culebras son traidoras, venenosas, que se arrastran por el suelo y la promesa de quitarlas del camino no deja espacio para interpretación. La canción se volvió un himno en Sinaloa y en territorios controlados por el cártel de Sinaloa.
La gente la tarareaba en las calles, la ponían en las fiestas, la dedicaban, pero también se volvió una sentencia de muerte para quien la cantara en el territorio equivocado. El problema no era la canción en sí, que musicalmente es brillante y pegajosa. El problema era el contexto, dónde la cantabas, cuándo la cantabas y sobre todo, ¿a quién se la dedicabas? Y Valentín Elizalde estaba a punto de cometer el error más grande de su vida.
Cantar a mis enemigos en Reyosa, Tamaulipas, territorio de los setas, los enemigos jurados del Chapo Guzmán. El 24 de noviembre de 2006, Valentín Elizalde llegó al palenque de la expoferia de Reyosa, Tamaulipas. El lugar estaba completamente tapizado con rótulos gigantes que anunciaban su nombre en letras enormes y la fecha del evento.
Era imposible no saber que esa noche Valentín Elizalde estaría ahí. Los fanáticos habían llenado cada espacio disponible del palenque. Había gente de pie en los pasillos, familias completas que habían viajado desde ciudades cercanas solo para verlo. El ambiente era festivo, emocionado. Nadie sabía que esa sería la última vez que verían a el gallo de oro con vida.
Valentín llegó con su equipo alrededor de las 10 de la noche. Estaba de buen humor bromeando con Tano y con los músicos de la banda. Había descansado bien, había comido, estaba listo para dar un gran show, pero había un problema del que Valentín estaba consciente o debería haber estado consciente. Reyosa no era territorio del cártel de Sinaloa.
En aquellos años de 2006, Reyosa y toda la región del noreste de México estaba bajo el férreo control del cártel del Golfo y su brazo armado, Los Setas, liderados en esa plaza específicamente por Jaime González Durán, alias Elhammer. Los setas no eran narcotraficantes comunes, eran un grupo de exmilitares de élite del grupo aeromóvil de fuerzas especiales, GAFE, del ejército mexicano, que habían desertado para convertirse en sicarios del cártel del Golfo.
Habían recibido entrenamiento militar de los más altos estándares, tácticas de combate, manejo de armas, interrogatorio, tortura, operaciones encubiertas. Cuando estos exmilitares aplicaron ese entrenamiento al narcotráfico, crearon la organización criminal más violenta, brutal y disciplinada que México había visto hasta ese momento.
Los ZTA serán conocidos por su crueldad extrema, decapitaciones, desmembramientos, disolución de cuerpos en ácido, ejecuciones públicas. Y en 2006 los setas estaban en una guerra sangrienta a muerte contra el cártel de Sinaloa. La rivalidad entre ambos grupos era personal, visceral, violenta. No había negociación posible, era matar o morir.
Según testigos que estuvieron presentes aquella noche y que han dado su testimonio a lo largo de los años, Valentín abrió su presentación con a mis enemigos. Ya esto era provocativo, pero según múltiples fuentes, aunque no hay grabación que lo confirme al 100%. Valentín supuestamente dijo ante el micrófono frente a miles de personas y esta vapa toda la bola de envidiosos que andan hablando a mis enemigos.
Esta canción va dedicada a los setas de parte del señor Guzmán. Si estas palabras fueron realmente pronunciadas, Valentín acababa de firmar su sentencia de muerte en ese exacto instante. Estaba en territorio de los setas dedicándoles una canción de burla y amenaza de parte de su enemigo mortal. Era un suicidio profesional y literal.
Entre el público, observando atentamente desde las gradas del palenque, estaba Jaime González Durán, el Hammer, uno de los fundadores originales y líderes de alto rango de los Zas. El Hammer era un hombre peligroso, frío, calculador. Había matado a docenas, probablemente cientos de personas con sus propias manos.
Algunas versiones dicen que el Hammer mandó un mensaje a Valentín entre canciones a través de un intermediario pidiéndole, advirtiéndole que no cantara esa canción. Otras versiones afirman que simplemente se levantó de su asiento y se fue del palenque sabiendo exactamente lo que iba a pasar después. Valentín, sea por valentía malentendida, por imprudencia, por presión de complacer a sus fans que gritaban pidiendo a mis enemigos o simplemente por no dimensionar realmente el peligro en el que estaba.
Ignoró cualquier advertencia si es que la hubo. Al finalizar el concierto, después de más de dos horas de presentación donde cantó todos sus éxitos, Valentín cerró con la misma canción con la que había abierto a mis enemigos. Era como desafiar dos veces al [ __ ] en su propia casa. El palenque estalló en una ovación ensordecedora.
La gente gritaba, aplaudía. Algunos lloraban de emoción. Valentín agradeció con su característico sombrero en la mano, inclinándose ante su público. Estaba sudoroso, cansado, pero feliz, lleno de adrenalina por el concierto exitoso. Bajó del escenario, se tomó algunas fotografías con fanáticos que lo esperaban en el backstage, firmó autógrafos en servilletas, en sombreros, en camisetas.
bromeó con algunos fans, les dio la mano, les prometió que volvería pronto a Reinosa. No sabía que le quedaban menos de 3 horas de vida. No sabía que nunca más volvería a ver a su madre, a sus hijas, a sus hermanos. No sabía que esa había sido su última canción, su último aplauso, su última sonrisa. Alrededor de las 3:30 de la madrugada del 25 de noviembre de 2006, apenas unas horas después del final del concierto, Valentín salió del palenque de la expoferia.
Lo acompañaban tres personas, su representante y mejor amigo Mario Mendoza Grajeda, su primo y compañero inseparable Fausto Tano Elisalde y su chóer de confianza, Reinaldo Vallesteros. abordaron la camioneta Suburba negra modelo 2007 con placas de circulación Jotx 7630. Era un vehículo nuevo, lujoso, con asientos de piel y sistema de sonido de alta calidad.
Valentín se sentó en el asiento trasero junto a Mario. Tano subió al asiento del copiloto. Reinaldo estaba al volante. Hay una anécdota escalofriante que Tano Elizalde contó años después en entrevistas y en el documental El sobreviviente Elisalde. Esta anécdota le da un tono profético y sobrenatural a las últimas horas de Valentín.
Según Tano, horas antes del viaje a Reyosa, cuando todavía estaban en un hotel de Monterrey preparándose, Valentín y él estaban listos para salir de la habitación rumbo al vehículo. Ya tenían todo, las maletas, los instrumentos, todo estaba empacado. Estaban caminando hacia la puerta cuando Valentín se detuvo de repente.
Se volteó hacia Tano con una expresión extraña y le preguntó, “¿Tano, ¿no olvidas algo?” Tano revisó mentalmente. Tenía su cartera, su teléfono, sus identificaciones. No, primo. ¿Por qué? Respondió. Valentín no dijo nada, simplemente regresó a la habitación, entró al baño y salió sosteniendo un rosario. Se acercó a Thano, se lo puso en la mano y le dijo, “Tenga, hoy lo vas a necesitar.
” Tano se quedó confundido. Nunca había sido particularmente religioso. No entendía por qué Valentín le estaba dando un rosario. Vale, ¿estás bien?, le preguntó. Valentín solo sonríó. Palmeó el hombro de Tano y dijo, “Sí, primo, todo está bien, no más cuida ese rosario.” Tano nunca pudo explicarse como Valentín se dio cuenta de que había olvidado su rosario en el baño del hotel.
Tano ni siquiera sabía que lo había olvidado. Era como si Valentín tuviera un presentimiento, como si algo dentro de él supiera que ese día, esa noche, ese rosario sería importante, necesario, crítico. Además, hay otro detalle inquietante que un trabajador del hotel reportó. El ballet parking que había conducido la suburba negra ese día para estacionarla, comentó nerviosamente a sus compañeros que había sentido un escalofrío raro al estar dentro del vehículo.
Dijo que era como si hubiera algo en ese carro, una presencia, una sensación de muerte inminente. Sus compañeros se rieron de él, pero el ballet insistía. No es broma. Sentí como si la muerte estuviera esperando en ese carro. La suburban salió del estacionamiento del palenque a velocidad normal. No iban corriendo, no había prisa, iban hablando, probablemente comentando sobre el concierto, sobre cómo había estado el público, sobre los planes para los próximos días.
La camioneta apenas había avanzado unos 100 met desde el palenque. Ni siquiera había llegado a la salida de los terrenos de la expoferia cuando dos vehículos oscuros, probablemente camionetas tipo sub, le cerraron el paso de manera agresiva y coordinada. Era una emboscada militar perfectamente ejecutada.
De esos vehículos descendieron al menos tres hombres, probablemente más. Iban vestidos completamente de negro con pasamontañas cubriendo sus rostros. Portaban rifles de asalto de alto poder, fusiles AK47, rifles AR15 y pistolas3o. S era un arsenal de guerra. Valentín alcanzó a ver a los hombres armados bajando de los vehículos.
En ese instante supo exactamente lo que estaba pasando. No había escapatoria, no había negociación. No había súplica que funcionara. Esto era una ejecución. Según el testimonio de Tano, en esos últimos segundos, antes de que comenzara el tiroteo, Valentín lo miró directamente a los ojos. No dijo nada. No tenía que decir nada.
La mirada decía todo. Cuídate, primo. Dile a mi mamá que la amo. Cuida a mis hijas. Y entonces comenzó el infierno. Los sicarios abrieron fuego sin piedad, sin misericordia, sin pausa. Las ráfagas de metralleta destrozaron las ventanillas y el parabrisas de la camioneta suburban. El sonido era ensordecedor, cientos de disparos en cuestión de segundos.
Los casquillos de bala caían al pavimento como lluvia dorada de muerte. Las balas perforaban el metal de la camioneta como si fuera papel. Entraban por las ventanas, por las puertas, por el parabrisas. El interior del vehículo se llenó de cristales rotos, sangre y el olor acre de la pólvora quemada. Valentín Elizalde recibió múltiples impactos de bala en la cabeza y el torso.
Murió instantáneamente, sin dolor prolongado, sin agonía. La autopsia revelaría más de 20 impactos en su cuerpo. Su muerte fue inmediata. Mario Mendoza Grajeda, su representante, mejor amigo y confidente, también fue acribillado sin piedad. Murió en el acto. Reinaldo Vallesteros, el chóer que solo estaba haciendo su trabajo, que probablemente tenía familia esperándolo en casa, también fue ejecutado. No tuvo oportunidad.
La camioneta suburba negra quedó convertida en un colador de muerte. Más de 70 casquillos de bala fueron encontrados en la escena del crimen. Al menos 20 impactos directos perforaron el vehículo. Era una masacre. Pero increíblemente, milagrosamente o sospechosamente dependiendo de tu perspectiva, Fausto Tano Elisalde sobrevivió.
solo resultó herido en el antebrazo izquierdo con algunos rozones de bala y heridas superficiales. Mientras tres hombres morían a su alrededor en una lluvia de balas, Thanos salió prácticamente ileso. Los sicarios, después de vaciar sus cargadores sobre la camioneta, verificaron rápidamente que su objetivo principal estaba muerto.
Vieron a Valentín desplomado en el asiento trasero, cubierto de sangre, claramente sin vida. Su trabajo estaba hecho. Subieron a sus vehículos y huyeron en la oscuridad de la madrugada. No había prisa. Sabían que en Reyosa, en su territorio, nadie los detendría. Las autoridades locales o estaban compradas o tenían demasiado miedo para intervenir.
Algunas personas que todavía estaban saliendo del palenque presenciaron la escena. Escucharon los disparos, vieron los vehículos huir. Algunos corrieron a ayudar, otros corrieron a esconderse, temiendo que los sicarios regresaran. Para cuando llegaron las primeras patrullas de la policía municipal de Reyosa, probablemente 10 o 15 minutos después, Valentín Elizalde, el gallo de oro, el ídolo de millones, el hijo que había prometido llevar el legado de su padre aún más alto.
Ycía muerto a los 27 años en el asiento trasero de una suburban destrozada. Tenía la misma edad a la que murieron otras leyendas de la música. Cort Covin, Jimmy Hendrick, Janice Joplin, Amy Winhouse, Jim Morrison, Brian Jones. Es como si los 27 años fueran una edad [ __ ] para los artistas brillantes destinados a morir jóvenes.
Las imágenes de Valentín, muerto en la escena del crimen, se filtraron a internet, provocando la indignación de la familia y de toda la comunidad artística mexicana. Esas fotos mostraban su cuerpo desplomado, manchado de sangre, con los impactos de bala visibles. Eran imágenes horribles, traumáticas, que no deberían haber salido nunca de los archivos forenses.
Pero este es México, donde la corrupción alcanza hasta las morges. Alguien vendió esas fotos a medios de comunicación sensacionalistas. Circularon en periódicos, en programas de televisión, en internet. Esas fotos circulan hasta el día de hoy. Un recordatorio macabro y perturbador de cómo terminó la vida del gallo de oro.
Tano Elizalde fue llevado de emergencia a un hospital local en Reinosa. Sus heridas eran superficiales. Los médicos las curaron rápidamente. Físicamente estaba bien, pero psicológicamente, según sus propias palabras, algo dentro de él murió esa noche junto con su primo. Desde aquella madrugada sangrienta del 25 de noviembre de 2006, las teorías, especulaciones y acusaciones sobre quién realmente ordenó el asesinato de Valentín Eisalde y por qué exactamente lo mataron, no han dejado de circular, crecer y mutar. La
versión oficial y la más ampliamente aceptada en medios de comunicación e investigaciones es que Jaime González Durán, el Hammer, ordenó personalmente la ejecución de Valentín Elisalde porque se sintió profundamente ofendido por la letra de a mis enemigos y porque Valentín supuestamente la dedicó explícita y públicamente a los setas durante el concierto en Reinosa.
Para los setas esto no era solo una falta de respeto, era una declaración de guerra cantada en su propio territorio. Era humillación pública y en el código del narcotráfico mexicano, la humillación pública se paga con sangre. El 21 de marzo de 2008, un año y medio después del asesinato de Valentín, elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional, Sedena detuvieron en Coatintla, Veracruz a Raúl Hernández Barrón, alias el Flander Primmone.
era un exmitar que formaba parte de los setas y fue señalado como uno de los autores materiales del asesinato de Valentín Elizalde, es decir, uno de los sicarios que efectivamente jaló el gatillo esa noche. Pero el Flander Prima fue liberado tiempo después por falta de pruebas contundentes. El sistema judicial mexicano, conocido por su corrupción y su incapacidad de resolver casos de alto perfil, dejó ir a uno de los presuntos asesinos del cantante.
En julio de 2014 se reportó extraoficialmente la muerte de Raúl Hernández Barrón en un enfrentamiento con autoridades federales en algún lugar del norte de México. Nunca se confirmó oficialmente, nunca hubo un cuerpo presentado públicamente, nunca hubo un funeral, simplemente desapareció de los registros. Conveniente.
González Durán, el Hammer, el presunto autor intelectual del asesinato, fue capturado el 7 de noviembre de 2008, casi 2 años después de la muerte de Valentín en Reyosa, Tamaulipas, por elementos de la Policía Federal. En noviembre de 2008, pocos días después de su captura, las autoridades se encontraron en una bodega directamente vinculada a él, un arsenal absolutamente impresionante que demostraba el nivel de armamento y recursos que los setas tenían.
540 rifles de asalto, 165 granadas de fragmentación, medio millón de cartuchos de diferentes calibres y explosivos tipo TNT usado normalmente en operaciones militares. Era literalmente un arsenal suficiente para equipar a un batallón del ejército y era solo una de muchas bodegas que los setas tenían distribuidas por todo el noreste de México.
A pesar de todos los rumores, todas las acusaciones, todos los señalamientos sobre su participación directa en ordenar el asesinato de Valentín Erizalde, el humer nunca fue investigado formalmente ni acusado oficialmente por ese crimen específico en México. Las autoridades mexicanas lo procesaron por crimen organizado, narcotráfico, secuestro, homicidios múltiples, pero nunca por el asesinato de Valentín Elizalde.
como si ese caso fuera intocable, como si hubiera intereses poderosos manteniéndolo fuera de los tribunales. En octubre de 2022, 16 años después del asesinato de Valentín, México finalmente extradió a Jaime González Durán El Hammer a Estados Unidos para enfrentar cargos federales de narcotráfico. El 28 de febrero de 2025, casi dos décadas después de la muerte de Valentín, el Homer se declaró culpable en una corte federal de Washington DC de conspiración para fabricar y distribuir más de 5 kg de cocaína y más de una
tonelada de marihuana para su importación ilegal a Estados Unidos desde México. El 20 de junio de 2025, apenas hace unos meses, el Humer fue sentenciado a 35 años de prisión federal en Estados Unidos y a la confiscación de 792 millones de dólares. Pero nunca, ni en México ni en Estados Unidos, respondió formalmente por la muerte de Valentín Elizalde.
El caso sigue técnicamente abierto en México, pero está congelado, olvidado, archivado en algún sótano burocrático donde nunca será resuelto. Francisco El Gallo Elisalde, hermano mayor de Valentín, ha sugerido públicamente en múltiples entrevistas a lo largo de los años una teoría completamente diferente que ha generado controversia.
Según Francisco, el asesinato de Valentín pudo haber sido motivado no por la canción, sino por celos. Francisco afirma que Valentín habría sostenido una relación sentimental o sexual con la esposa o la novia de un narcotraficante extremadamente poderoso. Al descubrir la infidelidad, este narco habría ordenado la ejecución de Valentín como venganza personal.
Francisco nunca ha dado nombres específicos. probablemente por miedo a represalias, pero insiste en que hay mucho más detrás de la muerte de su hermano que simplemente una canción. Mi hermano no era tonto. Él sabía los riesgos de cantar esa canción en Reinosa. Pero había algo más, algo personal que lo puso en la mira”, ha declarado Francisco en entrevistas.
Esta teoría explicaría por qué el asesinato fue tan violento, tan personal. No solo lo mataron, lo masacraron con más de 70 disparos. Era un mensaje, un exceso de violencia que sugiere emoción personal más allá de simplemente eliminar una amenaza. Esta es quizás la teoría más dolorosa, más controversial y más divisiva entre los fans de Valentín Eisalde y dentro de su propia familia.
En 2021, 15 años después de la muerte de Valentín, su hermano Francisco el Flaco, Elisalde dio una entrevista explosiva donde declaró públicamente que su primo Tano Elizalde sabía muchísima más información de la que había revelado sobre el asesinato de Valentín. El flaco fue aún más lejos e insinuó fuertemente, sin decirlo explícitamente, que T no pudo haber tenido participación directa en entregar a Valentín.
para que fuera acribillado esa noche. Ta no sabe exactamente qué pasó. Ta no sabe quién lo hizo y por qué. Y yo creo que él tuvo algo que ver”, declaró el flaco en esa entrevista. Las sospechas y acusaciones contra Tano se basan en varios hechos extremadamente sospechosos e inquietantes que cuando se juntan pintan un cuadro muy oscuro.
Primero, el hecho más obvio. Tano fue el único sobreviviente de esa camioneta con heridas ridículamente mínimas, mientras tres hombres a su alrededor fueron masacrados. ¿Cómo es posible que en una lluvia de más de 70 disparos solo él saliera prácticamente ileso? Los defensores de Tano dicen que fue suerte, que fue milagro. Los escépticos dicen que los sicarios tenían órdenes específicas de no matarlo.
Segundo, algunos testigos que estaban saliendo del palenque esa noche afirman que vieron que la camioneta Suburba Negra de Valentín fue seguida discretamente desde el momento en que salió del estacionamiento del palenque, como si los sicarios supieran exactamente qué vehículo era, qué ruta tomaría, dónde interceptarlo. ¿Cómo lo sabían? Alguien les había dicho.
Tercero, y esto es extremadamente perturbador y controversial, años después de la muerte de Valentín, Tano Elizalde se casó con Gabriela Sabac, la única esposa legítima que Valentín tuvo en vida y madre de su hija mayor, Gabriela. Cuando este matrimonio se hizo público, causó un terremoto en la familia y entre los fans.

¿Cómo era posible que Tano se casara con la viuda de su primo asesinado? ¿No había algo profundamente perturbador en eso? Algunos lo vieron como un acto de amor genuino, de cuidar a la viuda de su primo. Otros lo vieron como algo mucho más siniestro. Cuarto, Tano ha producido múltiples documentales, series web y contenido sobre Valentín a lo largo de los años, supuestamente para mantener vivo su legado, pero también lucrando significativamente con su memoria.
Ha cobrado por entrevistas, ha vendido derechos de la historia de Valentín, ha autorizado producciones. Todo esto mientras las hijas de Valentín, las herederas legítimas, lo acusan de robarles lo que les pertenece. Valentina Elisalde, la hija menor y la más vocal, ha sido absolutamente despiadada en sus acusaciones contra Tano.
En mayo de 2025 publicó en sus redes sociales: “Tano entregó a mi papá. Todos en la familia lo saben, pero tienen miedo de decirlo. Él fue el único que sobrevivió porque estaba en el plan y ahora está lucrando con la muerte de mi padre. Es asqueroso. Cuando sus hermanas Gabriela y Valeria firmaron la autorización para que Tano realizara una serie biográfica sobre Valentín, Valentina las acusó públicamente de traicionar la memoria de su padre.