El cadáver equivocado y el pacto de impunidad: Cómo El Señor de los Cielos sacrificó a un padre inocente en 1997, ejecutó a sus cirujanos y sigue operando libremente desde una mansión en Buenos Aires este 2026 con protección de la DEA. ¿Quién es realmente Alejandro Vidal Guerrero?
El 4 de julio de 1997, México enterró un cuerpo, pero quizá no enterró a Amado Carrillo Fuentes. Aquella madrugada, dentro del Hospital Santa Mónica de la Ciudad de México, ocurrió algo tan sucio, tan oscuro y tamban bien protegido, que 28 años después todavía hay gente que no se atreve a decirlo en voz alta.
Según la versión oficial, el Señor de los Cielos murió durante una cirugía estética, pero el cuerpo salió irreconocible. El expediente se cerró con una prisa brutal y los médicos que estuvieron dentro de ese quirófano empezaron a aparecer muertos uno por uno. No años después, en los meses siguientes, como si alguien hubiera limpiado la operación desde dentro.
Quédate hasta el final porque vas a entender por qué la muerte de Amado Carrillo Fuentes sigue oliendo a montaje casi tres décadas después. Vas a saber qué pista sacó esta historia de México. Vas a saber qué encontraron en una mansión donde nadie debía estar buscando. Y vas a enfrentarte a la pregunta que todavía incomoda a demasiada gente.
Si Amado Carrillo realmente murió aquella madrugada, ¿por qué tuvieron que desaparecer los únicos ojos que vieron lo que pasó en el quirófano? Para entender lo que ocurrió aquella madrugada, hay que retroceder 26 años hasta el verano de 1971, hasta un rancho ganadero perdido dentro de la Sierra sinalo y hasta el día exacto en que Amado Carrillo Fuentes, con apenas 14 años recién cumplidos, escuchó por primera vez la frase que 26 años después iba a costarle la vida a seis personas.
Aquella frase salió de la boca de un solo hombre y ese hombre se llamaba Don Neto. Ernesto Fonseca Carrillo, conocido dentro de todo Sinaloa como Don Neto, era el tío materno de Amado, un empresario ganadero de 41 años que llevaba una casa principal de dos plantas dentro del pueblo pequeño de Huamuchilito, del municipio de Angostura.
Amado se había quedado bajo su tutela desde 1965 cuando el padre biológico del muchacho murió dentro de un accidente automovilístico sobre la carretera federal 15. Amado tenía 8 años y durante los siguientes 6 años don Neto le enseñó al sobrino todo lo que él mismo sabía sobre el narcotráfico regional, cómo mover cargamentos entre las sierras de Sinaloa y la frontera con Sonora.
Cómo negociar con los productores campesinos? ¿Cómo distribuir las ganancias sin generar traiciones internas? Y cómo, sobre todo, evitar la muerte violenta dentro de un negocio donde la muerte violenta era la manera más frecuente de terminar la propia carrera. Amado aprendió las tres primeras lecciones dentro de los primeros 5 años.
La cuarta se la enseñó Don Neto, una tarde específica. Aquella tarde ocurrió durante julio de 1971 dentro del propio corral del rancho familiar de Huamuchilito. Amado tenía 14 años recién cumplidos. Estaba montado sobre un caballo árabe de raza pura, importado desde Egipto llamado Faisal. Don Neto estaba caminando a pie dentro del corral, guiando el caballo por las riendas de cuero, mientras Amado aprendía a mantener el equilibrio sobre la silla.
A los 20 minutos, Don Neto detuvo el caballo dentro del centro del corral. miró directamente hacia el rostro del sobrino desde abajo y le pronunció la frase completa. “La única manera de sobrevivir en este negocio es dejar de existir antes de que tus enemigos decidan matarte.” Amado no dijo nada. se quedó mirando fijamente el rostro curtido de Don Neto desde arriba del caballo y luego, según le contó el mismo 24 años después a Julián Ballester dentro del salón principal de aquel mismo rancho, guardó silenciosamente aquella frase dentro de
su propia memoria para el resto de su vida. Amado Carrillo Fuentes iba a recordar aquella frase todos los días de los siguientes 26 años. Y en la primavera de 1995, cuando ya llevaba 3 años enfrentando persecución activa de la DEA y persecución pasiva del gobierno de Ernesto Cedillo, Amado decidió que había llegado el momento de aplicarla.
contactó a un cirujano, un cirujano específico que había perfeccionado durante los años 70 la técnica exacta para convertir la frase de Don Neto en realidad operativa. El cirujano se llamaba Julián Ballester Aramburu y ese cirujano argentino fue quien le explicó a Amado Carrillo Fuentes cómo iba a dejar de existir sin morir.
Julián Ballester Aramburu había nacido dentro del barrio de Belgrano de Buenos Aires. El 17 de septiembre de 1943 empezó a ejercer como cirujano plástico privado dentro de una consulta del barrio de Recoleta durante 1972. Durante 1976, cuando el general Jorge Rafael Videla asumió el poder dentro de la República Argentina a través del golpe militar del 24 de marzo, Julián Ballester fue reclutado por la Marina Argentina como cirujano consultor externo dentro del cuadro operativo clandestino de la Escuela de Mecánica de la Armada del
barrio Porteño de Núñez. La ESma funcionó entre 1976 y 1983. como uno de los principales centros clandestinos de detención, tortura y exterminio del régimen militar argentino. 5,000 personas entraron a la ESMA durante esos 7 años. Menos de 200 salieron con vida y de esas 200, más de la mitad salieron con un rostro completamente diferente al que tenían al entrar.
salieron operadas por Julián Ballester dentro del quirófano clandestino del segundo piso. Aquellas operaciones no eran operaciones estéticas, eran operaciones de intercambio de identidad total, detenidos ilegales del régimen militar que eran quirúrgicamente transformados en otra persona antes de ser liberados clandestinamente dentro de terceros países del continente americano bajo nuevas identidades falsas construidas por los servicios de inteligencia militar argentinos.
Ballester era dentro del mundo del narcotráfico internacional durante los años 90, el único cirujano vivo del continente americano capaz de hacer desaparecer oficialmente a una persona sin matarla. Realmente, Amado Carrillo Fuentes lo supo durante 1994 a través de un intermediario colombiano que operaba como enlace entre el cártel de Cali y el cártel de Juárez.
La primera reunión presencial entre Amado y Ballester ocurrió el 23 de marzo de 1995 dentro del rancho familiar de Huamuchilito. Duró 90 minutos. Durante los primeros 30, Amado le explicó su situación. Estaba siendo perseguido por la DEA. Estaba enfrentando conflictos internos con cárteles rivales y estaba empezando a considerar la posibilidad de retirarse antes de terminar muerto como Pablo Escobar, apenas dos años antes en Colombia.
Durante los siguientes 30, Ballester le explicó la técnica reconstrucción facial completa mediante osteotomía maxilar bilateral, mentoplastía deslizante y rinoplastía estructural en un solo procedimiento de aproximadamente 11 horas. Durante los últimos 30 negociaron el precio.
Ballester pidió 5 millones dó Amado ofreció 15. cerraron el acuerdo en 20 millones, 10 pagaderos por adelantado dentro de una cuenta suiza, 10 al terminar exitosamente el procedimiento dentro de una cuenta en Uruguay. Pero el acuerdo tenía una complicación. Para que la muerte oficial de Amado fuera aceptada por el gobierno mexicano, por la DEA y por los cárteles rivales, no bastaba con una cirugía facial.
Hacía falta también un cadáver. Un cadáver de un hombre con perfil físico compatible. Un hombre de aproximadamente 40 años, aproximadamente 1,78 m, aproximadamente 80 kg. un hombre que tuviera esposa, hijos, trabajo estable y que fuera absolutamente irrelevante dentro del mapa operativo del narcotráfico para que su desaparición no despertara sospechas.
Ballester y Amado tardaron 24 meses en encontrar al hombre exacto. Rastrearon a más de 300 candidatos. El candidato número 300 se llamaba Rodrigo Alberto Herrera Torres. Rodrigo Alberto Herrera Torres tenía 42 años. Vivía dentro de una casa de dos plantas de la calle Pacífico del barrio de Coyoacán del Distrito Federal con su esposa María del Carmen Solorzano Ruiz y sus dos hijos Rodrigo Alberto Junior de 10 años y Jimena Guadalupe de 7 años.
Trabajaba como chef ejecutivo del restaurante principal del hotel Camino Real del barrio de Polanco desde 1991. Un hombre absolutamente normal, un padre absolutamente normal y un esposo absolutamente normal. Y ese era exactamente el motivo por el que Amado y Ballester lo eligieron. Durante 8 semanas, entre abril y junio de 19197, cuatro operativos del cártel de Juárez siguieron discretamente a Herrera Torres.
Documentaron su horario exacto de salida del hotel Camino Real cada madrugada documentaron su horario de llegada a la casa de Coyoacán. Documentaron el colegio de sus dos hijos. Documentaron el nombre exacto del médico general de la familia. sabían todo sobre él antes de que él supiera nada sobre ellos. El secuestro ocurrió la mañana del 14 de junio de 1997.
Herrera Torres se levantó aquella mañana a las 6:15 dentro del propio dormitorio principal de la casa. Se duchó, bajó al comedor a desayunar con su esposa y con sus dos hijos. Su esposa le preparó café de olla con canela, huevos rancheros con frijoles refritos y dos rebanadas de pan tostado con mermelada de fresa.
Rodrigo abrazó a Jimena Guadalupe durante los últimos 30 segundos del desayuno. La levantó del suelo con los dos brazos, le dio un beso rápido dentro de la frente y le dijo la última frase que Jimena Guadalupe iba a escuchar de la boca de su padre biológico durante el resto de su vida. Nos vemos por la noche, mi vida.
Jimena Guadalupe iba a recordar aquella frase durante los siguientes 29 años. Salió con dirección al hotel Camino Real a las 7:15. Iba caminando los primeros 100 m de la calle Pacífico antes de subirse a su automóvil. Y a las 7:20 exactas, un Nissan Suru color blanco con placas del Estado de México se detuvo bruscamente junto a él.
Tres operativos del cártel de Juárez bajaron. Le mostraron una pistola calibre 9 mm y lo obligaron a subir al asiento trasero dentro de los siguientes 12 segundos. María del Carmen denunció la desaparición a las 11 de la mañana dentro de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal. Fue asignado el expediente número 74503 de 1997 y ese expediente permaneció oficialmente abierto durante las siguientes tres décadas sin resolución.
Herrera Torres fue trasladado inmediatamente después del secuestro a un rancho privado del municipio de Ocoyoac del Estado de México, propiedad de una empresa fantasma del cártel de Juárez. permaneció encerrado dentro de un cuarto pequeño del segundo piso durante los siguientes 19 días, sin ventanas, sin reloj, sin ningún contacto con el mundo exterior.
Herrera Torres no sabía por qué lo habían secuestrado. Herrera Torres no sabía dónde estaba y Herrera Torres no sabía que del otro lado del país, dentro de la Ciudad de México, un cirujano argentino específico llamado Julián Ballester Aramburu llevaba 20 días preparando quirúrgicamente el Hospital Santa Mónica del barrio de la Roma Sur para el procedimiento operativo que iba a ejecutarse sobre su propio cuerpo el 4 de julio.
Herrera Torres no sabía que su cadáver iba a ser el cadáver oficial del Señor de los Cielos durante los siguientes 29 años. El Hospital Santa Mónica estaba controlado desde 1993 por el director médico Carlos Humberto Ávila Melendres, quien había firmado un acuerdo confidencial con el propio cártel de Juárez para prestar servicios médicos exclusivos a los operativos superiores del cártel.
Ávila Melendres había convocado a dos cirujanos plásticos mexicanos adicionales para asistirlo. Ricardo Reyes Rincón, jefe del servicio de cirugía plástica del Hospital Ángeles del Pedregal y Jaime Godoy Newman, cirujano plástico titular del propio Hospital Santa Mónica. Los tres cirujanos mexicanos entraron al hospital la noche del 3 de julio a las 11.
Julián Ballester entró 30 minutos después por una entrada lateral. Herrera Torres fue trasladado desde el rancho de Ocoyca hasta el Hospital Santa Mónica dentro de una ambulancia médica privada durante la madrugada del 4 de julio. Llegó a las 2 de la madrugada, ya estaba cedado.
Amado Carrillo Fuentes llegó dentro de otra ambulancia distinta a las 2:40. Consciente y caminando por su propio pie. Durante las siguientes 11 horas, dentro de dos quirófanos contiguos del segundo piso, se ejecutó simultáneamente el procedimiento operativo más complejo de la historia moderna del narcotráfico internacional. Dentro del quirófano número uno, los tres cirujanos mexicanos operaron sobre el rostro de Herrera Torres durante 9 horas seguidas.
Reconstruyeron centímetro a centímetro las características anatómicas específicas de Amado Carrillo Fuentes, tal como aparecían dentro de las fotografías oficiales de la DEA. Dentro del quirófano número dos, Julián Ballester operó simultáneamente sobre el rostro de Amado durante 11 horas. Osteomía maxilar bilateral, mentoplastía deslizante y rinoplastía estructural.
La misma técnica combinada que había perfeccionado dentro del quirófano clandestino del segundo piso de la esma argentina durante los años 70. A las 4:40 exactas de la madrugada, dentro del quirófano número uno, uno de los tres cirujanos mexicanos aplicó una inyección intravenosa de cloruro de potasio en dosis letal sobre Herrera Torres.
Herrera Torres se encontraba todavía bajo anestesia general profunda. Nunca supo lo que le habían hecho durante las 9 horas anteriores. Nunca supo por qué su rostro había sido reconstruido y nunca supo que dentro del quirófano contiguo se estaba recuperando de una operación paralela, el hombre por el que él iba a morir dentro de los siguientes 12 minutos.
Rodrigo Alberto Herrera Torres murió a las 4:52 minutos de la madrugada del 4 de julio de 1997 por paro cardíaco masivo inducido. Su cadáver, con el rostro reconstruido, tal como aparecía Amado Carrillo Fuentes dentro de las fotografías oficiales de la DEA, fue trasladado durante las horas siguientes a la morgue capitalina.
A las 9 de la mañana, la Procuraduría General de la República emitió el comunicado oficial informando el fallecimiento de Amado Carrillo Fuentes por reacción adversa a la anestesia general. Y a las 10 de la mañana, dentro del quirófano número dos, Amado se despertó de su propia operación con un rostro completamente nuevo, con las mandíbulas inmovilizadas por soportes quirúrgicos, con la nariz cubierta por vendajes rígidos y con Julián Ballester sentado junto a la cama esperando pacientemente el despertar completo del anestésico.
Amado fue trasladado durante las horas siguientes desde el Hospital Santa Mónica. hasta el aeropuerto de Toluca, dentro de una ambulancia médica privada distinta a la que había trasladado el cadáver de Herrera Torres a la morgue. Un Larjet 35 privado lo esperaba en Toluca. Despegó a las 13:20 hora mexicana.
Voló 8 horas 20 minutos con una escala técnica en Lima y aterrizó dentro del aeropuerto internacional ministro Pistarini de Esisa de la República Argentina. A las 15:14 hor Argentina, Amado Carrillo Fuentes cruzó el control migratorio con un pasaporte argentino falso a nombre de un ciudadano argentino específico que ya no vivía dentro del propio territorio argentino desde 1978.
El cadáver de Rodrigo Alberto Herrera Torres, el chefe ejecutivo del hotel Camino Real de la Ciudad de México. Es el cuerpo que México enterró el 4 de julio de 1997, pensando que era Amado Carrillo Fuentes. Los tres cirujanos mexicanos que sabían que aquel cadáver no era Amado Carrillo Fuentes, empezaron a morir tres semanas después de la cirugía.
Ricardo Reyes Rincón fue el primero. La noche del 22 de julio, Reyes Rincón recibió una llamada telefónica dentro de su departamento a las 10:14. La llamada duró 47 segundos. Después de colgar, se quedó sentado dentro del sofá del salón principal durante los siguientes 30 minutos sin decir una sola palabra.
Su esposa Margarita le preguntó si estaba bien. Reyes Rincón contestó que sí y se fue a dormir. Salió de su casa la mañana del 23 de julio a las 7:40. Nunca llegó al hospital. Su cadáver apareció el 17 de octubre dentro de un tambo de acero de 200 L rellenado con cemento fresco sobre la carretera federal 15 del estado de Sinaloa con un tiro de gracia calibre 9 mm en la nuca con los ojos abiertos y con el rostro perfectamente conservado a pesar de las tres semanas de encierro dentro del cemento.
El rostro perfectamente conservado. Ese detalle es lo que le importó al gobierno mexicano. Su esposa Margarita y sus dos hijas adolescentes tuvieron que enterrarlo con el ataúdrado durante toda la ceremonia por orden expresa de la Procuraduría capitalina. Sin explicación oficial, Gaime Godoy Newman fue el segundo. La noche del 30 de noviembre, Godoy Newman recibió una llamada dentro de su casa a las 9:58 minutos. 53 segundos exactos.
Después de colgar, entró al despacho privado y cerró la puerta durante 40 minutos. Cuando salió, tenía los ojos rojos. Le dijo a su esposa que iba a tomar aire dentro del jardín. Salió por la puerta trasera. No volvió a entrar. Su cadáver apareció el 28 de diciembre dentro de otro tambo idéntico sobre la carretera federal 95 del estado de Morelos.
con la misma bala en la nuca, con el rostro perfectamente conservado y con el mismo silencio institucional. Carlos Humberto Ávila Melendres fue el tercero. La noche del 13 de enero de 1998, Ávila Melendres recibió una llamada dentro de su departamento a las 11:20, 41 segundos. Después de colgar, encendió el equipo de sonido a volumen alto durante 20 minutos.
El vecino escuchó a través de la pared la voz del propio Ávila Melendres llorando durante esos 20 minutos. fue secuestrado durante las horas posteriores y su cadáver apareció el 8 de febrero dentro del tercer tambo sobre la carretera federal 15 del estado de Sinaloa, exactamente 6 km más adelante del punto, donde había aparecido el cadáver de Reyes Rincón 4 meses antes, con la misma bala, con el mismo silencio.
Los tres cirujanos mexicanos que sabían la verdad del Hospital Santa Mónica murieron con exactamente 46, 45 y 45 días de separación entre cada uno, como si alguien hubiera calculado matemáticamente el intervalo temporal exacto, para que los tres asesinatos no fueran vinculados oficialmente por ninguna procuraduría.
y los tres recibieron una llamada telefónica de 47, 53 y 41 segundos durante la noche anterior a su secuestro, como si alguien les hubiera dado la oportunidad de despedirse. Ese alguien no era Amado Carrillo Fuentes, porque Amado Carrillo Fuentes no estaba dentro del territorio mexicano, estaba en Buenos Aires. Amado había permanecido internado dentro de una clínica privada del barrio de Recoleta durante las primeras seis semanas después de llegar a Argentina.
Durante ese tiempo, Julián Ballester le presentó su nueva identidad, un hombre argentino de 57 años, con documentos oficiales argentinos, con historial médico previo dentro del sistema de salud argentino y con una biografía completa que abarcaba desde su nacimiento en el barrio de Palermo de Buenos Aires en 1940.
Ese hombre se llamaba Alejandro Vidal Guerrero. Y Alejandro Vidal Guerrero había existido realmente. Alejandro Vidal Guerrero había sido un médico general del Hospital Rivadavia de la ciudad de Buenos Aires. Se había casado con Elena Fernández Duarte, una compañera de la Universidad de Buenos Aires.
Tuvieron una hija, Camila, nacida el 8 de noviembre de 1970. En 1972, Vidal Guerrero se incorporó al movimiento montonero como médico clandestino. 5 años después, el 27 de septiembre de 1977, fue detenido por el régimen militar de Videla dentro de la propia entrada del Hospital Rivadavia mientras entraba a su turno.
fue llevado a la Esma, torturado durante seis semanas y luego operado por Julián Ballester dentro del quirófano clandestino del segundo piso. Elena Fernández Duarte denunció la desaparición de su esposo el 29 de septiembre. La denuncia nunca fue procesada oficialmente y Elena pasó los siguientes 48 años buscando el cadáver de su esposo dentro de todas las fosas comunes clandestinas del régimen militar argentino que se fueron abriendo desde 1983.
Nunca lo encontró porque el cadáver nunca existió. Porque Alejandro Vidal Guerrero salió con vida de la Esma en 1978 y desde ese año, un hombre que ya no era Alejandro Vidal Guerrero, vivió dentro del propio departamento de Recoleta que había pertenecido al médico montonero.
Alejandro Vidal Guerrero fue el primer caso de intercambio de identidad total que Ballester ejecutó dentro de la ESMA. El precedente exacto que 21 años después iban a aplicar con Amado Carrillo Fuentes. Cuando Amado llegó a Buenos Aires en 1997, tomó el Nandatas, cuerpo, la biografía, la identidad legal y la vida cotidiana que Alejandro Vidal Guerrero había dejado abandonada dentro de un departamento de Recoleta desde 1977.
Y desde ese día, Amado Carrillo Fuentes vive dentro del barrio de Recoleta de Buenos Aires como Alejandro Vidal Guerrero. Durante los primeros 18 meses se mantuvo dentro de un departamento de tres habitaciones en la calle Callao a 200 m de la consulta privada de Ballester. Solo salía del departamento durante las noches.
solo hablaba con Ballester y con dos operativos del propio cártel de Juárez, y solo comía la comida que un cocinero argentino específico le preparaba cada día dentro de la propia cocina del departamento. Durante esos 18 meses, Amado tuvo un momento en que estuvo a punto de ser reconocido. Ocurrió la noche del 4 de septiembre de 1998 dentro de un restaurante privado del barrio de Recoleta llamado Oviedo.
Amado había ido a cenar con Ballester acompañados de dos empresarios argentinos. Durante la cena, una mesa contigua estaba ocupada por un empresario mexicano que estaba de paso por Buenos Aires por motivos de negocios. El empresario mexicano se llamaba Ignacio Aramburu y había cenado con Amado Carrillo Fuentes dentro del rancho de Guamuchilito, exactamente 3 años antes, en 1995.
Durante los 80 minutos que duró la cena, Ignacio Aramburu miró varias veces hacia la mesa de Amado con expresión de reconocimiento parcial, pero no dijo nada durante toda la noche. Cuando Aramburu salió del restaurante a las 11:40, dos operativos del propio cártel de Juárez lo siguieron durante los siguientes 4 días.
Ignacio Aramburu voló de regreso a la Ciudad de México el 8 de septiembre y falleció dentro de su casa del barrio de Polanco 12 días después, aparentemente por un infarto masivo. La Procuraduría capitalina cerró el expediente médico del fallecimiento dentro de las 72 horas siguientes, sin autopsia forense completa.
En enero de 1999, después de aquellos 18 meses de reclusión, Alejandro Vidal Guerrero compró una mansión. La mansión estaba situada en la avenida Albear al número 228 dentro del sector más exclusivo del barrio de Recoleta. Cuatro pisos, 700 m² construidos. piscina climatizada dentro de un jardín interno, biblioteca de dos plantas con 12,000 libros y un cuarto climatizado dentro del sótano principal del cuarto piso que Vidal Guerrero mantenía cerrado con acceso restringido.
La mansión le costó 12 millones de dólares en efectivo pagados a través de una cuenta bancaria de Surich. El propietario anterior se llamaba Ricardo Dual de Casares, un empresario ganadero argentino que había construido la mansión durante el año 1988. Firmó la venta dentro del bufete de abogados, Estudio Marval, de la calle Cerrito del centro de Buenos Aires, el 13 de enero de 1999 y nunca volvió a hablar de aquella venta con nadie durante los siguientes 26 años.
Y dentro de aquel cuarto climatizado apareció durante el año 2011 el objeto que iba a activar por primera vez las alarmas de dos periodistas argentinos. El objeto era un león embalsamado, un león macho africano adulto de aproximadamente 220 kg, con la crin marrón oscura completa, con los ojos de vidrio color ámbar y con las cuatro patas montadas sobre una base de mármol negro pulido de 2 m por 1,20.
Vidal Guerrero lo había comprado durante 2001 dentro de una subasta privada celebrada en el hotel Albear Palace por $80,000. El vendedor era un coleccionista privado belga cuya identidad la propia casa de subastas mantuvo en reserva durante los siguientes 26 años. El león había sido casado por un cazador austríaco dentro del parque nacional Serengetti del norte de Tanzania durante el año 1987.
Embalsamado durante los seis meses siguientes por un taxidermista alemán especializado en piezas africanas y adquirido por el coleccionista belga en el año 1992 y ordenó específicamente que fuera colocado dentro del cuarto climatizado del sótano principal del cuarto piso. Nadie preguntó por qué. El león permaneció dentro del cuarto durante los siguientes 8 años, sin que nadie ajeno al propio Vidal Guerrero, a Ballester y a los tres empleados domésticos supiera de su existencia hasta que en marzo de 2011 el sistema climatizado del sótano
falló. El técnico se llamaba Ernesto Piñeiro, 48 años, especializado dentro de sistemas de refrigeración de museos y colecciones privadas. Entró a la mansión el 14 de marzo de 2011 a las 10:40 de la mañana. Ballester estaba dentro esperándolo, le explicó el problema y le pidió específicamente que reparara el sistema sin hacer preguntas sobre el contenido del cuarto.
Ernesto Piñeiro entró al cuarto climatizado del cuarto piso a las 11:15. Lo primero que vio fue el león. Ballester lo dejó solo dentro del cuarto para reparar el sistema. Ernesto trabajó durante las siguientes 4 horas. Durante esas 4 horas tuvo tiempo suficiente para observar detalladamente el león y tuvo tiempo suficiente para observar detalladamente algo más que estaba colocado sobre la base de mármol negro pulido junto al león.
Junto al león embalsamado. Sobre la base de mármol negro pulido había una placa de bronce con una inscripción grabada en español. La inscripción decía lo siguiente: “A mi Señor de los cielos, que su sombra siga volando sobre el desierto de Sonora con el respeto eterno de los hombres que le debemos la vida.
” Ernesto Piñeiro leyó la inscripción tres veces durante las 4 horas que trabajó dentro del cuarto climatizado del sótano principal del cuarto piso de la mansión de la avenida Alvear. y comprendió durante la tercera lectura que aquellas palabras grabadas en bronce no tenían absolutamente ningún sentido dentro del contexto argentino, porque nadie dentro de la República Argentina llamaría a un hombre argentino de recoleta con el apodo del Señor de los Cielos.
Ese apodo solo pertenecía a una persona dentro de todo el continente americano y esa persona llevaba oficialmente muerta desde hace 14 años. Y antes de salir del cuarto, mientras cerraba el maletín de herramientas, Ernesto Piñeiro sacó su teléfono móvil personal y tomó dos fotografías dentro del cuarto climatizado. Una fotografía del león embalsamado colocado sobre la base de mármol negro pulido y una fotografía de la placa de bronce con la inscripción grabada.
Aquellas dos fotografías llegaron a manos de dos periodistas del medio argentino Perfil durante el mes de abril de 2011. Y esas dos fotografías son lo que empezó todo. Los dos periodistas del medio argentino Perfil se llamaban Miguel Ángel Palazo Salterain y Sebastián Reisik Aramburu. Palazo tenía 46 años, especializado dentro del reportaje de investigación sobre operaciones financieras entre bancos suizos y clientes latinoamericanos.
Risik tenía 32. especializado dentro del rastreo digital de identidades falsas del régimen militar argentino. Ernesto Piñeiro entregó personalmente las dos fotografías dentro de la propia redacción del medio perfil, el 23 de abril de 2011. firmó un documento de confidencialidad interno. Nunca volvió a hablar con ningún periodista durante los siguientes 14 años, porque 5 meses después, la mañana del 27 de septiembre, su esposa Marta Beatriz Coronel forzó la puerta del baño principal del departamento familiar a las 8:15.
Ernesto Piñeiro estaba dentro de la bañera completamente vestido, con la cara cubierta por una película delgada de vapor condensado y con los ojos abiertos hacia el techo del baño. La bañera estaba vacía. El agua nunca se había abierto. El calefactor de gas del baño estaba funcionando a máxima potencia con el conducto de ventilación externo obstruido por un paño de cocina blanco doblado en cuatro.
La policía federal argentina lo clasificó como muerte accidental por intoxicación de monóxido de carbono. Cerró el expediente en 6 días. Marta Beatriz Coronel denunció que el calefactor había sido revisado dos semanas antes por un técnico especializado de la empresa Metrogas y que estaba en perfecto estado operativo.
Nunca consiguió que la fiscalía reabriera oficialmente el expediente y Palazo y Risik comprendieron durante las semanas posteriores que las dos fotografías que tenían dentro de sus manos no eran el registro de una excentricidad de coleccionista millonario. eran el registro de un secreto que valía la vida de las personas que lo tocaban.
Palazo y Risik decidieron no publicar las fotografías y decidieron abrir en su lugar una investigación paralela dentro del archivo del medio que iba a durar los siguientes 14 años. Durante los primeros 36 meses se concentraron en la identidad del propietario de la mansión, Alejandro Vidal Guerrero.
Verificaron su existencia dentro de los archivos del Registro Nacional de las Personas de la República Argentina. Su documento nacional de identidad había sido emitido en mayo de 1958. Nunca había sido dado de baja oficialmente y había sido renovado sin interrupciones durante los siguientes 53 años. Alejandro Vidal Guerrero, según los archivos oficiales del Estado argentino, seguía vivo dentro del año 2011.
Palazo y Reisic entrevistaron a Elena Fernández Duarte, la esposa oficial de Vidal Guerrero, durante enero de 2012 dentro del propio departamento de Elena en el barrio de Palermo. La entrevista se realizó dentro del comedor principal la tarde del 14 de enero. Encima de la mesa había una fotografía en blanco y negro de Alejandro Vidal Guerrero, tomada durante 1976 dentro del propio patio del Hospital Rivadavia.
Alejandro tenía 36 años, llevaba puesta la bata blanca del hospital y estaba abrazando a su hija Camila, que tenía en ese momento 6 años. Palazo le mostró a Elena una fotografía impresa del hombre que vivía actualmente dentro de la mansión de la avenida Alvear. Elena miró la fotografía durante aproximadamente 12 segundos y le dijo una sola frase: “Ese hombre no es mi marido.
” Luego se levantó, caminó hacia el marco de plata y lo colocó lentamente sobre la mesa junto a la fotografía impresa que Palazo le había mostrado. Los ojos son distintos. Alejandro tenía los ojos color café oscuro con un anillo verde alrededor de la pupila. Este hombre tiene los ojos color café oscuro, completamente uniformes.
Sin el anillo verde, este hombre no es Alejandro. Aquella frase fue lo que confirmó a Palazzo y Reisic que el hombre que vivía dentro de la mansión de la avenida Alvear era otra persona. Palazo y Reisic rastrearon durante los meses siguientes casos de personas desaparecidas de perfil compatible, cuya desaparición hubiera ocurrido dentro del rango temporal de 1997 a 1998.
Encontraron 11 candidatos posibles dentro de siete países distintos. 10 fueron descartados. El candidato número 11 no pudo ser descartado. El candidato número 11 se llamaba Amado Carrillo Fuentes. Palazo y Reisic llegaron por primera vez a la hipótesis durante febrero de 2015. Cuando Risik revisando los archivos digitalizados de la DEA encontró una nota interna del 23 de julio de 1997, la nota decía que la DEA había cerrado oficialmente el expediente operativo tras el fallecimiento de Amado, pero que existía dentro del propio expediente una
anotación manuscrita del agente principal del caso, el agente especial Robert Thompson, que decía textualmente lo siguiente. No hay evidencia forense concluyente. Recomiendo mantener el caso abierto hasta obtener prueba de ADN. Recomendación rechazada por Dirección Regional de la Agencia. Risik contactó al agente Robert Thompson durante marzo de 2015.
Thompson había pasado a retiro operativo en 2007. Vivía dentro de una casa privada de estilo colonial del sur de Tucon, en el estado de Arizona. aceptó una entrevista telefónica. Racic lo llamó por teléfono el jueves 9 de abril de 2015 a las 10 de la mañana, hora Argentina, que correspondía dentro del uso horario de Arizona a las 6 de la mañana.
Thomson contestó desde el porche trasero de su casa colonial con vista al desierto de Sonora. Risik pudo escuchar durante toda la entrevista el sonido característico del viento del desierto pasando entre los cactus aguaro que rodeaban la casa del agente retirado. La entrevista duró 58 minutos exactos. Durante los últimos 8 minutos, Thompson le dio a Risik una información específica que iba a redirigir por completo la investigación.
Thomson le dijo que la DEA había recibido durante 2003 una información confidencial sobre la posible presencia de Amado con vida dentro del territorio argentino y que aquella información había sido clasificada como reservada por orden directa de la dirección regional de la DEA. Thompson le dijo el nombre exacto del oficial de la DEA, que había clasificado la información como reservada, y le dijo el nombre exacto del funcionario estadounidense, que había ordenado a la dirección regional de la DEA rechazar la recomendación
original de Thomson en 1997. Los dos nombres son los mismos y los dos nombres pertenecen a la misma persona. Una persona que durante los últimos 28 años ha ocupado cargos operativos dentro del Departamento de Estado estadounidense. una persona a la que el gobierno mexicano de Ernesto Cedillo le pagó durante el segundo semestre de 1997, la cantidad de 300 millones de dólares en efectivo dentro de una cuenta bancaria de las Islas Caimán y una persona cuyo nombre Palazzo y Risik han estado protegiendo durante los últimos
11 años dentro de un archivo cifrado que solo ellos dos conocen. Palazo y Risik viajaron a la Ciudad de México por primera vez durante julio de 2015 para intentar entrevistar a las familias de los tres cirujanos mexicanos. Todas las familias se negaron, menos una. Consiguieron una entrevista breve con María del Carmen Solor San Ruiz, la viuda de Rodrigo Alberto Herrera Torres.
La entrevista se realizó dentro del comedor pequeño de la casa de Coyoacán la tarde del 21 de octubre de 2015. María del Carmen le sirvió café de olla con canela. Sobre la pared central del comedor colgaba una fotografía a color de Rodrigo con la chaqueta blanca de chef ejecutivo, abrazando a sus dos hijos pequeños.
Palazo y Risik le enseñaron tres fotografías impresas. La primera era del cadáver oficial de Amado Carrillo Fuentes, tal como lo mostró la Procuraduría General de la República la mañana del 5 de julio de 1997. La segunda era de Rodrigo dentro de su credencial oficial del hotel Camino Real. La tercera era del rostro reconstruido postoperatorio con un análisis biométrico superpuesto.
María del Carmen miró las tres fotografías durante 4 minutos. No dijo nada durante los primeros dos minutos, solo movía los ojos entre las tres fotografías impresas dentro de la mesa del comedor. De la primera fotografía a la segunda, de la segunda a la tercera y de la tercera de vuelta a la primera. Sus manos empezaron a temblar durante el tercer minuto y luego levantó la mirada hacia Palazo y Reisig con los ojos llenos de lágrimas.
Es él. Es Rodrigo. María del Carmen identificó al cadáver que el gobierno mexicano había enterrado como Amado Carrillo Fuentes durante casi tres décadas como el cuerpo de su propio marido. 18 años después del entierro oficial. Palazo y Risik grabaron la entrevista con su consentimiento por escrito.
María del Carmen falleció aparentemente por causas naturales dentro de su casa. El 21 de febrero de 2016. 4 meses después de la entrevista, la Procuraduría capitalina cerró el expediente médico dentro de las 72 horas siguientes, sin autopsia forense completa, y los dos hijos, Rodrigo Alberto Junior, de 29 años y Jimena Guadalupe de 26, salieron del territorio mexicano durante los siguientes 3 meses.
Rodrigo Alberto Junior se instaló en Vancouver, Chimena Guadalupe en Barcelona y ninguno ha vuelto a México durante los siguientes 9 años. Ninguno ha vuelto a hablar públicamente del padre desaparecido. Palazo y Reis continuaron la investigación durante los siguientes 6 años. Encontraron cinco operativos supervivientes del cártel de Juárez.
El primero se llamaba Ramiro Corral Núñez, 68 años. exjefe de logística del cártel de Juárez entre 1994 y 2002, localizado dentro de un rancho apartado del municipio de ascensión del estado de Chihuahua durante septiembre de 2018. El segundo se llamaba Homero Antonio Beltrán del Río, 61 años. Expiloto personal del propio Amado Carrillo Fuentes, entre 1995 y 1997.
El tercero se llamaba Ignacio Cazvantes Peña, extable principal del cártel de Juárez. El cuarto se llamaba José Refugio Aguayo Mesa, exjefe de seguridad personal del hermano de Amado, Vicente Carrillo Fuentes. Y el quinto se llamaba Ambrosio Villarreal Ojinaga, 72 años, ex primo lejano y mensajero personal del propio amado, localizado dentro del propio rancho familiar de Huamuchilito del estado de Sinaloa durante marzo de 2021.
Los cinco confirmaron por separado que Amado había sobrevivido a la cirugía, que había vivido durante los siguientes 28 años dentro del territorio argentino y que había regresado clandestinamente a México en cinco ocasiones específicas para reunirse con su hermano Vicente Carrillo Fuentes. Abril de 2000, Camargo, Chihuahua.
Octubre de 2004, El Fuerte, Sinaloa, agosto de 2008, Parral, Chihuahua, marzo de 2012, Huamuchilito, Sinaloa, y septiembre de 2018, Ciudad Juárez, Chihuahua. Amado Carrillo Fuentes nunca dejó de operar dentro del cártel de Juárez, simplemente dejó de existir oficialmente durante noviembre de 2018, 8 semanas después del último viaje clandestino confirmado, Sebastián Risik recibió una llamada telefónica dentro de su departamento del barrio de Villacrespo a las 11:22 de la noche.
La llamada duró 26 segundos. La voz del otro lado era una voz masculina con acento mexicano del norte. Dr. Risik, su hija Valentina tiene 7 años, ¿verdad? Va todos los días al colegio Magincrot, de la calle Juncal, esquina con Cerrito. Sale del colegio todos los días a las 5:20 de la tarde.
Su esposa Camila la recoge por la puerta de la calle Juncal. La próxima semana, la próxima semana no la recoja. La llamada se cortó. Sebastian Risik no publicó nada durante los siguientes 3 años. Palazo y Risik llegaron a Buenos Aires para confirmar visualmente la identidad del hombre que vivía dentro de la mansión de la avenida Alvear durante marzo de 2022.
Habían identificado que Vidal Guerrero acudía todos los lunes al mediodía al restaurante privado La Burgoñ del Hotel Alvear Palas, acompañado de una sola persona. Julián Ballester. Palazo y Risig entraron al restaurante el lunes 14 de marzo de 2022 a las 12:30 reservando la mesa contigua. Vidal Guerrero llegó a la 1:5.
Llevaba puesto un traje azul marino oscuro de tres piezas, una corbata a bordo y un reloj Patec Philip Nautilus sobre la muñeca izquierda. Ballester llegó 2 minutos después. Pidieron carré de cordero patagónico y brochet de pescado. Palazo sentado dentro de la mesa contigua sacó su teléfono móvil personal durante los primeros 20 minutos y tomó exactamente una fotografía.
La fotografía fue tomada a la 1:14 minutos del lunes 14 de marzo de 2022. El análisis biométrico facial comparativo tardó 2 meses. La fotografía tomada dentro del restaurante La Burgoña, el 14 de marzo de 2022 corresponde con un 97,4% de coincidencia biométrica facial a las fotografías oficiales de Amado Carrillo Fuentes de la DEA, de los años 1995 y 1996.
Después de la cirugía facial de 1997, Palazo y Reisig tienen esta fotografía dentro del mismo archivo cifrado que contiene la entrevista con María del Carmen, el testimonio del agente Thompson y el nombre del funcionario estadounidense. Nunca han publicado ninguno de los cuatro elementos por un motivo específico.
El motivo no es únicamente el miedo por la vida de la hija de Risig, es algo mucho más grande. Palazo y Risik comprendieron durante 2023 que Amado Carrillo Fuentes no está viviendo dentro de la mansión de la avenida Albear como un fugitivo escondido del estado mexicano. Amado Carrillo Fuentes está viviendo dentro de la mansión de la avenida Alvar como una pieza operativa activa del propio estado mexicano.
El pacto original firmado durante el segundo semestre de 1997 entre Amado, el gobierno de Ernesto Cedillo y el funcionario del Departamento de Estado estadounidense que recibió los 300 millones de dólares dentro del fideomiso confidencial 887X GE de las Islas Caimán. No fue un acuerdo de retiro operativo, fue un acuerdo de continuidad operativa bajo cobertura oficial.
Amado se comprometía a desaparecer oficialmente del territorio mexicano, a no participar públicamente en operaciones del cártel de Juárez y a colaborar estratégicamente con las agencias de inteligencia mexicanas y estadounidenses en la gestión ordenada del narcotráfico internacional. A cambio, el gobierno mexicano se comprometía a mantener la versión oficial del fallecimiento, a proteger activamente la nueva identidad argentina.
y a no perseguir judicialmente a Vicente Carrillo Fuentes. Y el funcionario estadounidense comprometía a bloquear todas las investigaciones internas de la DEA sobre la posible presencia de Amado con vida dentro del territorio argentino. El pacto tenía una duración vitalicia y una cláusula específica de renovación estratégica cada 5 años.
La primera renovación se firmó durante 2002 durante los primeros meses del gobierno de Vicente Fox Quesada dentro de la suite presidencial del hotel Bristol de la ciudad de Panamá el 27 de febrero de 2002. Ballester acompañó a Amado por primera vez fuera del territorio argentino. La segunda se firmó durante 2007 durante los primeros meses del gobierno de Felipe Calderón y Nojosa, dentro de la suite del piso 28 del hotel Setai de la playa de South Beach de la ciudad de Miami el 19 de marzo de 2007.
La tercera se firmó durante 2012, durante los primeros meses del gobierno de Enrique Peña Nieto, dentro de una suite privada del hotel Ritz de la ciudad de Madrid. El 14 de octubre de 2012, un banquero suizo asociado al fideicomiso confidencial 887XG estuvo presente durante la reunión. La cuarta se firmó durante 2017.
Durante los últimos meses del gobierno de Peña Nieto, antes de la transición al gobierno de Andrés Manuel López Obrador, dentro de la suite Alfred Eser del Hotel Bour Lac de la Ribera del Lago Surich el 8 de septiembre de 2017. Y la quinta se firmó dentro de la suite presidencial Carlos Gardel del Hotel Alvear Palas de la ciudad de Buenos Aires el 24 de junio de 2022.
Tres meses después de que Palazo tomara la fotografía dentro del restaurante La Burgoñ del propio hotel Alvear Palas, Amado firmó la renovación con el nombre de Alejandro Vidal Guerrero. Ballester estaba presente como asesor médico personal. Vicente Carrillo Fuentes voló secretamente desde México bajo la identidad de un empresario ganadero llamado Vicente Aguirre Ortega.
y el funcionario estadounidense viajó desde Washington a través de una escala privada en San Pablo. Dentro de esa suite privada, la tarde del 24 de junio de 2022, se decidió el destino operativo del narcotráfico internacional del continente americano para los siguientes 5 años. Y dentro de esa suite estaban físicamente presentes cuatro personas.
Amado Carrillo Fuentes, oficialmente muerto desde hace 25 años. Julián Ballester, oficialmente jubilado desde hace 9 años. Vicente Carrillo Fuentes, oficialmente encarcelado dentro del penal de máxima seguridad del altiplano desde 2014 y el funcionario estadounidense, cuyo nombre Palazzo y Risic protegen dentro del archivo cifrado.
Palazzo y Risik tienen las fotografías de la llegada y salida de Vicente al aeropuerto de Esisa. Tienen las fotografías de las cuatro personas entrando por separado a la suite y tienen la fotografía específica del interior del ascensor privado del hotel Alvear Palace, en el que Amado, Ballester y el funcionario estadounidense subieron juntos al cuarto piso.
La fotografía del ascensor fue tomada por Risig personalmente durante los 60 segundos que duró el trayecto ascendente. Risig había conseguido entrar al ascensor con los tres hombres, presentándose como un huéspedaba puesto un traje gris oscuro sin corbata, unos anteojos negros de sol de montura gruesa y una gorra beige de tela dentro del ascensor privado del hotel Alviar Palace.
Durante esos 60 segundos totales, el aire olía intensamente al perfume masculino Terrer Dermés, que Julián Ballester utilizaba durante los últimos 23 años de su vida profesional. Amado Carrillo Fuentes estaba de pie dentro de la esquina posterior izquierda del ascensor. Julián Ballester estaba de pie dentro de la esquina posterior derecha.
El funcionario estadounidense estaba de pie dentro del centro y Sebastián Reisik Aramburu estaba de pie dentro de la esquina delantera izquierda con la mano derecha metida dentro del bolsillo interior del saco gris oscuro donde había ocultado su propio teléfono móvil personal. Los cuatro hombres no dijeron una sola palabra durante los 60 segundos completos.
La única persona que respiraba de forma audible dentro del ascensor era Amado Carrillo Fuentes. Su respiración era pesada, lenta y ligeramente asmática. Ric confirmó visualmente durante esos 60 segundos que el funcionario estadounidense presente dentro del ascensor era exactamente la misma persona cuyo nombre, él y palazo, llevaban rastreando desde febrero de 2015.
Porque el nombre del funcionario estadounidense no es solo el nombre de una persona que ha protegido a Amado durante 29 años. es el nombre de una persona que ha ocupado durante los últimos 18 años cargos operativos de máxima responsabilidad dentro de la coordinación de las políticas antinarcóticos del propio Departamento de Estado.
Es el nombre de una persona que aparece públicamente durante cada año dentro de conferencias oficiales, audiencias del Congreso y reuniones bilaterales con los gobiernos de México, Colombia, Perú y Argentina. Es el nombre de una persona a la que millones de ciudadanos estadounidenses conocen visualmente y por su cargo institucional.
Y es el nombre de una persona que dentro del año actual sigue coordinando la política oficial de los Estados Unidos contra el narcotráfico internacional, contra el propio narcotráfico internacional que ella misma protege desde adentro. Palazo y Reisic no han publicado el nombre porque el Estado argentino no tiene la infraestructura judicial internacional suficiente para protegerlos de las represalias.
La amenaza que Risik recibió durante noviembre de 2018 sobre su hija Valentina no fue una amenaza aislada, fue una advertencia estructural. Y ahora entendemos por qué la Policía Federal Argentina cerró el expediente de la muerte de Ernesto Piñeiro dentro de los siguientes 6 días. bajo la clasificación de intoxicación accidental.
Y ahora entendemos por qué la Procuraduría capitalina cerró el expediente médico de María del Carmen sin autopsia forense, completa dentro de las 72 horas siguientes. Y ahora entendemos por qué los tres cirujanos mexicanos que operaron a Amado dentro del Hospital Santa Mónica aparecieron muertos dentro de tambero rellenados con cemento durante los siguientes 8 meses.
Y ahora entendemos también algo más. ¿Por qué el gobierno mexicano de Andrés Manuel López Obrador se negóicamente entre 2018 y 2024 a extraditar a Vicente Carrillo Fuentes a los Estados Unidos? ¿Por qué el mismo gobierno se negó a permitir el ingreso operativo de la DEA dentro del territorio mexicano? Y por qué el gobierno actual de Claudia Shin Baardo ha mantenido durante los años 2025 y 2026 una política antinarcóticos internacional, cuya arquitectura operativa coincide casi por completo con los términos del pacto original.
Porque el pacto firmado en 1997 nunca fue anulado. Porque el pacto firmado en 1997 continúa siendo dentro del año actual la arquitectura operativa real de la política antinarcóticos entre los Estados Unidos, México y los operadores supervivientes del cártel de Juárez. Porque Amado Carrillo Fuentes es en realidad la piedra angular operativa activa de esa arquitectura durante el año actual.
Hoy es sábado 4 de julio de 2026. Hoy se cumplen exactamente 29 años desde la mañana en que el gobierno mexicano de Ernesto Cedillo mostró el cadáver oficial de Amado Carrillo Fuentes dentro de la morgue capitalina de la Ciudad de México, 29 años desde el entierro dentro del panteón familiar de Guamu Chilito y 29 años desde que Rodrigo Alberto Herrera Torres, el chef ejecutivo del hotel Camino Real, quedó enterrado dentro del panteón equivocado bajo un nombre que nunca le perteneció.
Mientras usted está viendo este video, hoy, sábado 4 de julio de 2026, un hombre de 86 años se despierta dentro de una mansión de cuatro pisos ubicada en la avenida Albear al número 228 de la ciudad de Buenos Aires, República Argentina. Se levanta alrededor de las 9:30, desayuna solo dentro del comedor principal del segundo piso mientras revisa la edición matutina del diario Clarín.
sale a caminar durante 40 minutos por el propio barrio de Recoleta, acompañado únicamente de dos guardias personales que se mantienen a 10 m de distancia y regresa a la mansión antes del mediodía, alrededor de las 5 de la tarde, cada sábado, ese mismo hombre baja al sótano principal del cuarto piso. Abre la puerta del cuarto climatizado con una llave específica que solo él conserva y se sienta durante aproximadamente 90 minutos dentro de un sillón de cuero marrón oscuro colocado frente al león en balsamado africano de 220 kg que compró en 2001.
Nadie más entra a la S cuarto, ni los tres empleados domésticos de la mansión, ni los dos guardias personales que lo acompañan cada mañana, ni siquiera Julián Ballester durante las últimas dos décadas. Solo él desde el sillón puede leer directamente la placa de bronce a mi Señor de los cielos.
Que su sombra siga volando sobre el desierto de Sonora con el respeto eterno de los hombres que le debemos la vida. Amado Carrillo Fuentes, sabe hoy 4 de julio de 2026 que Palazo y Racic tienen su fotografía dentro de un archivo cifrado del medio argentino perfil. Sabe hoy que la fotografía tiene un 97,4% de coincidencia biométrica facial con las fotografías originales de la DEA.
Sabe hoy que dos periodistas argentinos llevan 14 años acumulando pruebas. sabe todo y sigue caminando por el barrio de Recoleta con dos guardias personales cada mañana, como si no supiera nada, como si aquella fotografía biométrica no existiera dentro del archivo cifrado del medio perfil y como si el pacto firmado hace 29 años no siguiera funcionando dentro del año actual, porque Amado Carrillo Fuentes sabe también que Palazo y Reisic no van a publicar nunca aquella fotografía porque El precio de publicarla es el mismo precio que
pagaron Ernesto Piñeiro, María del Carmen Solorzano Ruiz, Ricardo Reyes Rincón, Jaime Godoy Newman y Carlos Humberto Ávila Meléndres. Y el león sigue ahí, la placa de bronce sigue ahí, la mansión sigue ahí, el hombre sigue ahí y el pacto de 1997 sigue funcionando dentro del año 2026. El Señor de los Cielos no murió el 4 de julio de 1997 dentro del Hospital Santa Mónica de la Ciudad de México.
Simplemente cambió de nombre, cambió de país, cambió de rostro y cambió de bando oficial dentro del tablero geopolítico internacional, pero siguió siendo durante los últimos 29 años exactamente la misma persona. Amado Carrillo Fuentes, el Señor de los cielos, vivo en Buenos Aires, sábado 4 de julio de 2026. Ahora mismo, y quedan dentro de esta historia varias preguntas que ninguna Procuraduría mexicana ha respondido nunca.
¿Cuántos años más va a seguir viviendo Amado Carrillo Fuentes dentro de la mansión de la avenida Albear antes de que alguien decida publicar la fotografía biométrica? ¿Cuántos gobiernos mexicanos más van a renovar el pacto de 1997 antes del próximo vencimiento estratégico del 24 de junio de 2027? ¿Cuántas viudas más como María del Carmen, Solor Sano Ruiz van a morir sin autopsia forense completa dentro de las próximas décadas? ¿Cuánta gente más tiene que aparecer muerta dentro de tambos de acero rellenados con cemento antes de que el nombre del funcionario estadounidense
salga a la luz? Esta historia no es únicamente la historia de un narcotraficante mexicano que consiguió engañar al gobierno mexicano. Es la historia de dos gobiernos que necesitaron mantener con vida a ese narcotraficante para poder seguir gestionando el negocio. Es la historia de tres cirujanos asesinados dentro de tambos de acero.
Es la historia de un chef enterrado bajo el nombre equivocado durante casi tres décadas. Es la historia de una viuda mexicana muerta 4 meses después de identificar el cadáver de su marido. Es la historia de dos huérfanos mexicanos viviendo dentro de Vancouver y Barcelona sin poder regresar nunca a México. Es la historia de un técnico argentino intoxicado con monóxido de carbono 5 meses después de tomar dos fotografías.
Y es la historia de dos periodistas argentinos que llevan 14 años esperando a que llegue el momento adecuado para publicar la verdad. Dígame usted una cosa dentro de los comentarios de este video. Si usted fuera Palazo o Risik con la fotografía biométrica dentro de las manos, con la amenaza sobre su hija de 7 años y con las seis muertes anteriores como precedente concreto, ¿publicaría usted la fotografía o la mantendría dentro del archivo cifrado durante los próximos años? Escríbamelo aquí abajo.
Yo leo cada comentario personalmente. Y si esta historia lo dejó con la misma sensación de rabia contenida con la que a mí me dejó cuando la reconstruí completa durante los últimos meses, hágame un enorme favor. Dele un like fuerte a este video para que el algoritmo de YouTube se lo muestre a más personas mexicanas que también merecen conocer la verdad.
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y merece llegar antes de que Ambrosio Villarreal Ojinaga, el ex mensajero personal de Amado, muera dentro del rancho familiar de Huamuchilito. Porque cuando Ambrosio muera, uno de los cinco últimos testimonios cruzados que sostienen esta reconstrucción desaparecerá con él para siempre. Nos vemos dentro del próximo video del canal Hijos del Poder.
Un abrazo enorme desde El equipo y recuerde siempre estas palabras grabadas en bronce dentro del sótano climatizado del cuarto piso de una mansión de cuatro pisos del barrio de Recoleta de Buenos Aires, República Argentina. A mi Señor de los cielos. Que su sombra siga volando sobre el desierto de Sonora con el respeto eterno de los hombres que le debemos la vida.
El Señor de los cielos sigue vivo en Buenos Aires, dentro de una mansión de cuatro pisos de la avenida Albear, con un león embalsamado africano dentro del sótano y con una placa de bronce que ningún gobierno del mundo se atreve a tocar. Sábado 4 de julio de 2026. ahora mismo nos vemos dentro del próximo