En los vastos y hermosos paisajes de La Guajira, donde la presencia del Estado ha sido históricamente débil y las leyes a menudo se escriben con pólvora, ha surgido una figura que rompe y desafía toda lógica criminal tradicional. No se esconde en las profundidades de la selva espesa, ni se rodea de un ejército privado fuertemente armado. Por el contrario, se pasea a plena luz del día por las calles de Riohacha, tienta a la suerte apostando en los casinos locales, disfruta de grandes fiestas vallenatas y, como si fuera poco, hasta se da el lujo de dictar severas normas de tránsito.
Su nombre es Andrés Pérez Toncel, pero en el oscuro submundo de la ilegalidad todos lo conocen bajo el seudónimo de Alias Naín o el “Bendito Menor”. Este joven se ha convertido en un fenómeno mediático y territorial, logrando lo que muchos capos del narcotráfico apenas soñaron: convertirse en una autoridad intocable, escudada en el profundo cariño popular y temida implacablemente por sus mayores enemigos.
El Nacimiento del Primer ‘Narco-Influencer’
Alias Naín no es, ni de cerca, el típico líder guerrillero o narcotraficante que la historia colombiana nos ha acostumbrado a ver. Como uno de los comandantes de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN), él representa una evolución moderna, fascinante y a la vez aterradora de la criminalidad organizada. Naín pertenece a una nueva escuela de delincuentes que entienden a la perfección que el poder absoluto, hoy en día, no solo se obtiene a base de fusiles y control de rutas clandestinas, sino conquistando el inmenso escenario de las redes sociales.
En un mundo cada vez más digitalizado, este joven de rasgos afro, que goza del respaldo invaluable de gran parte de la comunidad indígena Wayúu, se ha posicionado como un auténtico “influencer del terror”. En lugar de sembrar el pánico indiscriminado en la población civil, ha adoptado una estrategia astuta. Muestra una fachada cercana y desafiante; graba videos que rápidamente se vuelven virales, se toma selfis provocadoras y, en uno de sus actos más simbólicos, se grabó quemando sin miedo una bandera del Ejército de Liberación Nacional (ELN). No se trata de crear caos sin sentido, sino de imponer su poder de manera calculada, atrayendo aplausos en lugar de lamentos.
El Síndrome de Robin Hood: Un Escudo Humano a Prueba de Balas

¿Cómo se explica que las autoridades no logren capturar a un hombre que se moviliza en motocicletas plenamente identificables y que camina sin un esquema de seguridad evidente? La respuesta es tan dolorosa como compleja: Alias Naín ha sabido capitalizar la enorme fractura social y el vacío institucional de La Guajira.
Para muchas personas de a pie, el “Bendito Menor” está lejos de ser un criminal; es visto como un garante del bienestar, una especie de Robin Hood costeño que resuelve lo que los políticos de turno ignoran. Los relatos que se cuentan sobre él en las calles parecen sacados de la ficción. Cuando un devastador sismo afectó a la vecina Venezuela, Naín se encargó de recolectar y enviar mercados para los damnificados. Cuando una humilde fundación cultural denunció el doloroso robo de unos clarinetes y valiosos instrumentos musicales, fue Naín quien ofreció recompensas económicas, logrando que los objetos fueran devueltos de manera casi mágica a las manos de sus dueños originales.
Pero su influencia no se detiene en la caridad. Alias Naín impone sus propias reglas de convivencia. Ha prohibido terminantemente que las motocicletas circulen por Riohacha saltándose los semáforos, ha ordenado el uso obligatorio de placas vehiculares y prohibió que personas transiten a altas horas de la noche usando pasamontañas o cascos cerrados. “El que ande sin placa tarde de la noche, las cosas van a ser a otro nivel”, advirtió recientemente, y la gente le obedece con un temor reverencial que ninguna secretaría de movilidad ha logrado inspirar jamás.
Esta lealtad popular ha creado un muro de contención humano a su alrededor. Expertos y analistas en seguridad coinciden en que un operativo policial para capturarlo en medio del fervor popular podría desatar una tragedia civil. Se teme una reacción en cadena similar al famoso “Culiacanazo” ocurrido hace un par de años en México, cuando la captura de Ovidio Guzmán, hijo del Chapo, ocasionó que la ciudadanía y las redes criminales incendiaran la ciudad entera. Atacar a Naín, hoy en día, es atacar a la figura que sostiene el frágil tejido social que él mismo diseñó a su medida.
“Los JJ”: La Estrepitosa Caída de un Ejército Enemigo
Sin embargo, el vertiginoso ascenso de Naín generó incomodidad y furia en los sectores más sombríos de la región. Su poder ilimitado hirió profundamente los egos e intereses de políticos corruptos, narcotraficantes veteranos y exmiembros de la fuerza pública, quienes sintieron que perdían el control del negocio ilícito. En un intento desesperado por frenarlo, estos actores crearon un grupo paramilitar de exterminio bautizado como “Los JJ”. Su misión principal era actuar como un bloque de búsqueda clandestino para aniquilar a Alias Naín y destruir al Frente Libardo Vergel.
Pese a sus millonarios recursos iniciales, el plan fue un desastre monumental. Naín demostró ser un estratega implacable. Arrinconó militarmente a Los JJ y los golpeó donde más duele: en las finanzas. Sometidos a una presión asfixiante, el grupo de sicarios se quedó sin presupuesto operativo ni patrocinadores. Hoy por hoy, Los JJ son descritos por los expertos de la región como un nombre moribundo, unas cuantas “ruedas sueltas” incapaces de sostener una guerra real y que operan a ciegas tratando de no desaparecer del mapa criminal guajiro.
La Traición y el Secuestro Exprés que Doblegó a Danielito
El ocaso de Los JJ nos deja episodios escalofriantes, como la brutal lección que Alias Naín le dio a uno de sus propios desertores: Alias Danielito. Con apenas 22 años, Danielito era un talentoso sicario en las filas del “Bendito Menor”, pero la ambición lo cegó. Convencido por las falsas promesas de dinero y lujos que le ofrecieron Los JJ, decidió cambiar de bando y traicionar a la estructura que lo vio nacer criminalmente.
La venganza de Naín fue rápida, despiadada y psicológica. Lejos de buscar un enfrentamiento armado directo, Naín orquestó el secuestro exprés de la propia madre de Danielito en el municipio de Uribia. La jugada maestra puso en jaque mate al joven sicario. Despojado del apoyo prometido por Los JJ —quienes lo abandonaron a su suerte—, Danielito tuvo que tragarse su orgullo. En una desgarradora llamada telefónica interceptada, se escucha la sumisión total del muchacho despidiéndose de su madre: “Bueno, pásame a la cucha ahí para despedirme… Dios te bendiga, dele madre”. Una vez más, la voluntad del “Bendito Menor” prevaleció, dejando claro que nadie puede escapar de sus garras.

Un Futuro Incierto en Medio de una “Guerra Horizontal”
Aunque la batalla contra Los JJ parece haber sido ganada, el imperio de Alias Naín se enfrenta a tempestades muchísimo más oscuras. El Caribe colombiano es actualmente el sangriento escenario de una “guerra horizontal”. Las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra se enfrentan a muerte contra el poderoso Ejército Gaitanista de Colombia, comúnmente llamado el Clan del Golfo. Es una disputa fraticida y transnacional por el control de la minería ilegal, el contrabando y las invaluables rutas marítimas por las que zarpa la droga hacia Venezuela y el mundo.
Históricamente, el Estado ha enfocado sus mayores esfuerzos de pacificación en territorios críticos como el Catatumbo o el Cauca, olvidando con frecuencia a La Guajira. Pero el clima está cambiando. Líderes de opinión y figuras de poder están perdiendo la paciencia. Incluso se han escuchado advertencias contundentes a nivel nacional, como las proferidas por el presidente electo, Abelardo de la Espriella, quien mandó un duro y directo mensaje de advertencia asegurando: “Aprovecho para decirle a Naín que vea a ver para dónde coge el 7 de agosto, porque voy por él”.
La Guajira se encuentra atrapada en un peligroso péndulo. Por un lado, está la posibilidad de recuperar el territorio mediante tecnología satelital, operativos de alta precisión militar y la fuerza contundente de un Estado que busca recuperar su dignidad. Por el otro, está el fenómeno inquietante de Alias Naín y jóvenes sicarios que sueñan con ser estrellas de internet mientras imponen el terror, convencidos de que un “like” vale más que el respeto a la vida. Solo el tiempo dirá si este comandante moderno terminará tras las frías rejas de la justicia o si será despedido de este mundo por sus seguidores, coronándose para siempre como el ídolo y verdugo de la costa colombiana.