El soldado que desafió a Petro: la cruda verdad detrás de un video viral y las amenazas que hoy acechan a su familia

En un mundo globalizado donde las redes sociales se han convertido en el principal campo de batalla de las ideas, un video grabado desde Haifá, Israel, ha logrado captar la atención de toda una nación. Brian Cortés, un joven soldado de doble nacionalidad —colombiana e israelí—, se ha transformado en el epicentro de un debate político feroz tras publicar una serie de grabaciones en las que arremete con dureza contra el presidente de Colombia, Gustavo Petro. Lo que comenzó como una crítica desde la distancia se ha convertido en una pesadilla personal para el militar, quien hoy denuncia amenazas de muerte y una persecución sistemática que ha alcanzado a sus seres queridos en suelo colombiano.

El origen de una discordia

La historia comienza cuando Cortés, cumpliendo con su deber militar obligatorio en Israel, decide alzar su voz al considerar que el discurso del presidente Petro frente al conflicto en Medio Oriente estaba desalineado con las necesidades urgentes de Colombia. En sus videos, el soldado cuestiona abiertamente la decisión del mandatario de priorizar la reconstrucción de Gaza y la ayuda internacional cuando, según el militar, el territorio colombiano aún padece de precariedad extrema, minería ilegal y una violencia que no cesa en zonas críticas como los Montes de María.

Para Cortés, el mensaje no es de corte ideológico, sino patriótico. “Soy la voz de más de 13,000 madres que pierden a sus hijos cada año a causa del conflicto interno”, declaraba con determinación, mientras vestía su uniforme de combate. Su crítica principal radica en lo que él define como una “hipocresía” por parte del jefe de Estado, a quien señala de enfocarse en agendas externas —incluso llegando a cuestionar el apoyo del presidente a figuras como Nicolás Maduro— en lugar de atender la inseguridad y el abandono que sufren los campesinos y las fuerzas públicas en Colombia.

La respuesta presidencial y la escalada de tensión

El impacto del primer mensaje fue tal que incluso el presidente Gustavo Petro respondió a través de sus redes sociales. El mandatario tildó al soldado de “genocida” y le lanzó una advertencia directa: “Tú, como te llames, deja de matar bebés a nombre de Colombia. Colombia es vida y belleza y no muerte”.

Esta respuesta, lejos de calmar las aguas, avivó una hoguera mediática. Cortés, visiblemente sorprendido por el tono del mandatario, respondió en un segundo video que no esperaba que la máxima figura de su país se limitara a insultarlo. El joven soldado reiteró que, aunque ha recorrido Colombia y conoce de cerca el dolor de su pueblo, no tiene una militancia política de derecha o izquierda; su único compromiso, asegura, es con la integridad del país.

Entre el deber y el peligro

El relato de Cortés se vuelve más oscuro al detallar las consecuencias de sus palabras. Según sus declaraciones más recientes, la respuesta del gobierno y la exposición mediática han convertido a su familia en blanco de amenazas directas. “Me han dicho que en el momento en que toque el suelo colombiano me puedo dar por muerto, que ellos se encargarán de encontrar a mi familia y hacerla pagar”, reveló con preocupación, indicando que incluso han enviado fotos de lugares conocidos por su familia para demostrar que están siendo vigilados.

Esta situación de hostigamiento ha forzado a que el soldado solicite, según fuentes cercanas, protección internacional ante el temor de represalias si decidiera regresar a Colombia. Para Cortés, el miedo no es el enemigo; lo que le resulta inaceptable es que la libertad de expresión en su país natal esté siendo sofocada por una intolerancia política que, a su parecer, pone en riesgo la vida de cualquier ciudadano que se atreva a disentir.

¿Un camino hacia el autoritarismo?

El caso de Brian Cortés no es aislado, sino que se suma a una serie de tensiones políticas que han marcado la administración de Petro. Analistas y ciudadanos ven con preocupación cómo la confrontación entre el mandatario y críticos —incluso si estos se encuentran en zonas de conflicto activo en el extranjero— escala a niveles de hostigamiento personal. La comparación con otros casos, como las amenazas recibidas por congresistas o líderes de opinión, ha hecho que muchos colombianos sientan que el clima de debate público se ha vuelto peligroso.

Cortés insiste en que no es una cuestión de ideología, sino de gestión. Mientras el gobierno colombiano discute sobre el envío de recursos y oro a Gaza, el soldado pregunta con insistencia: “¿Qué control se tendría sobre esos recursos en una zona controlada por grupos armados?”. Su visión es que, en lugar de solucionar conflictos internacionales, el presidente debería enfocarse en la paz interna. “Si quiere ser un gran personaje, que sea un buen presidente”, sentenció el militar, reiterando que su crítica busca que la administración se ponga los “pantalones” y gobierne para sus compatriotas.

El llamado final a la libertad

A pesar del acoso y las amenazas que recibe diariamente —incluyendo intentos de hackeo a sus redes sociales y mensajes intimidatorios por parte de personas que afirman ser militares activos en Colombia—, Brian Cortés mantiene una postura firme. Él asegura que no teme desaparecer en combate, pero sí le duele que la verdad haya adquirido un precio tan alto en su propia tierra.

Su caso se ha convertido en un símbolo para miles de ciudadanos que ven en él a un patriota que, desde la distancia y con los riesgos que implica ser un soldado en una zona de guerra, se ha atrevido a señalar lo que muchos callan. La indignación en redes sociales sigue creciendo, mientras se abre un interrogante profundo sobre la salud democrática de Colombia y los límites entre el ejercicio del poder y la persecución política.

Mientras el soldado continúa cumpliendo su labor en Israel, el debate en Colombia sigue abierto. ¿Es posible disentir sin ser perseguido? ¿Puede un gobierno mantener una agenda internacional sin descuidar la crisis interna? La historia de Brian Cortés es un recordatorio de que, en los tiempos actuales, decir la verdad es, quizás, el acto de valentía más peligroso y, al mismo tiempo, el más necesario para el despertar de una nación que clama por atención y seguridad. La seguridad de Brian y su familia sigue siendo hoy una incógnita que pone a prueba la institucionalidad y los derechos fundamentales en el país cafetero.

Full video:

 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *