La mexicana que COMPUSO el jazz más famoso del siglo XX y NADIE la recuerda

Hay una canción que llevas escuchando toda tu vida en películas, en cafés, en covers de concurso de talentos, en bodas donde el DJ quiere poner algo que suene a clásico sofisticado. What a difference a day makes. La han grabado Arizha Franklin, Tony Bennett, Diana Ross, Ched Baker, Dean Martin.

Dina Washington ganó el Grammy con ella en 1959. En los años 40, los hermanos Dorsey ya la tocaban en bailes de salón. Es uno de los estándares de jazz más grabados del siglo XX en lengua inglesa. Tiene 90 años y sigue siendo grabada. La compuso una mujer mexicana en 1934, se llamaba María Greber, y México prácticamente no la recuerda.

Sus restos están en el panteón español de la Ciudad de México. Agustín Lara, que fue su amigo y admirador, está en la rotonda de las personas ilustres. María Grever, que compuso más de 800 canciones y fue la primera compositora mexicana en trabajar para Hollywood, está en el panteón de al lado, en silencio, sin monumento oficial permanente, sin una calle principal que lleve su nombre, sin la consagración que el Estado mexicano le da a los artistas que considera suyos.

¿Cómo pasa eso? Como una mujer que llegó a Broadway, que dirigió orquestas en Nueva York, que compuso para Paramount Pictures y 20th Century Fox, que enseñó a cantantes estadounidenses a pronunciar español con un método que ella misma inventó, termina siendo un nombre que la mayoría de los mexicanos no reconoce. La respuesta tiene varias capas.

Al fondo de todas está la misma pregunta. ¿A quién decide recordar México? ¿Y por qué? Si nunca habías escuchado el nombre de María Grever, este canal existe exactamente para eso. Suscríbete y activa la campana. Cada semana recuperamos una historia como esta. María Joaquina de la Portilla Torres nació el 14 de septiembre de 1885 en León, Guanajuato.

Hija de padre español y madre mexicana. Desde los 4 años componía. El primer resultado documentado fue un villancico navideño con letra y música propias, escrito antes de que aprendiera a leer con soltura. Su padre era de Sevilla. Cuando María tenía 6 años, la familia se mudó a España. Creció entre Sevilla y Madrid. A.

Y siendo adolescente, su padre la llevó a París con el propósito específico de que estudiara con Claude Deby, el compositor francés más influyente de la época. La reunión tuvo tal éxito que se convirtió en alumna de Debusí. También estudió con Franz Lear, creador de operetas que llenaban teatros en toda Europa. Lear le aconsejó que no se sujetara demasiado a la técnica y conservara su espontaneidad.

Volvió a México en 1906 cuando conoció a León Augusto Grever en Ciudad de México. Se casaron un año después y se mudaron a Shalapa. Ahí escribió con más constancia. Tuvo tres hijos. La más pequeña murió a los 6 meses. Grever se refugió en la música. De ese dolor salió Muñequita linda que hoy se canta en bodas sin que nadie recuerde el peso que había detrás.

Su primer gran éxito internacional fue Júame cantada por el tenor José Mojica en 1926. Según el diccionario Notable Hispanic American Women, su primera canción publicada a los 18 años vendió alrededor de 3 millones de copias. Pero en 1926 la industria musical funcionaba de una sola forma para las compositoras. Tu canción llegaba al público a través de un intérprete masculino y la gente compraba el disco por el nombre del cantante.

Grever lo sabía y encontró la forma de rodearlo. Grever se mudó a Nueva York con su esposo y lo que hizo en esa ciudad entre los años 20 y los 50 es, visto desde hoy, una lista de cosas que se suponía que una mujer no hacía. Dirigió una orquesta de hombres. En esa época eso requería no solo talento, sino una disposición específica a ignorar la incomodidad de los músicos frente a ella, las miradas de los empresarios, los comentarios de la prensa.

Fundó su propia editorial musical, lo que le permitió controlar los derechos de sus composiciones. En 1935 ingresó a la ASCAP, la Sociedad Americana de Autores, Compositores y Editores de música, siendo la primera mujer mexicana en hacerlo. El dato está en el Archivo General de la Nación. Escribió un método para enseñar español a través de la música, pensado específicamente para que cantantes angloparlantes pudieran interpretar sus composiciones sin hablar el idioma.

Eso le abrió un mercado que nadie más había atacado de esa forma. Cantes estadounidenses que querían cantar en español, pero no sabían cómo sonar auténticos. Paraamountes la contrató, 20th Century Fox la contrató. en Broadway dirigió la orquesta para la comedia musical Viva O’Brien. Sus canciones aparecieron en películas de Hollywood con suficiente frecuencia para que su nombre circulara entre productores como el de alguien de quien convenía conocer el trabajo.

“Te quiero”, dijiste en inglés. Magic is the moonlight. Salió en la película de Esther Williams Bathing Beauty en 1944. La cantó Jane Powell, la cantó Ann Southern. La canción cruzó idiomas y décadas y en 1934 compuso Cuando vuelva a tu lado. Eso que entra en la cabeza ahora, esa melodía que comienza suave y se expande, la escribió ella ese año.

La letra original es en español. La versión en inglés con el título What a Difference a Day Makes, la escribió Stanley Adams. Los hermanos Dorsey la grabaron primero en 1934 con voz de Bob Crosby. Pasaron 25 años. Y en 1959, cuando Dina Washington la grabó para el sello Mercury, ganó el Grammy de mejor interpretación de Reman Blues, el nombre de María Grever, figura en los créditos.

La canción entró al Grammy Hall of Fame en 1998. En México en 1959, pocas personas conectaron ese Grami con una compositora de León, Guanajuato. Hay algo en cuando vuelva a tu lado que vale la pena observar. La melodía no se instala cómodamente en un solo género. Funciona como bolero, como jazz, como balada, como canción de cine.

La letra original en español habla de regreso y de espera. La versión en inglés convierte eso en una celebración del cambio. Ambas versiones funcionan porque la melodía las aguanta igual de bien. Los arreglistas tienen un término para este tipo de construcción. La llaman inevitable porque cada frase parece llevar a la siguiente forma obvia, aunque construirla así requiera un oído muy poco común.

Eso explica los intérpretes. Areza Franklin, que no necesitaba una canción fácil. Tony Bennet, Diana Ross, Cher, Dean Martin. Ched Baker grabó una versión instrumental que se sigue usando en compilaciones de jazz. Los Panchos la grabaron con Eddy Gormé en español. Luis Miguel la incluyó en su catálogo. Gloria Stefan también. Barry Manilow.

Más de 30 versiones registradas en diferentes idiomas. La canción tiene más de 90 años y sigue siendo grabada. María Grever murió el 15 de diciembre de 1951 en Nueva York. Tenía 66 años. Murió antes de que Dina Washington grabara la versión del Grammy, antes de que la canción alcanzara la mayor parte de su fama en inglés.

A petición suya, sus restos fueron trasladados a México. La sepultaron en el panteón español de la Ciudad de México y aquí aparece el verdadero problema. La obra siguió creciendo después de su muerte. La fama de What a Difference a Day Makes, en el mundo de habla inglesa aumentó a lo largo de los años 60, 70, 80, 90 y 2000.

Cada nueva versión de un artista conocido volvía a poner la canción en circulación. Cada vez que alguien en Estados Unidos o Europa la escuchaba y quería saber quién la había compuesto, encontraba el nombre de María Grever. En México, donde ella nació y pidió ser enterrada, el proceso fue al revés.

El nombre se fue borrando mientras la canción seguía sonando. Si llegaste hasta aquí y esto te parece injusto, suscríbete al canal. Esta es una de decenas de historias sobre artistas mexicanos que el mundo recuerda mejor que nosotros. Activa la campana para no perderte la próxima. La rotonda de las personas ilustres existe desde 1872.

La creó el presidente Sebastián Lerdo de Tejada dentro del Panteón Civil de Dolores en la Ciudad de México. El gobierno federal, por decreto presidencial decide quién merece ser trasladado ahí. Es el reconocimiento oficial más alto que México otorga a sus figuras culturales después de la muerte. Hasta hoy hay 115 sepulcros.

El lugar donde el estado dice, “Esta persona es parte de lo que somos.” Agustín Lara está en la rotonda. Entró en 1973, el mismo año en que murió. El proceso fue rápido. Lara era el flaco de oro, el compositor más famoso de México, el hombre cuyas canciones definían lo que la gente entendía por música popular mexicana del siglo XX.

tenía una imagen construida durante décadas de cantinas, sombrero y canciones de amor imposible en español que encajaba perfectamente con el México que la institución cultural quería consagrar. María Grever y Agustín Lara fueron contemporáneos. Se conocían. Lara la admiraba. En una nota biográfica recuperada por investigadores, Grever le escribió diciéndole que era el mejor compositor mexicano de su generación, alguien con inspiración purísima y espontánea.

Dos compositores de la misma generación con carreras internacionales, con catálogos enormes. Lara está en la rotonda. Grever está a 2 km en el panteón español. ¿Por qué? Grever vivió la mayor parte de su vida adulta en Nueva York. Compuso para Hollywood. Su carrera se desarrolló tanto en inglés como en español.

Eso la colocaba, a ojos del imaginario cultural mexicano de mediados del siglo 20, en una categoría difícil de manejar, exitosa, internacional, pero no del tipo de mexicanidad que el Estado quería monumentalizar. Lara encajaba en ese espejo con comodidad. Grever era el México que había salido y no había vuelto de la misma forma.

Hay un detalle más que no debe ignorarse. Lara era hombre. En la primera mitad del siglo XX, los compositores con nombre propio eran hombres. Las mujeres componían, pero raramente eran quienes recibían el reconocimiento institucional. Greve rompió esa norma en vida, al menos parcialmente. Las instituciones que deciden quién va a la rotonda no cambiaron al mismo ritmo.

En 1952, un año después de su muerte, la Unión de Mujeres de las Américas la nombró Mujer de las Américas. En 1953, Libertad Lamarque interpretó su papel en una película biográfica. Google le dedicó un doodle en 2021. En León, Guanajuato, hay una estatua y un teatro con su nombre. Son reconocimientos reales, pero dispersos, sin ancla institucional permanente del Estado Federal.

Su catálogo sigue vivo porque la música lo sostiene sola. Júramela sigue cantando todo tenor que quiere demostrar algo. Muñequita linda aparece en bodas. Tipin, la grabaron los Andrew Sisters. Te quiero dijiste. Salió en la película de Ester Williams de 1944 y siguió rodando décadas después. Plácido Domingo grabó sus canciones. Vicente Fernández también.

Aí Cuevas, Natalia La Furcade. El problema central es que la obra sobrevivió al nombre. que te recuerden sin recordarte puede ser el peor destino posible para un artista. La canción se vuelve anónima, parte del paisaje sonoro, algo que la gente canta sin saber de dónde viene. Cuando vuelva a tu lado, llegó a ese punto.

Una canción que no necesita presentación porque ya la conoces, aunque no supieras quién la escribió. Vuelve al principio. What a difference a day makes. Esa canción que escuchaste en algún café, en alguna película, en alguna boda, la compuso una mujer que nació en León, Guanajuato, en 1885, que estudió música en Sevilla y Madrid y viajó a París para tomar clases con debusí, que llegó a Nueva York y dirigió orquestas de hombres cuando eso era impensable, que compuso más de 800 canciones, trabajó para Paramount y 20th

Century Fox. Ingresó a la ASCAP en 1935 y escribió un método para que cantantes angloparlantes interpretaran su música, que murió en 1951 sin saber que Dina Washington ganaría un Grammy con su canción 8 años después. Murió pidiendo ser enterrada en México. La enterraron en el panteón español.

La rotonda de las personas ilustres, donde está su contemporáneo Agustín Lara, nunca la incluyó. Ningún decreto presidencial ordenó su traslado. La canción está en el Grammy Hall of Fame desde 1998. El nombre de María Grare en ese reconocimiento. La institución cultural estadounidense la consagró formalmente. La institución cultural mexicana, la de los decretos y las rotondas, guardó silencio.

Eso explica la pregunta del principio. El reconocimiento oficial en México fue para el México que México quería verse a sí mismo. Lara encajaba en ese espejo. Grever era otra cosa. la mexicana que salió, que compuso en inglés y en español, que dirigió orquestas en Broadway y escribió para Hollywood y por eso mismo más difícil de colocar en el mapa de la identidad nacional que el Estado construye con sus rotondas y sus decretos.

La próxima vez que escuches esa melodía, ya sabes de dónde viene y ya sabes que quien la escribió está enterrada en México, en el panteón de al lado de la rotonda, esperando el decreto que nunca llegó. María Grever merece ser recordada. Si este video te parece que debería verlo más gente, compártelo. Y si quieres que sigamos contando historias como esta, suscríbete al canal.

El siguiente video ya está en producción.

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