RAÚL JIMÉNEZ: CONFESÓ POR QUÉ SIGUE JUGANDO SABIENDO QUE UN GOLPE MÁS PUEDE MATARLO

RAÚL JIMÉNEZ: CONFESÓ POR QUÉ SIGUE JUGANDO SABIENDO QUE UN GOLPE MÁS PUEDE MATARLO

Medalla de oro olímpica. El mexicano con más goles en la historia de la Premier League, el nueve titular de la selección. Y ese mismo hombre con el cráneo destrozado, medio muerto, mientras su esposa lo veía por televisión cargando a su bebé de 4 meses, al que Raúl solo vio una vez a punto de crecer sin un solo recuerdo de su padre.

 Hoy vas a saber lo que nunca te contaron. Las tres veces que Raúl Jiménez lo perdió todo. Sabrás todo lo que pasó en su operación de cráneo y la semana entera que su cerebro borró aún más oscuro. La confesión de por qué siguió jugando sabiendo que un golpe más en la cabeza podría matarlo. Aún peor, la traición de México, subiéndolo destrozado al avión del Mundial de Qatar y lo más doloroso de toda su historia, la muerte del hombre que le enseñó el fútbol.

 que dijo frente a un micrófono que su sueño era verlo marcar en un mundial y murió tr meses antes de verlo. La promesa se cumplió. Eh, eh, eh, pero llegó 90 días tarde. Quédate hasta el final. Hoy sabrás lo que ningún medio te contó jamás de la vida de Raúl Jiménez. Pero antes, regresemos al 29 de noviembre del 2020. Un domingo por la tarde. Emirates Stadium de Londres.

 Un partido de la Premier League que casi nadie del pueblo mexicano vio en vivo por la diferencia de horario. Wolverhampton contra Arsenal. Minuto 6 del primer tiempo. Un corner del Wolverhampton. Un balón alto que entra al área y dos hombres corriendo hacia el mismo punto del pasto inglés, el defensor brasileño David Luis y el delantero mexicano Raúl Jiménez.

 Los dos saltaron al mismo tiempo, chocaron con la cabeza. Y el sonido del golpe se escuchó hasta la última fila del Emirates. Hay momentos que puedes apartar de tu memoria, pero ese se quedará para siempre. El sonido del golpe. Eso no se va a ir nunca. El defensor brasileño David Luis se levantó con la cabeza abierta sangrando con siete puntos de su tura por venir.

 El delantero mexicano Raúl Jiménez cayó de lado sobre el pasto del Emirates y no se movió. 10 minutos completos tardaron los paramédicos en subirlo a la camilla con oxígeno, con la cara cubierta, con la esposa del futbolista pegada al televisor a 200 km de distancia. En una casa privada del pueblo mexicano en Wolverhampton, Inglaterra, esa mujer tenía 31 años.

 Actriz de Televisa, ex protagonista de novelas mexicanas del canal de las estrellas. Se llamaba Daniel Abazo. Daniel Abazo. Y esa noche del 29 de noviembre del 2020, Daniel Abazo vivió el momento más brutal de su vida. Estaba amamantando a mi bebé. Prendí la tele y a los 2 minutos sucedió el accidente. Los comentaristas en inglés no pausaron los comentarios de inmediato.

 Empezaron con Raúl está muy mal. No fue la palabra muerto, pero sí fue claro. Y yo con mi bebé en brazos. Con su bebé en brazos amamantando frente al televisor de la sala de Wolverhampton, viendo como el papá de su hija recién nacida era subido a una ambulancia con el oxígeno puesto, con la cara tapada rumbo a un hospital de Londres.

 Y esa bebé que Daniela cargaba en los brazos esa noche tenía nombre, Aria. 4 meses recién cumplidos. Y Raúl Jiménez apenas la había visto una sola vez desde su nacimiento. Porque cuando Aria nació el 21 de julio del 2020, el pueblo inglés todavía vivía las restricciones de la pandemia por el coronavirus y el Wolverhampton estaba disputando la fase final de la Liga Europa en Alemania y Raúl Jiménez estaba concentrado con el club a 100 km de la sala de partos, donde su bebé venía al mundo.

 Cuando volvió del torneo europeo, apenas alcanzó a cargar a su hija Aria durante unas horas antes de irse otra vez de gira con el Wolverhampton y después con la selección mexicana. Los últimos 4 meses del delantero apenas la habían visto una vez en persona. La casi totalidad de la vida de esa bebé había pasado con Raúl fuera de casa.

 Y ahora, la noche del 29 de noviembre, la segunda vez que Aria iba a estar cerca de su papá. iba a hacer en un hospital de Londres con una placa de titanio metida en la cabeza y con el cirujano británico diciendo palabras que Daniel Abazo jamás iba a olvidar. Pero antes de esa noche, antes de la placa de titanio, antes de la cicatriz de 15 cm que Raúl carga hoy en el cráneo escondida bajo la vincha, tienes que saber quién era este hombre.

Nació en Tepeji del Río, Hidalgo, el 5 de mayo del 91. hijo de Raúl Jiménez Vega, un obrero mexicano de 62 años que trabajaba doble turno para sostener a su familia en el estado de Hidalgo y que el pequeño Raúl adoraba como se adora al héroe de la casa. Su papá lo llevaba cada domingo a la escuela de fútbol infantil del Cruz Azul, ahí donde el chamaco de Tepei empezó a meter goles frente a niños 2 años más grandes que él.

 Después la familia se mudó al Distrito Federal. y lo inscribieron en las fuerzas básicas del club América. Con 18 años debutó en el Estadio Azteca un domingo 9 de octubre del 2011 con el número 47 a la espalda contra Monarcas Morelia. 46 minutos en la cancha y una promesa silenciosa a su papá desde la banda del Coloso de Santa Úrsula.

 Le voy a llevar la selección mexicana a un mundial. Un año después, en junio del 2012, con 21 años cumplidos, el pueblo mexicano ganó la medalla de oro olímpica en los Juegos de Londres 2012 contra Brasil 2 a 1. Estadio de Wembley con Raúl Jiménez en la cancha durante los cinco partidos del torneo olímpico con Ángel Fernández narrando por Televisa para el pueblo mexicano.

 Oro olímpico en Londres contra Brasil con el papá de Raúl viendo la final desde una cantina de Tepeji del Río Hidalgo, con lágrimas escurriendo por las mejillas del obrero mexicano frente a los amigos del barrio. Un año después, el 11 de octubre del 2013, otro partido histórico. Un jueves por la noche, Estadio Azteca, eliminatoria contra Panamá, camino al Mundial de Brasil 2014.

 La selección mexicana estaba a punto de quedarse fuera de su primer mundial en 20 años completos. Iban perdiendo uno a uno. Faltaban 5 minutos del segundo tiempo y el pueblo mexicano estaba viendo por Televisa como el sueño de Brasil 2014 se derrumbaba delante de sus ojos. Entró Raúl Jiménez desde la banca. Al minuto 68 cambió al capitán mexicano Rafael Márquez Álvarez y al minuto 85, un centro de Fernando Arce desde el costado izquierdo, un balón alto que caía por el segundo palo del arco panameño.

 Raúl Jiménez saltó de espaldas, metió la chilena más famosa de la historia moderna del fútbol mexicano y le dio la vuelta al partido 2 a 1. Estadio Azteca reventado. Ángel Fernández gritando gol de chilena de Raúl Jiménez. El pueblo mexicano llorando frente al televisor. Y Raúl Jiménez Vega, el obrero de 62 años gritando desde el sillón de la casa familiar de Tepeji del Río.

 Ese gol de chilena contra Panamá lo vi desde el sillón de mi casa y grité tan fuerte que los vecinos vinieron a preguntar qué había pasado. Yo les dije que era mi hijo. Ay, ay, ay, ay. que estaba metiendo goles con la camiseta del tri y que un día iba a marcar en un mundial. Un día iba a marcar en un mundial. Esa promesa quedó guardada en la memoria del pueblo mexicano de Tepei del Río, Hidalgo, con la voz de un obrero de 62 años, jurando desde el sillón de su casa que su hijo iba a cumplir el sueño familiar. Con esa promesa en la mochila

y con el oro olímpico de Londres 2012 en el pecho. Raúl Jiménez saltó al fútbol europeo. Atlético de Madrid en el 2014. fichaje de 10,illones y medio de euros. Después Benfica de Portugal, después Wolverhampton de la Premier League inglesa en el 2018. Y en el Wolverhampton, el delantero mexicano vivió los tres mejores años deportivos de su vida.

 57 goles con la camiseta rojinegra del club inglés. Máximo goleador mexicano de la historia de la Premier League. Superó a Javier Chicharito Hernández. Le pusieron un apodo en el estadio de Molly Neus, el lobo de Tepeji, y con ese apodo con la afición inglesa cantándole cada fin de semana desde las gradas de Molineus con contratos de 60 millones de euros firmados dentro de la Premier League con dos Copas Oro con la selección mexicana con la titularidad del tricamino al Mundial de Qatar 2022 asegurada.

 Raúl Jiménez conoció a la mujer que iba a marcar su vida para siempre. Daniel Baso, actriz de Televisa, 9 años más joven que el delantero mexicano y con una historia de amor que empezó curiosamente por un mensaje de Instagram durante el verano del 2017. Le escribí a Daniela por Instagram antes de irme al Mundial de Rusia 2018.

 Le dije que iba camino al mundial y que le deseaba mucha suerte con sus proyectos de televisión. Ella me respondió esa misma tarde y desde ese día no dejamos de escribirnos. Un mensaje de Instagram, un futbolista mexicano en el aeropuerto rumbo al mundial de Rusia, una actriz de Televisa contestando desde su casa de la Ciudad de México y una relación que arrancó a distancia.

 Una actriz de Televisa contestando con videollamadas, con mensajes por WhatsApp, con visitas cortas durante los descansos de la temporada inglesa. Después vino la mudanza a Wolverhampton La vida juntos en Inglaterra. El anuncio del primer embarazo en febrero del 2020, justo cuando la pandemia por el coronavirus empezaba a paralizar el mundo y la llegada de área el 21 de julio del 2020.

Una bebé sana, 5,G5, ojos oscuros como los del papá. 4 meses después, el 29 de noviembre del 2020, un domingo, Emirates Stadium de Londres, aquel choque contra David Luis, el sonido del golpe que en uno Espíritu Santo jamás olvidó y la placa de titanio en el cráneo del delantero mexicano. Y aquí llegamos al momento oscuro que casi ningún medio deportivo mexicano publicó completo durante los últimos 5 años.

Porque cuando Daniel Avaso estaba amamantando a su bebé Aria frente al televisor de la sala de Wolverhampton con las palabras Raúl está muy mal retumbando en inglés en el silencio del departamento, sonó el teléfono celular de la actriz mexicana. Al otro lado de la línea, un cirujano británico del Hospital Central de Londres, con voz seca, con acento inglés, cerrado, con la información más brutal que Daniel Abazo iba a escuchar en toda su vida.

 Lo difícil para mí fue cuando me llamaron en el coche y me dijeron, “Lo vamos a operar.” Y yo, “Espérame, con autorización de ¿quién?” Y me dijeron, “Con autorización de nadie. ¿Lo operamos o se muere? ¿Lo operamos o se muere?” Sin autorización de nadie, sin firma familiar, sin tiempo para consultar. El cirujano británico decidió abrir el cráneo del delantero mexicano en la sala de operaciones del hospital de Londres a las 11 de la noche del 29 de noviembre del 2020 con Daniel Baso arriba del auto, camino al hospital, con la bebé

aria en el asiento trasero, con la voz del cirujano británico diciendo la frase más dura que se puede escuchar del otro lado de una línea telefónica. ¿Lo operamos o se muere? Raúl Jiménez sufrió una fractura de cráneo. Fue sometido a una intervención quirúrgica de emergencia en un hospital de Londres. Le colocamos una placa de titanio para reforzar la zona de hueso dañada por el resto de su carrera profesional.

Sin la operación inmediata, el jugador no habría sobrevivido a las lesiones cerebrales del choque. Sin la operación, el jugador no habría sobrevivido. Y esa placa de titanio que el cirujano británico Matt Perry le metió al delantero mexicano en el cráneo. La lleva Raúl Jiménez, hoy escondida debajo de la vincha protectora que usa durante los partidos oficiales, junto con una cicatriz de 15 cm que le atraviesa el lado izquierdo de la cabeza.

placa de titanio, cicatriz de 15 cm, el resto de su carrera profesional y una bebé de 4 meses esperando en el asiento trasero del auto de la mamá a que el papá saliera vivo del hospital. Recuerdo cerrar los ojos y solo pensar, “Por favor, muévete. Muévete aunque sea un poco, solo para saber que estás vivo. Por favor, muévete aunque sea un poco, solo para saber que estás vivo.

” Y aquí llegamos al momento silencioso más brutal de toda esta historia. Porque cuando Raúl Jiménez despertó en el hospital de Londres al día siguiente, el lunes 30 de noviembre del 2020 por la mañana, con la placa de titanio metida en la cabeza, con la cicatriz recién cocida sobre el cráneo, con Daniel Avaso al pie de la cama del cuarto de recuperación, el delantero mexicano no recordaba nada, ni el partido contra el Arsenal, ni el choque con David Luis.

 No recordaba el traslado en ambulancia. ni la operación de urgencia. No recordaba la llegada al Hospital Central de Londres. Ni siquiera el propio día 29 de noviembre, desde que se levantó por la mañana en la casa familiar de Wolverhampton, el cerebro del futbolista mexicano había borrado 7 días completos de su vida.

 No recuerdo ir hacia ese corner, no recuerdo el partido de aquel día. Recuerdo llegar al estadio, salir a ver el césped, volver al vestuario y nada más. Es como si no hubiera existido nada para mí durante toda esa semana. Como si no hubiera existido nada para mí durante toda esa semana. Siete días completos borrados del cerebro del delantero mexicano, como si el disco duro se hubiera formateado, como si el capítulo entero de la vida de Raúl Jiménez entre el lunes 23 y el domingo 29 de noviembre del 2020 se hubiera evaporado dentro de la fractura de

cráneo. Y en esa semana borrada estaban guardados los últimos momentos del papá con su bebé recién nacida antes del accidente. La última vez que Raúl Jiménez le dio el biberón a Arya en la casa familiar de Wolverhampton. La última vez que la cargó dormida encima del pecho. La última vez que le habló durante la madrugada mientras su esposa Daniela Baso, descansaba en la habitación.

 Todo eso borrado para siempre. Y aquí viene el momento oscuro que ningún medio deportivo mexicano publicó completo. Dos. Porque hay una sola persona dentro de la familia Jiménez Baso, que carga esos 7 días de por vida. La única que recuerda cada minuto de esa semana borrada del cerebro del delantero mexicano. Daniela Baso, la actriz de Televisa, la madre de Aria, la esposa que amamantaba a su bebé de 4 meses la tarde del 29 de noviembre del 2020 cuando el cirujano británico la llamó por teléfono para decirle, “¿Lo operamos o se muere?” Ella es la única

persona en el mundo que recuerda cada detalle de esos 7 días. Y esos 7 días que Daniela Baso carga sola. Son los 7 días que Raúl Jiménez le pregunta con voz baja cada vez que están sentados solos en la sala de la casa familiar, como si necesitara escuchar los detalles de la vida que él mismo vivió y que su cerebro se llevó dentro de la fractura de cráneo del Emirates Stadium.

 Cuéntame otra vez qué hacíamos ese lunes. Cuéntame otra vez qué le dije a Aria el jueves antes del partido. Cuéntame otra vez cómo estaba el clima en Wolverhampton la mañana del domingo. Cuéntame otra vez. Cuando Raúl volvió a casa después de la operación, no recordaba nada, ni siquiera los días previos.

 Yo tuve que contarle todo y todavía hoy, 5 años después, me pregunta detalles de esa semana, como si estuviera reconstruyendo un pedazo de su vida que se le perdió. Reconstruyendo un pedazo de su vida que se le perdió. Y esa es la razón oscura por la que Daniela Baso, la actriz mexicana de Televisa, dejó atrás su carrera profesional, sus proyectos con la televisora, su vida propia dentro del mundo del entretenimiento, su regreso a las novelas mexicanas del canal de las estrellas, porque el delantero mexicano necesitaba una sola persona en el mundo,

alguien que cargara con esos siete días borrados, alguien que le contara los detalles cada vez que él lo pidiera, alguien que fuera la memoria de la semana que su cerebro se llevó y esa persona era ella. Pero para entender qué le pasó a Raúl Jiménez en los meses siguientes al accidente del cráneo, para entender por qué el delantero mexicano decidió volver a jugar sabiendo que otro golpe en la cabeza podía costarle la vida.

 Y para entender qué pasó en el vestidor de la selección mexicana cuando el Vasco Aguirre y los directivos de la Federación Mexicana lo llamaron para el mundial de Qatar 2022. Tienes que retroceder 5 meses después de la operación a la sala de fisioterapia del Wolverhampton. Un lunes 5 de abril del 2021 por la tarde con el delantero mexicano de vuelta caminando con dificultad, con la cicatriz de 15 cm todavía en carne viva y con una decisión brutal que el propio Raúl Jiménez iba a tomar frente al doctor titular del club inglés. La decisión que casi ningún

medio deportivo publicó completa durante los últimos 5 años. La decisión que hoy carga dentro de la cabeza junto con la placa de titanio metida en el cráneo, junto con la cicatriz escondida bajo la vincha protectora y junto con los siete días borrados que solo Daniel Avaso recuerda por él.

 A esa tarde de abril del 2021 vamos a llegar completa en los próximos minutos de este video. Regresemos al 5 de abril del 2021, un lunes por la tarde. Sala de fisioterapia del Wolverhampton. con 4 meses y 7 días desde la operación quirúrgica del cráneo con la placa de titanio ya soldada dentro de la cabeza del delantero mexicano con la cicatriz de 15 cm cerrada del lado izquierdo del cuero cabelludo y con el doctor titular del club inglés Matt Perry, sentado frente al futbolista mexicano en el cuarto privado de exploración médica. Al otro

lado del escritorio, Raúl Jiménez, 30 años recién cumplidos, camiseta blanca del club rojo y negro, vincha elástica negra tapando la zona de la operación y una pregunta dando vueltas dentro de la cabeza. La pregunta que ningún medio deportivo mexicano publicó completa durante los últimos 5 años.

 La fractura de cráneo ha sanado completamente. Usará una protección en la cabeza para reforzar el área de hueso dañado por el resto de su carrera. Pero un segundo golpe en la misma zona podría tener consecuencias graves para la vida del jugador. Debe entender el riesgo antes de firmar el alta médica, consecuencias graves para la vida del jugador.

 Y ahí dentro de esa sala de fisioterapia del Wolverhampton con el Dr. Matt Perry esperando la respuesta del delantero mexicano con Daniel Abazo al teléfono desde la casa familiar. Con la bebé Aria de 8 meses dormida en la cuna del segundo piso, Raúl Jiménez tomó la decisión más brutal de su carrera profesional, firmó el Alta Médica.

 Y esa afirma que Raúl Jiménez estampó frente al doctor titular del Wolverhampton el 5 de abril del 2021. Iba a marcar el resto de su vida deportiva y personal. con una razón oscura que el propio delantero mexicano tardó 5 años en confesar frente a un micrófono. Volví a jugar por mi hija Aria. Sencillo.

 Yo no quería que ella creciera sin recordar a su papá en una cancha de fútbol. La bebé me había visto una sola vez antes del accidente y la decisión fue clara. iba a jugar para que ella tuviera un recuerdo mío con una camiseta puesta, aunque cada partido pudiera ser el último. Aunque cada partido pudiera ser el último, para que la bebé Aria tuviera un recuerdo del papá con la camiseta puesta, con la vincha protectora encima, con la placa de titanio en el cráneo, con la cicatriz de 15 cm escondida bajo la banda elástica del club rojin negro, con el

riesgo de que un segundo choque contra otro defensor durante un partido oficial de la Premier League le costara la vida al futbolista mexicano. Y esa decisión brutal de Raúl Jiménez, firmada en la sala de fisioterapia del Wolverhampton el 5 de abril del 2021, fue la razón por la que el delantero mexicano volvió a saltar al céspedineux el 28 de agosto del 2021, un sábado por la tarde contra el Manchester United, con la vincha protectora estrenada, con la placa de titanio soldada y con la afición inglesa del Wolverhampton

cantando su nombre desde la grada. 336 días completos después del accidente contra el brasileño David Leis en el Emirates Stadium y con Daniela Baso, viendo el partido del regreso desde la sala de la casa familiar de Wolverhampton con la bebé en los brazos, 13 meses cumplidos y con los ojos oscuros de la niña fijos en la televisión, viendo por primera vez al papá con la camiseta puesta en una cancha de fútbol.

 La primera vez que Aria vio a su papá jugar fútbol fue el 28 de agosto del 2021 desde el sillón de la casa familiar de Wolverhampton con Daniela cargándola y con la voz del comentarista inglés diciendo desde el televisor, “Raúl Jiménez is back.” El lobo de Tepeji volvió y con ese regreso, con la vincha protectora estrenada, con la placa de titanio soldada en el cráneo, el delantero mexicano fue recuperando el nivel deportivo durante los siguientes 12 meses con siete goles en la temporada 2021-2022 de la Premier League con la titularidad

recuperada en el banquillo del Wolverhampton y con una nueva convocatoria a la selección mexicana. Camino a Qatar 2022. El mundial que el papá del delantero mexicano llevaba 10 años completos esperando desde el sillón de la casa familiar de Tepeji del Río, Hidalgo. El mundial donde Raúl Jiménez Vega, el obrero de 62 años, iba a ver por primera vez a su hijo marcar un gol con la camiseta del Tri en una Copa del Mundo.

 Pero eso no iba a suceder en Qatar porque el 15 de septiembre del 2022, dos meses antes del debut mundialista del Tri contra Polonia, Raúl Jiménez sufrió una nueva lesión en un partido oficial de la Premier League, una pubalgia en la inglzierda con la Federación Mexicana esperando la recuperación desde las oficinas centrales de Avenida Colonia del Valle y con el argentino Gerardo Tata Martino, entonces director técnico del TRI.

apostando por la recuperación del delantero mexicano contra reloj. La pubalgia no se curaba. Las semanas pasaban. Raúl Jiménez apenas entrenaba con el Wolverhampton y el Mundial de Qatar 2022 se acercaba en el calendario. Y aquí llegamos a la traición que el propio delantero mexicano nunca perdonó del cuerpo técnico argentino del Tri.

 La traición que Raúl Jiménez confesó completa 5 años después dentro del documental La selección está en tus manos del canal Claro Sports. El Tata Martino, con la lesión de la pubalgia todavía activa en el cuerpo del delantero mexicano, decidió llevarlo al Mundial de Qatar 2022. roto. La incertidumbre siempre está presente porque el tema de la pubalgia es muy repentino.

 Hoy no lo tengo, mañana vuelve a aparecer. Pero notamos en Raúl un cambio rotundo desde Los Ángeles hasta hoy. Lo vamos a llevar a Qatar 2022 con la selección mexicana. Lo vamos a llevar a Catar 2022 con la lesión de la pubalgia todavía activa en el cuerpo del delantero mexicano, con el riesgo de que el jugador no aguantara los tres partidos de la fase de grupos y con el propio Raúl Jiménez subido al avión oficial de la Federación Mexicana rumbo a Doja, Qatar, el 12 de noviembre del 2022, un sábado por la mañana, desde el aeropuerto internacional de la Ciudad de

México con la placa de titanio en el cráneo, con la pubalgia activa en la ingl y con el sueño del papá Raúl Jiménez Vega, grabado en el pecho del delantero mexicano que elijo marcara un gol en la Copa del Mundo de Qatar 2022. Pero ese sueño se derrumbó en el vestidor de la selección mexicana durante las primeras semanas del mundial con el Tata Martino apostando por el delantero yucateco Henry Martín como titular y con Raúl Jiménez sentado en la banca con la pubalgia sin curarse.

 El pueblo mexicano vio por Televisa como el lobo de Tepeji apenas tuvo minutos en el estadio Lusail y del estadio 974 de Doja, debut contra Polonia. Empate 0 a0. Raúl Jiménez entró desde la banca al minuto 68, en cambio por Henry Martín. Segundo partido contra Argentina, derrota 0 a 2.

 Raúl Jiménez entró desde la banca al minuto 85 sin oportunidades claras en el área del arquero Emiliano Martínez. Tercer partido contra Arabia Saudita, victoria 2 a 1. Raúl Jiménez arrancó como titular por primera vez dentro del Mundial. Solo aguantó 45 minutos completos por la pubalgia activa y salió del terreno de juego durante el descanso del vestidor mexicano sin marcar un solo gol dentro del Mundial de Qatar 2022.

 con la eliminación oficial del tri mexicano dentro de la fase de grupos, por primera vez en la historia del pueblo mexicano moderno desde el año 78 con Ángel Fernández narrando por Televisa el fracaso del tri desde la cabina del estadio Lusail y con el pueblo mexicano llorando en las cantinas del país durante toda la noche del sábado 26 de noviembre del 2022.

 Y ese pueblo mexicano que había esperado durante 20 años el regreso del tri a un quinto partido mundialista que había financiado la Copa Mundial de la FIFA con Impuestos Federales, que había visto por Televisa cada partido del Mundial de Qatar 2022 desde la sala de su casa. Ese mismo pueblo mexicano lo linchó.

 Raúl Jiménez no debió haber ido al Mundial de Qatar 2022. La lesión de la pubalgia estaba activa. El delantero mexicano no estaba al 100% y el Tata Martino cometió el error histórico de llevarlo roto para taparle el sueño familiar con el pueblo mexicano pagando después en las cantinas la factura del fracaso del TRI con el pueblo mexicano pagando la factura del fracaso del TRI.

 Y en esa factura con el nombre del delantero mexicano subrayado en las páginas deportivas de Excelsor, Milenio, Récord y la jornada durante toda la semana, con miles de mexicanos escribiendo comentarios brutales en las redes sociales del futbolista y con memes crueles compartidos desde la Ciudad de México hasta Los Ángeles. Raúl Jiménez recibió el linchamiento más brutal de su carrera profesional.

 Peor que el accidente del cráneo, peor que los siete días borrados y peor que la placa de titanio metida dentro de la cabeza, porque el pueblo mexicano lo culpó por el fracaso mundialista del TRI. Éramos como soldados, como si estuviéramos en el ejército. Era un régimen militar, no podíamos hacer nada. No estoy diciendo que nos trataran como vivos y que hiciéramos lo que quisiéramos, pero era demasiado.

 La confianza en el vestidor se rompió durante el mundial y salimos todos con la sensación de que algo estaba mal desde antes de subirnos al avión. Un régimen militar en el vestidor de la selección mexicana con la confianza rota entre jugadores y cuerpo técnico argentino. Con Raúl Jiménez subido al avión de la Federación Mexicana con la lesión de la pubalgia activa y con el fracaso mundialista dentro de la fase de grupos por primera vez desde el año 78.

Esa fue la traición que el Tata Martino le hizo al delantero mexicano y esa fue la razón oscura por la que Raúl Jiménez volvió a Wolverhampton. el 4 de diciembre del 2022 con la cabeza baja, con la vincha protectora dentro de la maleta, con la pubalgia todavía activa en la inglé y con el papá Raúl Jiménez Vega esperándolo en la casa familiar de Tepeji del Río, Hidalgo, con una tos seca desde hacía 3 meses, con dolores dentro del abdomen cada vez más frecuentes y con un diagnóstico médico que los doctores del Hospital Ángeles

del Distrito Federal iban a confirmar durante la siguiente semanas cáncer, pero antes de llegar al diagnóstico, antes del Hospital Ángeles, antes de la habitación privada, donde el papá del delantero mexicano iba a esperar la muerte durante los siguientes 14 meses, Raúl Jiménez tomó una decisión brutal frente a la directiva del Wolverhampton, que iba a marcar su vida profesional durante los siguientes 3 años completos: salir del Wolverhampton, salir del club inglés, donde había recuperado la vida después del cráneo destrozado del

Emirates Stadium y del vestidor rojo y negro donde la afición lo cantaba desde las gradas de Molly y firmar con el Fullam de la Premier League inglesa el 26 de julio del 2023, un miércoles por la tarde, 9. en las oficinas centrales del club londinense con 20 millones de euros de traspaso, con un contrato de tres temporadas y con la mudanza familiar desde Wolverhampton hasta el barrio de Craven Cotage de Londres con Daniela Baso, con Aria de 3 años cumplidos y con el segundo bebé de la pareja mexicana, Ander, recién nacido en un hospital

privado del pueblo inglés en julio del 2022 y con el papá Raúl Jiménez Vega, allá del Distrito Federal Mexicano, con el diagnóstico médico ya confirmado en el expediente clínico del Hospital Ángeles, cáncer de páncreas, el diagnóstico más brutal que un médico puede darle a un paciente de 62 años. Y ese diagnóstico firmado en el expediente clínico del papá del delantero mexicano en enero del 2025, iba a marcar los últimos 14 meses de la vida del obrero de Tepeji del Río, Hidalgo, con la promesa del hijo dando vueltas en la

habitación del hospital, ver al hijo marcar un gol en un mundial y esa promesa con el reloj del cáncer corriendo en el cuerpo del papá, con el mundial 2026 organizado por la FIFA a menos de 18 meses de distancia con Raúl Jiménez firmando con el Fulan para tener minutos oficiales rumbo a la cita mundialista, se convirtió en la carrera contrarreloj más brutal de la vida del delantero mexicano.

 A esa carrera contrarreloj, con el papá muriendo en el hospital del Distrito Federal, con el hijo entrenando dentro de Londres para llegar al Mundial 2026. Vamos a llegar completa dentro de los próximos minutos de este video. Regresemos al 26 de julio del 2023, miércoles por la tarde. Raven Cotage, Londres con Raúl Jiménez, firmando el contrato de tres temporadas con el Fullham de la Premier League, 20 millones de euros de traspaso, salario garantizado y la mudanza familiar desde Wolverhampton hasta el barrio elegante del oeste londinense con Daniel Avaso

preparando cajas dentro de la casa vieja del lobo de Tepei, con la niña Arriebles, con el bebé Ander de un año recién nacido en una cuna dorada y con una llamada telefónica desde el Distrito Federal. Al otro lado de la línea, la voz cansada del papá Raúl Jiménez Vega, el obrero de 62 años, con síntomas en el cuerpo que llevaban 3 meses ignorando en la casa familiar de Tepeji del Río, Hidalgo, tos seca, dolor abdominal, pérdida de peso y con una noticia que iba a marcar los siguientes 14 meses de la vida del delantero mexicano, los

doctores del Hospital Ángeles del Distrito Federal habían encontrado Cáncer de páncreas. Cuando el doctor me dio el diagnóstico en la habitación del Hospital Ángeles, lo primero que pensé fue en Raúl, en que no iba a llegar a ver a mi hijo marcar un gol en un mundial de la FIFA. Y lloré, no por mí, por él, porque era el único sueño familiar que nos quedaba pendiente.

 El único sueño familiar que nos quedaba pendiente. Ver al hijo marcar un gol en un mundial de la FIFA con el cáncer de páncreas del papá corriendo en el cuerpo del obrero mexicano con el reloj del mundial 2026 marcando el calendario y con Raúl Jiménez a 7000 km de distancia. a la cita en el apartamento familiar de Londres, firmando el contrato con el Fulan para tener minutos oficiales durante los siguientes 3 años.

 Camino a la Copa del Mundo. Durante los siguientes 12 meses de la vida del delantero mexicano, del verano del 2023 hasta el verano del 2024, Raúl Jiménez viajó 12 veces desde Londres hasta el Distrito Federal para acompañar al papá durante las sesiones de quimioterapia en el Hospital Ángeles. Cada vez que tenía descanso del Fulham y en cada fecha FIFA sin partido oficial de la selección mexicana.

 También en Navidades y en los cumpleaños del obrero de Tepeji del Río, el delantero mexicano cargaba al papá enfermo en el elevador del Hospital Ángeles. Le sostenía la mano durante las sesiones de quimioterapia y le prometía en la habitación privada que iba a marcar un gol dentro del Mundial 2026. Le prometí a mi papá en el Hospital Ángeles que le iba a dedicar un gol dentro del Mundial 2026.

 Se lo repetía cada vez que lo visitaba. Aunque los dos sabíamos que el cáncer estaba avanzando en el cuerpo y aunque los dos sabíamos que el reloj estaba corriendo contra nosotros, el reloj estaba corriendo contra los dos. Y en junio del 2025, con 12 meses de quimioterapia en el cuerpo del papá, con el cáncer de páncreas todavía activo dentro del estómago, con dolores cada vez más intensos durante las noches del Distrito Federal, Raúl Jiménez Vega tomó una decisión brutal.

Aceptó una entrevista con la cadena deportiva ESPN Deportes durante la Copa Oro del 2025. El papá enfermo de 62 años con el cáncer de páncreas visible en las mejillas hundidas, con las bolsas oscuras bajo los ojos por la quimioterapia, con el pelo blanco encanecido por la enfermedad, frente al micrófono del reportero de ESPN Deportes, en la sala privada del hotel de concentración de la selección mexicana en Los Ángeles, California, y con una sola frase que iba a marcar la memoria del pueblo mexicano durante los

siguientes 12 meses. La frase que hoy toda la afición del tri mexicano recuerda con detalle la frase que el papá enfermo pronunció frente a las cámaras de la televisora estadounidense. Esperemos que se logre el gol en la Copa del Mundo. Es algo que nos falta. Es lo único que nos falta como familia. Yo espero llegar hasta esa fecha, aunque los doctores me dicen que el cáncer está avanzando, pero yo tengo fe en mi hijo Raúl y sé que me va a dar ese regalo dentro del mundial 2026.

Dos. Yo espero llegar hasta esa fecha con el cáncer de páncreas activo en el cuerpo del papá con 12 meses de quimioterapia gastados en el Hospital Ángeles con la frase pronunciada frente a los micrófonos de ESPN Deportes durante la Copa Oro del 2025 y con la fe familiar depositada en el pecho del delantero mexicano.

 Yo espero llegar hasta esa fecha, pero no llegó porque el 11 de marzo del 2026, un miércoles por la noche, en la habitación privada del Hospital Ángeles del Distrito Federal Mexicano con la familia Jiménez Vega, reunida alrededor de la cama del obrero mexicano, con las velas encendidas frente al retrato de la Virgen de Guadalupe y con el papá durmiendo bajo los efectos de la morfina hospitalaria, Raúl Jiménez Vega murió 62 años cumplidos.

 Cáncer de páncreas, 14 meses de quimioterapia y 92 días exactos antes del inicio del mundial 2026 organizado por la FIFA dentro del pueblo estadounidense, canadiense y mexicano. 92 días antes del Mundial, el papá se fue sin ver el gol prometido en la habitación del Hospital Ángeles. Y aquí llegamos al momento oscuro más brutal de toda esta historia, porque cuando el papá del delantero mexicano murió en el Hospital Ángeles la noche del 11 de marzo del 2026, Raúl Jiménez estaba a 7,000 km de distancia en el vestidor del Fulham de Londres, preparando el partido

del domingo siguiente contra el Southampton de la Premier League, con la maleta de viaje ya preparada, con los boletos de avión listos para Manchester y con el teléfono celular apagado dentro de la mesita de noche del hotel de concentración del club londinense, cuando encendió el teléfono a las 5 de la madrugada del jueves 12 de marzo del 2026 con la voz de Daniel Avaso al otro lado de la línea con las palabras del entrenador del Fullham, Marco Silva, confirmándole la noticia con los ojos oscuros de Aria, la niña de 5 años

mirándolo desde la cama familiar del apartamento londinense. El delantero mexicano supo que su papá había muerto y supo también que no iba a llegar al funeral porque el vuelo directo desde Londres hasta Ciudad de México tardaba 11 horas con conexión en Estados Unidos, con protocolo de sanidad británico, con permiso obligatorio del Fullham para faltar al partido del domingo contra el Southampton.

 Y con la ceremonia funeraria del papá programada para el jueves 12 de marzo a las 13 horas en la parroquia de San Francisco de Asís de Tepeji del Río, Hidalgo, el delantero mexicano no iba a alcanzar el funeral. Según fuentes consultadas por este medio, Raúl Jiménez no estuvo presente en la ceremonia funeraria de su padre en la parroquia de San Francisco de Asís de Tepeji del Río, Hidalgo.

 El delantero mexicano permanecía en Londres cumpliendo compromisos. con el Fulam. La familia Jiménez Vega despidió al obrero mexicano sin la presencia del hijo mayor en el panteón San Juan Tlacsapa. Sin la presencia del hijo mayor en el panteón San Juan Tlaxapa, el pueblo mexicano de Tepeji del Río despidió al papá del delantero de la selección mexicana con la esposa del obrero llorando frente al ataú, con los hermanos cargando el féretro hasta la fosa familiar, con los vecinos del barrio rezando el rosario en la

parroquia de San Francisco de Asís y con la única silla vacía en la primera fila de la ceremonia, la silla que le correspondía al hijo mayor al que jugaba en Europa, al que iba a marcar el gol prometido dentro del Mundial. 2026, Raúl Jiménez no estuvo en el funeral y esa ausencia en la parroquia de San Francisco de Asís de Tepeji del Río Hidalgo iba a marcar la vida deportiva del delantero mexicano durante los siguientes 3 meses con el peso familiar en el pecho, con la promesa del gol pendiente dentro de la cabeza, con

el reloj del Mundial 2026 corriendo contra el luto. Y aquí llegamos al momento más brutal de toda esta historia. Porque el papá enfermo en el Hospital Ángeles había pronunciado una segunda frase frente a los micrófonos de SPN Deportes durante la Copa Oro del 2025. La frase que casi ningún medio deportivo mexicano publicó completa durante los siguientes 12 meses.

 Cuando Raúl sufrió el accidente del cráneo en el Emirates Stadium de Londres en el año 2020. Primero pensamos en su vida. Después dijeron los doctores que quizá nunca volvería a jugar fútbol, pero lo esencial era que Raúl estuviera bien. Yo le prometí en el hospital que si volvía a jugar fútbol iba a estar frente a la televisión viendo cada uno de sus partidos hasta el último día de mi vida.

Hasta el último día de mi vida. Y el papá cumplió esa promesa durante los 64 meses siguientes al accidente del cráneo del delantero mexicano, desde el 30 de noviembre del 2020 hasta el 11 de marzo del 2026. El obrero de Tepeji del Río, Hidalgo, no se perdió un solo partido del hijo dentro del Wolverhampton primero y del Fullham después.

 Ni un solo partido de la selección mexicana, ni un solo partido oficial de la Copa Oro, la Liga de Naciones de la CONCACAF o los amistosos internacionales. Cada partido frente al televisor de la sala familiar de Tepeji del Río, con la cerveza fría dentro de la mano, con el Rosario de la Virgen de Guadalupe encima de la mesa y con la voz de Ángel Fernández narrando desde la cabina de Televisa para el pueblo mexicano hasta el 11 de marzo del 2026.

 Y a partir de ese día, la silla del papá en la sala familiar de Tepeji del Río Hidalgo, quedó vacía, con la cerveza fría sin tomarse, con el Rosario de la Virgen de Guadalupe encima de la mesa y con el televisor apagado en el silencio de la casa y con el Mundial 2026 a punto de arrancar dentro del suelo mexicano. Y aquí llegamos a la escena que el pueblo mexicano vio en vivo por Televisa en la sala de su casa la tarde del 11 de junio del 2026. Un jueves 16. Un jueves.

Estadio Ciudad de México, previamente conocido como Estadio Azteca. Partido inaugural del Mundial de la FIFA 2026. México contra Sudáfrica con 80,000 aficionados mexicanos en el coloso de Santa Úrsula. con 200 millones de latinoamericanos frente a la televisión, con el Vasco Aguirre dentro de la banca de la selección mexicana, con Rafael Márquez Álvarez de asistente técnico bajo el mismo banquillo y con Raúl Jiménez de titular del tri mexicano, playera número nueve, al minuto 13 del primer tiempo, con el marcador 1 a0 a

favor de México, un centro del defensor Jorge Sánchez desde la banda derecha del terreno de juego, un balón alto que caía por el segundo palo del arco sudafricano y una figura vestida de verde saltando en el área grande del pueblo mexicano. El nueve del tri mexicano. Raúl Jiménez conectó de cabeza el centro de Jorge Sánchez con la placa de titanio en el cráneo, con la vincha protectora tapando la cicatriz de 15 cm, con el sueño familiar en el pecho y con la memoria del papá enfermo del Hospital Ángeles dando vueltas dentro de la cabeza

durante los 3 segundos que el balón viajó desde la cabeza del delantero hasta la red del arquero sudafricano Ronwen Williams. ¡Gol! 2 a0. México adelante. Estadio Ciudad de México reventado. Ángel Fernández gritando, gol de Raúl Jiménez desde la cabina de Televisa. El pueblo mexicano llorando frente al televisor y el propio delantero mexicano corriendo hacia la esquina del terreno de juego, con los brazos levantados hacia el cielo, con las lágrimas escurriendo por las mejillas, con la boca abierta gritando una sola palabra en el silencio de la

cámara oficial. Papá, 40 minutos después con el partido oficial ya terminado, con la victoria 2 a0 registrada en el libro oficial de la Copa del Mundo, con el vestidor mexicano celebrando el debut mundialista del tri, Raúl Jiménez concedió una entrevista en la mixta Zone del estadio Ciudad de México frente a los micrófonos de Televisa y ESPN Deportes.

 Este gol se lo dedico a mi padre. Él se fue hace exactamente 3 meses y no pudo verlo, pero yo sé que lo está viendo desde allá arriba. Le prometí este gol en el hospital durante la última visita antes de que muriera y hoy le cumplí la promesa. Aunque llegó tarde, aunque no pudo verme marcarlo en el Estadio Azteca, yo sé que él está feliz, aunque llegó tarde, 92 días exactos entre la muerte del papá en el Hospital Ángeles del Distrito Federal el 11 de marzo del 2026 y el gol prometido en el estadio Ciudad de México el 11 de junio del 2026. 92 días, 3 meses

cumplidos con la fecha exacta, cerrando el círculo en el calendario del pueblo mexicano y con el papá enfermo allá en el panteón San Juan Tlacsapa de Tepeji del Río, Hidalgo, sin poder ver el gol prometido en el coloso de Santa Úrsula. La promesa se cumplió, pero llegó 90 días tarde.

 Y aquí llegamos al momento oscuro final de toda esta historia, porque cuando Raúl Jiménez cabeceó el gol en el estadio Ciudad de México la tarde del 11 de junio del 2026 con la placa de titanio metida en el cráneo, con la cicatriz de 15 cm tapada bajo la vincha protectora, con las lágrimas escurriendo por las mejillas del futbolista mexicano.

 En la grada preferente del coloso de Santa Úrsula había una niña de 5 años cumplidos, vestida con la playera verde de la selección mexicana, con el número nueve estampado en la espalda y el nombre Jiménez impreso encima, con los ojos oscuros, idénticos a los del papá y con la mano derecha señalando al cielo, igual que Raúl, Aria Jiménez Baso, la bebé de 4 meses que la noche del 29 de noviembre del 2020 estaba amamantando en los brazos de Daniel Abazo frente al televisor de la sala familiar de Wolverhampton cuando el cirujano

británico llamó por teléfono para decir, “Lo operamos o se muere.” La niña que había crecido durante los últimos 5 años viendo al papá con la vincha protectora dentro de cada partido oficial de la Premier League. La única persona en el coloso de Santa Úrsula que iba a recordar el gol del debut mundialista del papá durante el resto de su vida con el abuelo Raúl Jiménez Vega, muerto 3 meses antes, sin poder verla en el estadio Ciudad de México y sin poder cerrar el círculo familiar en el coloso de Santa Úrsula del Pueblo Mexicano.

Tres generaciones en el estadio Azteca la tarde del 11 de junio del 2026 con una ausente, la del abuelo. y esa ausencia en el coloso de Santa Úrsula, con el asiento vacío al lado de Daniel Avaso en la grada preferente con la playera verde del papá enfermo colgada en el ropero familiar de Tepei del Río Hidalgo, con el retrato del obrero mexicano encima del televisor apagado de la sala familiar.

 Es la razón por la que hoy toda la afición mexicana mayor de 55 años recuerda el gol del 11 de junio del 2026 con detalle. Porque ese gol no fue solo delantero mexicano, ese gol también fue del papá que se fue 92 días antes, del obrero de 62 años que murió sin ver cumplida la promesa familiar del hombre que enseñó a Raúl a patear un balón dentro de la escuela infantil del Cruz Azul, del héroe de la casa familiar de Tepeji del Río.

 Ese gol también fue de Raúl Jiménez Vega y cuando el delantero mexicano cabeceó el balón en el área grande del arco sudafricano con la cabeza donde tiene la placa de titanio soldada, con la cicatriz de 15 cm tapada por la vincha, con las lágrimas ya listas para escurrir hacia el pasto del coloso de Santa Úrsula, estaba pagando una deuda familiar que arrastraba desde el año 2013, desde La chilena contra Panamá del estadio Azteca, Cuando el papá gritó desde el sillón de la casa familiar de Tepei del Río y los vecinos vinieron a preguntar qué había pasado

cuando el papá pronunció por primera vez la frase que iba a marcar la historia familiar durante los siguientes 13 años completos que un día iba a marcar en un mundial, 13 años después, con la placa de titanio en el cráneo y la cicatriz de 15 cm escondida bajo la vincha, con la promesa cumplida en el coloso de Santa Úrsula y con área de 5 años en la grada preferente cargada por Daniel Abazo y con el papá muerto 92 días antes sin poder verlo.

 Esa es la historia completa del hombre que sobrevivió al cráneo destrozado del Emirates Stadium de Londres, que aguantó los siete días borrados que solo su esposa Daniela Baso, carga sola, que soportó el hinchamiento del pueblo mexicano después del fracaso del mundial de Qatar 2022 y que hoy carga en el pecho la ausencia del papá muerto 92 días antes del gol prometido.

 Raúl Jiménez, Tepeji del Río, Hidalgo, Lontrés, 5 de mayo del 91, 35 años cumplidos. Oro olímpico de Londres, 2012. Máximo goleador mexicano de la historia de la Premier League inglesa, el nueve titular de la selección mexicana, con la placa de titanio soldada en el cráneo por el resto de su carrera profesional y con una promesa familiar cumplida 92 días tarde en el coloso de Santa Úrsula del Pueblo Mexicano.

 Si tú sientes la emoción colectiva del pueblo mexicano frente al gol dedicado del delantero mexicano en el coloso de Santa Úrsula, dale un me gusta a este video. Comparte con un familiar mayor de 55 años que haya vivido el fracaso mundialista del tri en Qatar 2022 y la resurrección del lobo de Tepeji en el estadio Azteca del 11 de junio del 2026.

 Y escribe en los comentarios la palabra papá. Si tú también has perdido a un ser querido antes de cumplir un sueño familiar. Y si tú, sentado frente al televisor de tu sala o alguien de tu familia está viviendo el duelo por la muerte reciente de un padre, de una madre, un hijo o un abuelo y sientes que la tristeza está siendo más fuerte que tú mismo, no cargues eso solo en el silencio.

 Marca desde tu teléfono al número gratuito de Saptel de la Ciudad de México. 800 290 0024 800 290 0024 Un servicio gratuito de atención psicológica confidencial las 24 horas del día, los 7 días de la semana en toda la República Mexicana. Suscríbete al canal Estrellas Caídas para conocer las oscuras verdades de los ídolos caídos del deporte mexicano y latinoamericano.

Cada semana subimos un documental biográfico completo dentro de este canal de YouTube. Nos vemos dentro del próximo documental del canal Estrellas Caídas.

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