Alguien nos puede rescatar. ¿Quieres decir algo, vida? Dile que cuiden a mi hijo. Vida. Cuidado a mi hijo. Si consiguen este teléfono. Esas imágenes rompen a cualquiera. Lo que acabas de ver fue grabado por una pareja de sobrevivientes en Venezuela, quienes pasaron más de 17 horas atrapados bajo las ruinas de lo que minutos antes llamaban hogar.
Ver a una madre pedir que cuiden a su hijo a través de un celular pensando que que es su última voluntad, nos hace agradecer a Dios y a la vida por lo que hoy tenemos, porque mañana no sabemos dónde vamos a despertar. Afortunadamente, los equipos de emergencia llegaron a tiempo y ambos, ambos fueron rescatados con vida. Pero este milagro es solamente el reflejo del infierno que miles de venezolanos sufrieron en carne propia.
Poco más de un minuto. Eso fue todo lo que necesitó la Tierra para sepultar los sueños de millones de venezolanos bajo toneladas de concreto y polvo. Las devastadoras imágenes de los edificios colapsando en Caracas y el suelo partiéndose en dos en la Guaira le dieron la vuelta al mundo como uno de los desastres naturales más brutales de la actualidad.
Y aunque pareciera que lo peor que le había pasado a Venezuela era el devastador terremoto, lo que sucedió en las horas siguientes es verdaderamente indignante, porque a diferencia de un desastre de la naturaleza, esto sí se podía controlar. Lo que vas a ver y a escuchar a continuación es el reflejo de cómo reaccionan las personas ante una desgracia.
Es donde se dividen las personas dispuestas a ayudar, las que empatizan. Pero también están las personas que esperan por este tipo de desgracias para hacer actos infames. Mientras los rescatistas, los adultos, los niños, los ancianos, todos escarvaban los escombros con sus propias manos para salvar a desconocidos, los criminales y los depredadores acechaban y esperaban el momento perfecto. ¿Sabes para qué? para atacar.
En las calles que estaban obscuras, bandas del crimen organizado aprovecharon el caos para saquear comercios y vaciar las casas de las familias que huían por temor y por sus vidas. En internet, el dolor de los venezolanos para los criminales se convirtió en un negocio millonario. Ejércitos de bots y desinformación con inteligencia artificial crearon tragedias falsas para manipular la empatía del mundo.

En cuestión de minutos, ciberdilincuentes clonaron portales humanitarios y lanzaron ataques masivos de fishing, robando identidades digitales y vaciando las cuentas de quienes solamente tenían una misión en mente en ese justo momento. Ayudar. ¿Cómo alguien puede estafar a otras personas que están dispuestas solamente a apoyar en medio de la catástrofe? Yo te pregunto y me pregunto, ¿cómo pueden dormir tranquilas estas personas? Pero eso eso fue el principio, solamente el principio, de una serie de hechos aberrantes. Después del caos del
terremoto, la realidad para muchas familias cambió. Muchas personas no tenían casa, no encontraban a sus familiares, lo habían perdido prácticamente todo. Fue entonces que se habilitaron refugios temporales para salvaguardar a las víctimas del terremoto. Pero en estos lugares con demasiada gente, la vulnerabilidad de cientos de niños desamparados y separados de sus padres atrajo de inmediato la mirada de redes criminales dedicadas a la trata de personas.
Al mismo tiempo, en otro punto del país, en los muelles, en las bodegas, toneladas de suministros internacionales se desvanecían en un mercado negro alimentado por la corrupción humanitaria, la corrupción más cruel, la más descarada. Esta es la historia de la catástrofe de Venezuela, una batalla donde la codicia no necesitó de armas para lucrar con el dolor humano, porque cuando la Tierra dejó de moverse, fue ahí.
Fue ahí donde realmente se reveló la maldad de algunas personas. El terremoto destruyó las estructuras de concreto, pero la miseria humana intentó destruir lo único que nos queda cuando lo hemos perdido prácticamente todo, la esperanza. Pero empecemos desde el principio. Eran las 6 de la tarde del miércoles 24 de junio de 2026.
y Venezuela vivía una jornada prácticamente normal. Miles de personas seguían trabajando, otras regresaban a sus casas y muchas familias ya comenzaban a preparar la cena del día a día. Nadie imaginaba que en cuestión de segundos el país entraría en una de las emergencias más graves registradas en las últimas décadas.
Lo que ocurrió no fue un terremoto cualquiera. Los sismógrafos registraron primero un movimiento de magnitud 7.2. En condiciones normales, un evento de esa intensidad ya habría sido suficiente para provocar una catástrofe. Sin embargo, apenas transcurrieron 39 segundos cuando un segundo terremoto todavía más potente de magnitud 7.
5 golpeó prácticamente la misma región de Venezuela. Los especialistas del Servicio Geológico de Estados Unidos clasificaron el fenómeno como un doblete sísmico, una situación extremadamente poco común en la que dos terremotos de gran magnitud ocurren casi al mismo tiempo y peor aún en la misma zona. Ojo, no se trata de una réplica.
No es una réplica. Fueron dos terremotos principales descargando una enorme cantidad de energía casi de manera simultánea. Esa diferencia fue determinante. Escucha esto. En un terremoto convencional, muchas estructuras logran soportar el impacto inicial. Aquí ocurrió algo distinto. Edificios que habían resistido el primer movimiento terminaron cediendo durante el segundo.
Personas que intentaban evacuar quedaron atrapadas cuando las construcciones simplemente comenzaron a desplomarse segundos después. La Tierra prácticamente no les dio tiempo para reaccionar. En ciudades como Caracas, La Guaira y otras localidades del norte venezolano, el suelo parecía no dejar de moverse.
Las imágenes captadas por cámaras de seguridad muestran personas intentando mantenerse de pie mientras postes, bardas y fachadas completas comenzaban a caer. En menos de un minuto, en segundos, miles de vidas cambiaron para siempre. Los análisis preliminares ubicaron el origen del fenómeno cerca del estado de Yaracui, con una profundidad aproximada de apenas 10 km, considerada relativamente superficial.
Esa característica hizo que la energía llegara con mucha mayor violencia hasta la superficie. La intensidad del movimiento se sintió prácticamente en todo Venezuela y en algunas partes fue más devastador e incluso fue percibido en otros países del Caribe. Sin embargo, las zonas más golpeadas fueron el estado de La Guaira y amplios sectores de Caracas, donde la combinación de alta densidad poblacional, edificios muy antiguos y un doble impacto sísmico, por supuesto, era obvio que iba a producir un escenario devastador. Muchos
inmuebles habían sido construidos décadas atrás bajo normativas muy diferentes a las que hoy tenemos. Otros presentaban deterioro acumulado por falta de mantenimiento. En fin, los edificios no estaban en condiciones de soportar dos terremotos. Cuando llegó el primer terremoto, numerosas estructuras simplemente comenzaron a fracturarse.
Cuando llegó el segundo, muchas simplemente dejaron de existir. A diferencia de otros desastres donde el daño se concentra en una sola zona, aquí hubo decenas de edificios afectados simultáneamente, lo que rebasó desde los primeros minutos la capacidad de respuesta de bomberos, protección civil y cuerpos de rescate.
Los equipos de emergencia no enfrentaban un solo derrumbe, enfrentaban decenas de derrumbes al mismo tiempo. Al día de hoy, las labores de búsqueda continúan y el número de víctimas, lamentablemente, sigue aumentando. Las autoridades venezolanas han informado de al menos 2,300 personas fallecidas, 11,000 lesionados y al menos 131 personas desaparecidas, cuyo paradero aún no ha podido establecerse.
Ojo, estos datos que te estoy dando son los datos que tenemos actualizados al momento de esta grabación. Ojalá, ojalá ya no crecieran estos datos. Decenas de personas seguían bajo los escombros durante los primeros días posteriores al desastre. Los daños materiales también son enormes. Las primeras evaluaciones elaboradas con apoyo de imágenes satelitales del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo estiman, escucha esto, pérdidas por miles de millones de dólares.
Cientos de edificios sufrieron daños estructurales y una parte muy importante colapsó completamente, obligando a evacuar barrios enteros por el riesgo a nuevos derrumbes o a un nuevo sismo. A estas cifras hay que sumar miles de familias que perdieron absolutamente todo. casas, automóviles, negocios, documentos, prácticamente recuerdos de toda una vida, pero sobre todo perdieron la tranquilidad de saber que tendrían un lugar seguro al cual regresar por la noche.
Los primeros minutos después del doble terremoto fueron de absoluta confusión y es normal, las comunicaciones comenzaron a fallar. El suministro eléctrico se interrumpió en distintos sectores y las líneas telefónicas colapsaron por la enorme cantidad de llamadas y mensajes emitidos simultáneamente. Las ambulancias no eran suficientes y los hospitales comenzaron a recibir heridos sin descanso.
Mientras tanto, cientos de personas iniciaban por su propia cuenta la búscara de familiares atrapados bajo toneladas de escombros. Muchos rescates comenzaron sin maquinaria pesada. Fueron vecinos, familiares, comerciantes, cualquier persona que pasaba usando únicamente sus manos quienes empezaron a hacer todos este tipo de movimientos y rescates.
Intentaban abrir pequeños espacios entre los escombros para escuchar escuchar los gritos de las personas atrapadas. Conforme pasaban las horas, comenzaron a llegar rescatistas nacionales e internacionales, incluidos equipos especializados provenientes de distintos países. México, por supuesto, también colaboró. Sin embargo, la magnitud del desastre superaba cualquier capacidad de respuesta inmediata.
Cada edificio representaba una nueva operación de búsqueda y cada minuto podía marcar la diferencia entre encontrar a alguien con vida. o solamente recuperar un mientras millones y millones de personas sellan observando con angustia las imágenes del desastre, otra historia comenzaba a desarrollarse casi al mismo tiempo.
Es lamentable decirlo, pero no todos, no todos reaccionaron con solidaridad. La experiencia demuestra que cada gran desastre natural abre una segunda crisis, mucho menos visible. Pero igual de peligrosa, la aparición de oportunistas que intentan beneficiarse del caos. Con las autoridades concentradas en rescatar sobrevivientes aparecen delincuentes que buscan saquear viviendas abandonadas, estafadores que crean falsas campañas de ayuda, ciberdelincuentes que utilizan el sufrimiento para robar donaciones y, en algunos casos documentados alrededor del
mundo redes criminales que aprovechan la vulnerabilidad de niños separados de su familia. La historia demuestra que estas personas no esperan a que termine la tragedia, de hecho, empiezan a actuar mientras todavía hay personas atrapadas debajo de los escombros. Y eso, eso precisamente es lo que convierte este caso en algo más que una historia sobre un terremoto, porque este este no es solamente el reflejo de una catástrofe natural, es también la historia de cómo el crimen encuentra oportunidades incluso en medio
del peor dolor humano. Hay una realidad que se repite prácticamente en todos los grandes desastres naturales de la humanidad. Durante las primeras horas, el Estado colapsa y deja de tener el control absoluto. No porque desaparezca la autoridad, sino porque la emergencia es simplemente demasiado grande.
Eso fue exactamente lo que ocurrió en Venezuela. Mientras miles de rescatistas intentaban localizar sobrevivientes, los hospitales, como ya lo vimos, recibían heridos sin descanso. Las carreteras permanecían bloqueadas y amplias zonas sufrían interrupciones de electricidad, agua y comunicaciones. La prioridad, por supuesto, era salvar vidas, no perseguir delincuentes.
Y ese vacío de autoridad es precisamente lo que buscan los grupos criminales. Los criminólogos llaman a este tipo de situaciones oportunidad delictiva. no significa necesariamente que aparezcan nuevos criminales, sino que quienes ya estaban predispuestos a delinquir encuentran un escenario donde el riesgo de ser detenidos, por supuesto, disminuye considerablemente mientras la policía protege hospitales, mientras Protección Civil intenta rescatar personas y mientras los bomberos trabajan sin descanso, hay individuos observando exactamente lo mismo. Pero desde otra
perspectiva, ellos no ven una tragedia, ven una oportunidad. Por eso, las primeras 24 a 72 horas después de una catástrofe suelen ser consideradas las horas de mayor vulnerabilidad para la población. Es el momento en que miles de personas abandonan sus viviendas, pierden contacto con sus familias, dejan pertenencias sin vigilancia y buscan desesperadamente lo básico, agua, alimentos, medicamentos.
Todo eso crea el escenario perfecto para que aparezcan delitos que en circunstancias normales serían mucho más difíciles de cometer. Conforme avanzaban las labores de rescate, comenzaron a surgir reportes de saqueos en algunas zonas afectadas, especialmente en comercios dañados del estado de la Guaira. Las imágenes mostraban a personas entrando a establecimientos parcialmente destruidos para llevarse mercancía.
Ahora, no todos esos casos respondían a la misma realidad y es muy importante decirlo. Había quienes buscaban agua, alimentos o medicamentos. Simplemente, ¿para qué? Pues para lo básico, para sobrevivir. Pero también comenzaron a documentarse robos de electrodomésticos, aparatos electrónicos y otros bienes que evidentemente no respondían a una necesidad inmediata.
Esa diferencia es importante porque no todo saqueo ocurre por hambre. En todas las grandes catástrofes aparecen grupos que aprovechan la ausencia de vigilancia para apropiarse de bienes que posteriormente pueden vender en el mercado negro o en el mercado informal. Mientras unos vecinos removían escombros para encontrar a sus familias, otros recorrían las calles buscando qué podían robarse.
Es una situación que se repite una y otra vez, una y otra vez en la historia de los desastres y Venezuela no parece estar siendo la excepción. Quizás el ejemplo más conocido ocurrió hace años, en el 2005 tras el paso del huracán Catrina en Estados Unidos. Mientras Nuevs permanecía prácticamente inundada, comenzaron a multiplicarse los saqueos.
Al principio, muchas personas ingresaban a supermercados para conseguir comida, agua o lo básico para sobrevivir. Sin embargo, conforme pasaban los días, aparecieron robos completamente distintos: televisores, joyería, armas, electrónicos, incluso vehículos, como lo puede ser una motocicleta. Negocios enteros fueron vaciados.
Algunos grupos aprovecharon que la ciudad estaba prácticamente sin vigilancia para organizar robos a gran escala. Las imágenes dieron la vuelta al mundo mientras helicópteros rescataban a familias atrapadas en los techos de sus casas. Otras personas salían a centros comerciales para robar simplemente pantallas gigantes o cualquier electrodoméstico que les pareciera que tuviera un valor a futuro.
Aquella tragedia dejó una elección para las autoridades de todo el mundo. Después de un desastre, no basta con enviar rescatistas, también es necesario mantener el orden público, algo que no debería de ser, porque no deberíamos de actuar de esa manera. Pero el crimen, el crimen no espera que termine la tragedia, no espera que termine la emergencia, empieza a actuar al mismo tiempo.
Si Catrina enseñó el problema de los saqueos, Haití mostró un riesgo todavía mucho más grave. El terremoto de 2010 dejó cientos de miles de muertos y millones de personas desplazadas sin una casa, sin un hogar. El gobierno prácticamente colapsó. Miles de niños quedaron separados de sus familias y fue precisamente en ese caos donde comenzaron a operar redes criminales.
Diversas investigaciones internacionales documentaron intentos de sacar menores del país sin cumplir procedimientos legales, mientras organizaciones humanitarias alertaban sobre el aumento del riesgo de trata de personas, adopciones irregulares y explotación. No todos esos intentos de sustracción tuvieron éxito, afortunadamente.
Muchos fueron detenidos, pero el modus operandi quedó totalmente expuesto. Los grupos dedicados a la trata saben perfectamente que un desastre natural, lamentablemente, genera niños vulnerables, familias desintegradas y registros civiles colapsados. Eso convierte a los menores en uno de los sectores que requieren mayor protección durante cualquier emergencia humanitaria.
Por esa razón, organismos internacionales como la UNICEF y la Cruz Roja establecen protocolos específicos para registrar a cada menor no acompañado de un adulto antes de permitir que cualquier otra persona lo traslade a otro sitio. No es un trámite cualquiera, es una medida para impedir que simplemente desaparezcan. El crimen evoluciona junto con la tecnología.
Hace 20 años el principal riesgo eran simplemente lo que acabo de contarte, los saqueos. Hoy existe otro enemigo, internet. Mientras millones de personas buscan desesperadamente ayudar, también aparecen delincuentes capaces de crear páginas falsas en cuestión de minutos. Copian logotipos, colores, tipografía, todo.
Imitan organizaciones reconocidas, abren cuentas bancarias, generan códigos QR, difunden enlaces por WhatsApp y crean perfiles en Facebook, Instagram, TikTok, simulando pertenecer a organizaciones de ayuda. Tras el terremoto de Venezuela, ya comenzaron a circular campañas falsas, videos fuera de contexto e imágenes de otros países presentadas como si correspondieran a esta tragedia, obligando a verificadores independientes a desmentir múltiples publicaciones virales.
Ese tipo de desinformación no solamente engaña, también retrasa la ayuda. Porque mientras una persona dona dinero a un estafador, ese recurso deja de llegar a quienes realmente lo necesitan. Apenas unos días después del desastre, la Asociación Bancaria de Venezuela emitió una alerta pública informando que habían detectado indicios de cuentas utilizadas para recaudar dinero de forma fraudalenta, aprovechándose de la tragedia, por supuesto.
La advertencia fue clara. El riesgo no era solamente perder el dinero que estabas donando, sino entregar información bancaria que después pudiera utilizarse para cometer nuevos fraudes contra ti, contra tus tarjetas. Pero a ver, vamos a poner algo claro. ¿Cómo operan estos grupos criminales? Todo comienza con un mensaje que aparece auténtico, urgente.
Ayuda a las víctimas, dona aquí. Solamente quedan unas horas. El usuario entra al enlace creyendo que está ayudando, pero en realidad acaba de ingresar a una página creada por delincuentes. En algunos casos, el sitio solicita directamente una donación. En otros, instala programas maliciosos capaces de robar información de tu dispositivo.
Y en los ataques más sofisticados, la víctima nunca sospecha, nunca se entera que fue engañada, simplemente cree que hizo una donación y semanas después descubre movimientos desconocidos en todas sus cuentas bancarias. Ese ese es el verdadero negocio. No siempre buscan quedarse con una donación de 20 o $50.
Muchas veces buscan algo mucho más valioso, tu identidad digital. Las alertas no tardaron aparecer en Venezuela. Diversos especialistas en ciberseguridad detectaron una oleada de campañas falsas relacionadas con el terremoto, como ya te dije, mensajes en WhatsApp, correos electrónicos, perfiles recién creados en redes sociales y páginas que copiaban el diseño de organizaciones humanitarias.
Incluso investigadores independientes identificaron 212 nuevos dominios de internet registrados apenas horas o días después del terremoto. Eso no significa que todos fueran fraudulentos. Ojo, hay que ser también eh pues específicos. Pero sí llamó la atención de estos especialistas porque históricamente este tipo de registros aumentan cada vez que ocurre una catástrofe internacional.
Mientras tanto, organismos y plataformas de ayuda comenzaron a recomendar algo muy sencillo. Nunca donar desde enlaces que llegan por WhatsApp o redes sociales. Siempre hay que escribir manualmente la dirección oficial de la organización a la cual estás dispuesto a donar y verificar que realmente exista. Uno de los casos más indignantes ocurrió con los topos de México hace apenas, apenas unos días, lo puedes ver en las noticias.
Mientras sus brigadistas trabajaban entre edificios colapsados ayudando en las labores de búsqueda en Venezuela, comenzaron a circular publicaciones asegurando que ellos, los topos, necesitaban herramientas, dinero y equipo urgente. El problema era que esos mensajes eran falsos. La propia organización publicó un comunicado en la plataforma ex desde su cuenta oficial explicando que alguien estaba utilizando su nombre para pedir recursos.
Los topos recordaron que conforme a los protocolos internacionales de búsqueda y rescate viajan con su propio equipo y no solicitan herramientas a través de cadenas de redes sociales o mensajes privados. Mientras ellos, los topos, arriesgaban la vida intentando rescatar personas. Alguien en algún lugar del mundo utilizaba su prestigio para intentar obtener beneficios.
La propia brigada pidió que cualquier apoyo se verificara exclusivamente a través de sus canales oficiales. Este caso demuestra que durante una tragedia ni siquiera los rescatistas están a salvo de ser utilizados como anzuelo por estos estafadores. Existe otra modalidad menos evidente que no roba directamente dinero, pero manipula la solidaridad.
Después del terremoto comenzaron a viralizarse videos de edificios derrumbándose, personas atrapadas y supuestos rescates dramáticos. El problema era que varios de estos videos no pertenecían a Venezuela. Algunos correspondían a demoliciones antiguas. Otros provenían de terremotos ocurridos años atrás en Turquía, por ejemplo, o en otros países.
Equipos de verificación independientes tuvieron que desmentir numerosas publicaciones que utilizaban imágenes reales, sí, pero de tragedias completamente distintas. ¿Por qué alguien haría eso? Porque una fotografía impactante consigue miles de likes, miles de compartidos y cuanto mayor sea el alcance, más personas terminan entrando al enlace de donación que acompaña.
¿Qué crees? Esa publicación. El engaño no siempre está en la imagen, muchas veces está en el botón que aparece debajo. Aquí es donde aparece una diferencia fundamental. No se trata. Escucha esto, por favor. No se trata de desconfiar de todas las organizaciones, al contrario, miles de personas necesitan ayuda urgente y si está en tus manos, por favor ayuda.
La diferencia está en saber a quién se le entrega esa ayuda. Tras el terremoto comenzaron a activarse campañas verificadas, impulsadas por organizaciones humanitarias reconocidas internacionalmente, además de iniciativas respaldadas por instituciones con trayectoria verificable, precisamente para evitar que el dinero terminara en las manos equivocadas.
La regla es muy muy sencilla. Si una campaña te presiona para que dones de manera inmediata, si fue creada apenas hace unas horas, si no tiene domicilio, si no publica informes o si cambia constantemente de cuenta bancaria, ojo, lo más prudente es detenerse, porque una donación impulsiva puede terminar financiando exactamente a quienes están lucrando con el sufrimiento.
La mayoría de las personas que donan lo hacen movidas pues por la empatía. Los estafadores lo saben y precisamente por eso convierten la compasión en su principal herramienta de trabajo. Y es de verdad lamentable. No necesitan romper cerraduras, no necesitan portar un arma, les basta una fotografía conmovedora, un enlace y unos cuantos minutos para convencerte de que entregues tu dinero.
Pero existe un delito todavía más grave. Porque mientras algunos delincuentes buscan cuentas bancarias, otros podrían estar buscando algo más valioso que el dinero. Personas, especialmente a quienes quedaron completamente solos después del terremoto. ¿Sabes a quién? A los niños. Mientras los rescatistas seguían removiendo toneladas de concreto y las familias recorrían hospitales buscando a sus seres queridos, otro tipo de mensajes comenzaron a inundar las redes sociales. Se están llevando a los niños.
Hay camionetas levantando menores. Desapareció un niño del albergue. Hay personas haciéndose pasar por rescatistas. Este tipo de mensajes en cuestión de horas cientos de personas los comenzaron a viralizar. El miedo era comprensible. Después de un desastre de esta magnitud, miles de menores quedaron desamparados temporalmente, lejos de sus padres, lejos de los refugios, lejos de las autoridades en todos estos procesos de evacuación.
Algunos de ellos fueron trasladados a hospitales, otros llegaron solamente a los refugios y muchos ni siquiera saben decir su dirección, no saben a veces incluso sus apellidos. Y cuando las comunicaciones colapsan, localizar a sus familiares con los datos mínimos puede tomar horas o a veces incluso días, semanas o meses. Yo te pregunto, ¿realmente están desapareciendo niños o el miedo está provocando estos rumores? La realidad es que las alarmas no vienen de los canales tradicionales, sino de las publicaciones de la gente.
En las últimas horas, una olada de videos difundidos a través de redes sociales como TikTok, Instagram y Facebook ha destapado denuncias directas de familias desesperadas, asegurando que les han arrebatado a sus hijos en medio del caos de los albergues. Las autoridades y los organismos oficiales simplemente han guardado silencio y no se han pronunciado formalmente sobre estos casos.
Pero, pero la dolorosa verdad que se vive es que lamentablemente sí está sucediendo. Los niños están desapareciendo y aunque la versión oficial intente minimizar el hecho, hablando únicamente de como ellos le llaman separaciones temporales por la evacuación, los testimonios de quienes los han perdido confirman que el peor escenario posible ya comenzó a manifestarse.
Los niños están desapareciendo. El riesgo no es una posibilidad, es una realidad que está ocurriendo ahora mismo en medio de la catástrofe. Existe una razón por la que la UNICEF considera a los menores no acompañados como una prioridad absoluta en cualquier emergencia humanitaria. Cuando un niño pierde contacto con su familia, deja de existir la principal barrera que lo protege.
Ya no hay quien confirme su identidad. Ya no hay quien impida que alguien desconocido se acerque diciendo, “Soy su amigo. Soy amigo de su mamá. Soy amigo de su papá. Tu papá me pidió llevarte. Ven conmigo. Te voy a llevar a un lugar seguro.” Los delincuentes conocen perfectamente esa vulnerabilidad. Por eso los protocolos internacionales establecen que ningún menor debe de ser entregado a un adulto sin un proceso formal de identificación y verificación familiar.
Tras el terremoto, la UNICEF estimó que alrededor de 680,000 niños requerían asistencia humanitaria debido al impacto de la catástrofe. Muchos perdieron sus viviendas, otros fueron desplazados y un número muy importante quedó temporalmente separado de sus familias durante las evacuaciones. Eso no significa que todos estén desaparecidos.
Eso significa que todos, todos son potencialmente vulnerables. Y precisamente ahí, ahí comienza el trabajo de protección infantil. ¿Quienes creen que el riesgo de trata infantil después de un terremoto es una exageración? Los invito a mirar Haití. El 12 de enero del año 2010, un terremoto de magnitud 7.0. lamentablemente destruyó gran parte del país.
Más de 200,000 personas perdieron la vida, millones quedaron sin hogar y miles y miles de niños perdieron a sus padres. En medio de aquel caos, comenzaron a detectarse intentos de sacar menores del país sin cumplir los procedimientos legales. Uno de los casos más conocidos ocurrió apenas días después del terremoto.
Un grupo de ciudadanos estadounidenses intentó cruzar la frontera, escucha esto, con 33 niños haitianos asegurando que pretendían llevarlos a un orfanato. La investigación reveló que varios de esos menores no eran huérfanos. Muchos, muchos de ellos todavía tenían padres o familiares vivos. El caso, por supuesto, provocó indignación internacional y obligó a reforzar los controles sobre cualquier traslado de menores durante una emergencia.
A partir de entonces, la UNICEF, la Cruz Roja y otras organizaciones modificaron numerosos protocolos internacionales. El objetivo era, claro, que ninguna tragedia volviera a convertirse en una oportunidad para quienes con seres humanos. Ahora quiero hacer una aclaración. Como ya te comenté antes, en el año 2010 en Haití se registró este caso de 33 niños que pretendían sacar del país sin la debida autorización.
Este suceso que te acabo de contar se desarrolló el 29 de enero de ese año cuando un grupo de 10 misioneros bautistas estadounidenses de Idaho, pertenecientes a la organización Refugio de Niños Nueva Vida y liderados además por su fundadora, Laura Silsy, intentó cruzar la frontera hacia la República Dominicana con estos eh niños menores de edad haitianos.
El grupo, como ya te dije, no tenía permisos legales y fue arrestado por cargos de privación de la libertad. Los misioneros, por supuesto, negaron haber actuado de manera maliciosa, afirmando que rescataban huérfanos para llevarlos a un hotel dominicano transformado en orfanato. Más tarde, nueve de estas personas que fueron detenidas fueron liberadas, pero esta mujer de nombre Laura Sils permaneció encarcelada.
y fue a juicio el 13 de mayo. Pero aunque parezca increíble, fue procesada con ¿qué cargos crees? El cargo fue, y no sé si existe este cargo, organizar viajes irregulares. Ese fue el cargo. Pero escucha, ¿por qué te estoy repitiendo toda esta información? En este escenario, el expresidente de Estados Unidos, Bill Clinton, quien fungía en aquel momento como coordinador de socorro de la ONU, intervino directamente el 5 de febrero haciendo un llamado a un rápido fin del caso judicial para aliviar las tensiones entre ambos países y agilizar de esta
manera el esfuerzo de ayuda. Yo lo traduzco de esta manera. Hagan rápido esto, libérenla y seguimos ayudando. Esto demuestra que en este tipo de situaciones de desastre, las fronteras quedan completamente desprotegidas. Sin embargo, hay un detalle sumamente turbio que acaba de hacerse viral apenas.
Hace unos días empezó a circular un video con una nota impactante. Johnson and secretary money support military bases is not for military power lily pads for smuggling. Según esa información, la Fundación Clinton no tardó ni un segundo en trasladarse a Venezuela en cuanto se reportó el desastre. Yo yo pregunto, ¿por qué la prisa? ¿Por qué el interés? Ahora vas a ver por qué me lo pregunto.
Bueno, según informes que circulan en el país, en Venezuela, personal de esa fundación fue sorprendido una vez más, privando de la libertad a que estaban en medio de la zona del desastre, por lo que la organización fue expulsada de Venezuela bajo acusaciones de tráfico de Quiero ser muy claro, este dato que te acabo de dar podría o podría podría ser real o no podría serlo.
se está difundiendo a través de redes sociales, no se está difundiendo en medios convencionales o medios autorizados, pero porque pues es algo que normalmente sabemos que sucede de esa manera. Se está difundiendo a través de varios creadores de contenido, de varios reels, de varios videos. Pero yo solo voy a dejar una cosa aquí sobre la mesa.
Recordemos que la familia Clinton ha sido fuertemente vinculada a los archivos de Jeffreyin. Hasta ahí voy a dejar esa información. Donar es un acto de fe. Empacas víveres, compras medicamentos y confías que una enorme cadena de centros de acopio transportistas y funcionarios entregarán ese recurso a quien lo perdió todo. El problema es que basta que un solo eslabón de esta enorme cadena decida aprovechar el caos para que toneladas de ayuda se esfumen antes de tocar su destino.
Existe un error muy común en el imaginario colectivo. Pensar que el robo de ayuda ocurre cuando una banda armada asalta uno o varios camiones en la carretera, se suben, amagan al chófer y se llevan los camiones. La realidad es mucho más sencilla, mucho más silenciosa y, por supuesto, mucho más indignante. Se le conoce como el robo hormiga.
No te roban el cargamento completo. Se desvían cinco cajas de despensa, 10 frascos de insulina o un generador eléctrico. Nadie lo nota, nadie lo ve en el inventario inicial, pero al repetirse una y otra y otra y otra y otra vez a lo largo de la cadena, el saqueo se convierte en un negocio millonario operado por las mismas personas cuyo único trabajo es proteger a las víctimas.

El caso que puso en el ojo público lo que realmente ocurre fue una vez más el de República Democrática del Congo, donde una auditoría destapó que una red compuesta por líderes comunitarios y transportistas locales logró desviar millones de dólares de suministros destinados a damnificados, falsificando firmas de entrega de personas que llevaban incluso meses fallecidas o nunca existieron.
Es decir, llevaban las despensas, llevaban las cosas según ellos, y firmaban por personas o que no existían o que lamentablemente ya habían fallecido. ¿Y dónde terminaban las donaciones? Pues en sus arcas. Haití, por ejemplo, en 2010 dejó otras de las lecciones más indignantes de la historia humanitaria. Tras el sismo, el mundo entero prometió miles de millones de dólares.
Sin embargo, investigaciones posteriores de la Cruz Roja Americana revelaron que de los casi 500 millones de dólares recaudados por su institución, una cantidad alarmante se diluyó en contratos de consultoría, viáticos y burocracia interna. Años después, comunidades enteras, comunidades enteras seguían durmiendo bajo lonas de plástico, mientras los informes oficiales aseguraban haber construido viviendas, viviendas estables para miles de personas.
Donar, donar es muy fácil. Lo verdaderamente difícil es garantizar que la ayuda llegue a la mano correcta. Este desvío alimenta de inmediato la aparición de un mercado negro que opera a plena luz del día. En los días posteriores a una catástrofe es común ver como productos que fueron donados gratuitamente y que aún conservan los logotipos y las etiquetas de organismos internacionales como la ONU o la Cruz Roja o incluso esa leyendita que tú le pusiste a tu donación que dice donación o que dice tu nombre o que incluso les
pones una sonrisita, aún lo conservan. Terminan estos productos con todas estas etiquetas siendo comercializados en tianguis informales o incluso en plataformas de internet. La más común de ella es Facebook. La lógica es perfecta en su crueldad. Como el insumo les costó 0 pesos, cualquier precio al que lo vendan representa una ganancia neta del 100%.
Mientras una familia, una familia entera con adultos, ancianos y niños pasa hambre esperando su turno en la fila de un refugio, alguien más ya está subiendo la fotografía de esas mismas latas de comida a un grupo de ventas en redes sociales, comida que le correspondía a esa familia, quintuplicando a veces incluso su valor comercial, aprovechándose de la escasez.
Los delincuentes no necesitan portar un arma ni romper una cerradura cuando la propia desesperación de la gente les entrega el control en las manos. Por eso, cada recurso desviado hacia una red de corrupción no es solamente dinero perdido, es una caja de suministros que nunca llegará al refugio y sobre todo es una bala directa a la confianza pública.
Cuando la sociedad descubre que su generosidad simplemente financió el mercado negro, ¿qué pasa? Lo lógico, dejan de donar. Y cuando la confianza se destruye, el daño es irreversible. La sociedad simplemente ya no aporta, provocando que en las siguientes tragedias las víctimas se queden completamente solas porque nadie quiere volver a ser estafado.
Si todo esto que te acabo de contar crees que son inventos o exageraciones mías o de la gente sin sentido, por último te presento estos cinco testimonios documentados de la bajeza humana, la delincuencia y la indiferencia ante un desastre de esta magnitud. Pero ojo, por favor, quédate hasta el final porque no todo es malo.
También te voy a presentar algo que creo que a ti, como a mí, cuando vi por primera vez esta evidencia, se me salió una lagrimita. Quédate hasta el final. Esta primera evidencia se viralizó rápidamente en las redes sociales, aunque fue censurada en varios sitios de internet debido a la gravedad del contenido.
En las imágenes se observa a un hombre entre lo que parecen ser ruinas. Alguien lo estaba grabando desde arriba, sujetando a la fuerza a una niña vestida de blanco. A raíz de la difusión de este material comenzaron a circular decenas de publicaciones y videos que aseguraban que el agresor ya había sido detenido.
Sin embargo, la ola de indignación desató también una gran cantidad de noticias falsas. Varios canales y perfiles utilizaron videos de detenciones de años pasados y de casos completamente ajenos para hacerlos pasar como si fuera el arresto actual de este sujeto. Vamos a ver el video. En plena crisis del terremoto. Por favor, si alguien localiza esta, por favor, auxilio, gente.
Esto está pasando en Venezuela, en el terremoto. Por favor, auxilio, ayúdenme a difundir. Miren este. Si el caso anterior les pareció indignante, lo que captaron las cámaras en este otro video es una muestra de la peor miseria humana. Las imágenes que circularon en internet provocaron una furia total al mostrar las dos caras del saqueo en la Guaira justo después del terremoto.
En las imágenes se ve a cinco jóvenes rodeados por la gente. Uno de ellos va llorando y los demás caminan con la cabeza agachada. Los testigos los descubrieron. metiéndose de puerta en puerta a los departamentos que quedaron abandonados por el desalojo buscando, buscando qué robarse en medio de la catástrofe mientras todos están sufriendo.
Familiareso pide clemencia o [ __ ] bruja una [ __ ] bruja maldito gallo. Pero este este no fue el único robo captado por las cámaras en las calles. Hubo otro caso más indignante todavía y que causó vergüenza porque lo protagoniza, ¿quién crees? No podía faltar. Un policía. Precisamente quien debería poner orden en medio de todo el caos.
En el video, varios testigos captaron a este agente robando entre las ruinas. Lo descubrieron llevándose una bolsa con dinero que acababa de sacar de los escombros de una propiedad destruida. En la grabación se escucha la furia de la gente que lo rodea insultándole y exigiéndole a gritos que devuelva pues lo que se está robando. Suéltalo.
Agar su distancia. Agarra su distancia. Agarre su distancia. Suéltalo. Agarre su distancia. Suéltalo que lo vamos a romper. Agarre su distancia. Suéltalo. Ag. Agarre su distancia. Suéltalo que lo vamos a romper. Gracias. Suéltalo. Suéltalo. En las redes también empezó a circular un video de un hombre enfurecido que les exige respuestas a las autoridades y acusa directamente a los militares de retener los víveres.
Según su testimonio, los soldados que vigilan las zonas no están repartiendo los suministros a la gente que lo necesita, negándoles incluso el acceso al agua embotellada en los puntos de control. Esta denuncia coincide con lo grabado en el sector de Morón el 25 de junio. En este video, una habitante registra la calle con su teléfono celular simplemente para documentar que las autoridades del estado de Carabobo tienen bloqueado el paso, es decir, no permiten el ingreso de vehículos con insumos médicos, ni dejan pasar a las
personas que buscan llevar auxilio. Otros videos tomados en ese mismo punto muestran la misma escena. Familias varadas en la carretera protestando ante los cercos policíacos y exigiendo que las dejen avanzar para entregar la ayuda humanitaria. Vamos a ver el video. Pero porque están repartiendo allí arriba.
No reparte ni agua, todo se le agarran ellos, ellos nada más. Entonces está, mira, él mandó para Mare, para Playa Grande, para Caribe y ellos dicen que no, que allá adentro en el pol repartir. ¿Dónde van a repartir si nunca reparten nada? No, no, que mira, ellos están desde noche, no quieren dejar entrar. Ahí llegó ese guardia que se amerentó que queriendo pegar a la gente.
Quieren acapar toda la comida y todos los insumos para no repartir. Mira, esto no se encargó de ningún Estos fueron los vecinos allí en Lechería a la gente. ¿Cómo es posible que lo van a meter en un sitio ahí? Entonces tampoco lo esperan para recibirlo porque de ayer aquí. Y bueno, por si estas negligencias no fueran poco, otro video difundido en TikTok muestra a un hombre que está usando unos guantes negros porque está ayudando a remover los escombros.
En la grabación se observa el momento en que se percata de que el material de construcción de las viviendas es de pésima calidad. Al presionarlo con los dedos, el bloque simplemente se desmorona por completo. Al hacer un paneo con la cámara, el testigo enfoca el resto de las ruinas, demostrando que todos los escombros tienen la misma fragilidad.
Según se menciona en el video, se trataba de un complejo de viviendas construido por el gobierno, además, a base de ¿qué crees? De Unicel. Unicel. este material que es extremadamente frágil. Vamos a ver este video también. Miren esta [ __ ] Es anime, huevón. Es anime. Es anime. Las columnas [ __ ] [ __ ] Gobierno maldito anime. No se van a caer. Mir, no se va a caer.
Por aquí le ponen medio cemento, pero está relleno de anime. Eso es anime huevo. Puro anime. Puro anime. Maldito el mío. Se cayó. Esa [ __ ] el mío. Una vaina de un terremoto. Okay. Pero esto es pura mentira. Son todos los del gobierno se cambieron todos del gobierno. No quedó uno arriba. Ahora estamos casi en la recta final, pero no todo es maldad y saqueo.
En medio del infierno que se vivía en las calles, hubo quienes ignoraron los robos y el caos, con un solo objetivo, escarvar entre los escombros para rescatar a su familia, a sus seres amados. Esta es la historia de dos padres que se negaron a aceptar la de sus hijos cuando ya todo, prácticamente todo, estaba perdido.
Y contra toda lógica humana, ¿qué crees? Lo imposible sucedió. El primer caso que se hizo viral de inmediato muestra el rescate de un joven atrapado tras el derrumbe. Su padre se quedó más de 122 horas de pie en el mismo lugar dentro de las ruinas, sin moverse, congelado por el terror de perderlo. Mientras el pueblo entero y los brigadistas estaban escarvando entre el concreto sin descanso, ese hombre no apartó los ojos de los escombros hasta que vio salir a su hijo con vida.
Cuando los rescatistas finalmente lograron sacar al joven, el lugar estalló en aplausos y en gritos de felicidad por todos los presentes. De inmediato lo acomodaron para trasladarlo en una camilla. Y en ese trayecto fue cuando se escucha el grito del joven papá. Al escucharlo, el padre, completamente en shock, por supuesto, por la impresión y por el alivio, se acerca la camilla incrédulo y le toca la cabeza a su hijo para asegurarse de que realmente está ahí y de que el milagro ocurrió.
Vamos a ver el video. Permiso. El siguiente rescate milagroso lo protagoniza una bebé de apenas 18 días de nacida, a quien lograron sacar con vida de entre los escombros en medio de los aplausos de toda la brigada. Afuera esperaba a su padre consumido por la angustia. Cuando los rescatistas finalmente se le entregaron en los brazos, el hombre se quedó completamente incrédulo, solo mirando a su hija.
El equipo médico limpió y asistió lo más rápido posible la recién nacida, pues para estabilizarla y de inmediato la trasladaron a un hospital para evaluar su salud. Pero la historia no terminó ahí. Apenas unas horas después del rescate de la bebé, los brigadistas, ¿qué crees? encontraron con vida a la madre.
Su esposo y el resto de la familia se habían negado a rendirse, manteniéndose firmes al pie del derrumbe. En el video se escucha el momento exacto en que la sacan y sus familiares le gritan con una desesperación, “¡Te amo, te amo!” Una muestra clara de cómo la insistencia de la familia fue lo que evitó que las labores de búsquera se detuvieran.
Vamos a ver este último video. Agarró mis manos. Agarrar pap. Hemos recorrido los pasajes más obscuros de esta historia. Hemos hablado de la violencia. Hemos hablado del dolor de los terremotos, de la miseria humana atrapada en el saqueo, de mitos que se alimentan de la tragedia y de las marcas que el destino le ha dejado a Venezuela.
Pareciera que que la desgracia se ensaña con fuerza en este rincón del mundo, pero no. Porque hoy hoy nos quedamos con la otra cara, con esas 122 horas de un padre que se negó a darse por vencido, con la gente que en medio del infierno y las ruinas prefirieron ver sus manos sangrar escarvando la tierra antes que perder la humanidad.
Venezuela ha sido golpeada una y otra vez por la naturaleza, por la historia y por el dolor. Les han quitado tanto que pareciera que ya no queda nada de donde sostenerse, pero su gente siempre demuestra lo contrario. Hay una fuerza invisible en las calles, una dignidad que no se quiebra ni con el peor de los terremotos ni con la peor de las crisis.
A toda la gente hermosa de Venezuela, a todos nuestros hermanos que nos ven, gracias, gracias por enseñarnos lo que es la verdadera resistencia. No pierdan la fe. Aunque la noche sea larga, la luz siempre encuentra la forma de filtrarse entre las ruinas. Su tierra, se los aseguro, va a levantarse porque un pueblo que ama con esa fuerza jamás va a quedarse enterrado en el olvido.
Fuerza, Venezuela. Gracias.