TESTIMONIO CATÓLICO: Anciano testigo de Jehová descubre que 1914 es falso, pero encontró la verdad

Esa cercanía se predicaba desde 1879 y en 2021, 142 años después, seguíamos diciendo muy cerca, pero yo no cuestionaba. Cuestionar era peligroso. Cuestionar era señal de que Satanás te estaba engañando. Cuestionar podía llevarte a ser marcado como apóstata. Así que tragaba mis dudas. las enterraba. Me mantenía ocupado con actividades teocráticas para no tener tiempo de pensar.

El primer quiebre ocurrió en agosto de 2021. Yo estaba dirigiendo un estudio bíblico con un joven de 25 años, Roberto, que estaba interesado en la organización. Habíamos avanzado bastante, ya estaba asistiendo a las reuniones. Un martes, mientras estudiábamos el libro que enseña realmente la Biblia, llegamos al capítulo sobre 1914, el año que la organización enseña que Jesús comenzó a reinar en el cielo y que empezaron los últimos días.

Roberto, que era ingeniero y tenía mente analítica, me preguntó, “Miguel, ¿me puedes explicar cómo llegan a mí 1914?” Le expliqué la cronología oficial. Daniel, capítulo 4 habla de siete tiempos. Siete tiempos equivalen a 2520 años. Contando desde 607 antes de Cristo, cuando supuestamente cayó Jerusalén, llegamos a 1914 después de Cristo.

Roberto me miró con expresión de duda. Pero Miguel, yo estudié historia en la universidad. Todos los historiadores dicen que Jerusalén cayó en 587 antes de Cristo, no en 607. Esa diferencia de 20 años cambia todo el cálculo. Sentí una incomodidad profunda. La organización tiene sus razones para usar 607, le respondí con la respuesta automática que había dado cientos de veces.

¿Cuáles razones? insistió Roberto. Si 607 es incorrecto, entonces 1914 es incorrecto. Y si 1914 es incorrecto, entonces toda la autoridad de la organización que se basa en que Jesús los eligió en 1919 se desmorona. Roberto le dije con firmeza, confía en la organización. Ellos han investigado esto exhaustivamente, pero esa noche no pude dormir porque yo sabía en algún lugar profundo que no quería admitir que Roberto tenía razón.

Yo había visto las evidencias históricas, las había ignorado porque la organización me decía que los historiadores mundanos estaban equivocados y que nosotros teníamos la verdad. Pero, ¿y si era al revés? Y si la organización estaba equivocada y los historiadores tenían razón. Durante las siguientes semanas esa pregunta me persiguió.

Intenté estudiar más la atalaya, orar más, predicar más, mantenerme ocupado, pero la duda no se iba. Finalmente, una noche de octubre de 2021, cuando Verónica y Daniela ya estaban dormidas, abrí mi laptop y empecé a buscar no en sitios apóstatas. Todavía tenía miedo de eso. Busqué en sitios académicos, en publicaciones de arqueología, en libros de historiadores respetados y todos, sin excepción ubicaban la caída de Jerusalén en 587 antes de Cristo.

No en 607. Descargué artículos, los leí cuidadosamente. La evidencia era abrumadora. Tablillas con informes babilónicas, registros astronómicos, múltiples líneas de evidencia convergentes. 607 antes de Cristo era imposible, históricamente imposible, lo cual significaba que 1914 era incorrecto, lo cual significaba que toda la autoridad de la organización, basada en que Jesús los había elegido en 1919 por ser el único grupo que predicaba correctamente sobre 1914, era una mentira.

Me temblaban las manos mientras leía. Sentía náuseas. Mi mundo se estaba derrumbando. Durante los siguientes meses investigué obsesivamente, pero ahora ya no solo sobre 1914. Empecé a investigar otras doctrinas. Descubrí que la prohibición de las transfusiones de sangre que había causado la muerte de miles de testigos de Jehová, incluyendo niños.

 se basaba en una interpretación forzada de Hechos 15:29 que ningún erudito bíblico serio respaldaba. Descubrí que la doctrina de que solo 144,000 iban al cielo mientras el resto vivía en la tierra contradecía pasajes claros del Nuevo Testamento que hablaban de una sola esperanza celestial para todos los cristianos.

 Descubrí que la organización había predicho fechas específicas para el Armagedón múltiples veces, 1914, 1918, 1925, 1975. Y cada vez que fallaban reescribían su historia en las publicaciones nuevas ocultando sus errores pasados. Y descubrí algo aún más perturbador, casos documentados de abuso sexual infantil dentro de la organización que habían sido encubiertos por la política de dos testigos que impedía denunciar a los abusadores si no había dos testigos del [música] abuso.

Me sentía traicionado, engañado. Había dado 28 años de mi vida a una organización que me había mentido sistemáticamente. Pero lo más difícil no era la traición intelectual, era el miedo. Porque si la organización no tenía la verdad, ¿dónde estaba la verdad? Si ellos no eran el pueblo elegido de Dios, ¿quién lo era? ¿O acaso Dios no existía y todo era mentira? Caí en una crisis existencial profunda.

Depresión, insomnio, ataques de ansiedad. Verónica notó que algo estaba mal. Miguel, ¿qué te pasa? ¿Estás distante? Ya no estudias con la misma dedicación. No podía decirle, porque decirle significaba que ella tendría que reportarme a los ancianos. Y ser reportado significaba enfrentar un comité judicial. Y enfrentar un comité judicial significaba expulsión.

 si no me retractaba. Y expulsión significaba Shanning. Mi familia, mi esposa, mi hija, todos mis amigos de 30 años dejarían de hablarme. Me tratarían como si estuviera muerto. Vivía aterrorizado. En febrero de 2022, mientras seguía investigando en secreto, encontré algo que cambió todo. Los escritos de los padres de la iglesia.

Ignacio de Antioquía, año 107 después de Cristo. Justino [música] Mártir, año 150. Ireneo de Lón, año 180. Tertuliano, año 200. Todos ellos, cristianos que vivieron apenas generaciones después de los apóstoles, escribían sobre doctrinas que la organización nos enseñaba que eran inventos posteriores de la Iglesia Católica Apostata.

Escribían sobre la Eucaristía como el verdadero cuerpo y sangre de Cristo, sobre la autoridad del obispo de Roma, sobre la veneración de María, sobre el bautismo de infantes. Estas doctrinas no fueron inventadas en el siglo IIV bajo Constantino como nos habían enseñado. Existían desde el principio. y me di cuenta de algo devastador.

 La Biblia que yo usaba para refutar a la Iglesia Católica había sido recopilada, preservada y transmitida por esa misma Iglesia Católica que yo atacaba. La organización nos enseñaba que la Biblia era suficiente por sí misma, sola escritura. Pero, ¿quién decidió qué libros entraban en la Biblia? ¿Quién preservó los manuscritos durante 2,000 años? ¿Quién nos tradujo? La Iglesia Católica, la misma que yo había llamado la gran  de Babilonia durante 28 años.

Empecé a leer sobre historia del cristianismo, sobre los concilios ecuménicos, sobre cómo la Iglesia había definido las doctrinas fundamentales de la fe, la trinidad, la naturaleza de Cristo, el canon bíblico. Y entendí algo que me partió. La organización no tenía conexión histórica con el cristianismo primitivo.

Había surgido en 1870 bajo Charles T. Russell un hombre sin formación teológica que inventó sus propias interpretaciones bíblicas ignorando 2000 años de cristianismo. No éramos el pueblo de Dios restaurado. Éramos una [música] secta moderna sin raíces históricas. Y la iglesia que yo había atacado durante décadas era la que Jesús había fundado.

En mayo de 2022 tomé una decisión que cambiaría mi vida para siempre. Entré a una iglesia católica por primera vez en mi vida adulta. No para predicar, no para juzgar, sino para buscar. Ed a la catedral metropolitana en el Zócalo de Ciudad de México. Un jueves por la tarde. No había misa. Son algunas personas rezando en silencio, en CR temblando.

30 años de adoctrinamiento me gritaban que estaba entrando a territorio enemigo, a la casa de la gran pero algo más fuerte me empujaba, hambre de verdad. Me senté en una banca del fondo, miré alrededor las imágenes de santos, el crucifijo grande, los vitrales y adelante el sagrario. Una cajita dorada con una lámpara roja encendida.

No sabía qué era, no sabía qué significaba, pero había una paz en ese lugar que nunca había sentido en 30 años de salones del reino. No era el silencio tenso de la vigilancia, no era el miedo de no ser suficiente. Era paz profunda, inexplicable. Me quedé ahí una hora sono sentado, respirando, dejando que esa paz me envolviera.

Cuando salí, supe que tenía que regresar. Durante los siguientes meses viví una doble vida agonizante. Por fuera seguía siendo el anciano Miguel Ángel Herrera. Asistía a las reuniones, daba comentarios, dirigía el servicio de campo, pero por dentro estaba muriendo y renaciendo, porque en secreto, durante las tardes, cuando Verónica trabajaba y Daniela estaba en la escuela, iba a la catedral, me sentaba, observaba, aprendía.

 Empecé a hablar con un sacerdote, el padre Martín. Le conté mi historia, mis dudas, mi búsqueda. Él no me presionó, no me atacó, solo me escuchó y me dio libros. Lee a los padres de la iglesia”, me dijo. Lee a Agustín, a Tomás de Aquino. Le la historia completa, no la versión editada que te enseñaron. ley vorazmente, obsesivamente y cada libro, cada documento, cada evidencia histórica me mostraba lo mismo.

 La Iglesia Católica era la que Jesús había fundado, imperfecta en sus miembros humanos, sí, pero con una línea de sucesión apostólica que se remontaba ininterrumpidamente hasta Pedro. La organización de los testigos no tenía nada de eso. Era una invención del siglo XIX sin conexión real con el cristianismo primitivo. En septiembre de 2022, el padre Martín me preguntó, “Miguel, ¿has estado en una misa?” Le dije que no, que tenía miedo, que 30 años de adoctrinamiento me decían que participar en una misa católica era idolatría.

Ven este domingo”, me dijo gentilmente, “Solo observa. No tienes que comulgar, solo observa.” Fui un domingo por la mañana. Me senté hasta atrás, listo para salir corriendo si era necesario. La liturgia era hermosa, antigua, con un peso de eternidad que nuestras reuniones en el salón del reino nunca tuvieron. Hubo lecturas del Antiguo Testamento, del salmo, del Nuevo Testamento, del Evangelio.

Cuatro lecturas bíblicas. Nosotros en el salón solo leíamos un pasaje corto. El padre [música] Martín dio una homilía sobre el amor de Dios sin gritar, sin amenazar con destrucción inminente, solo amor. Y luego vino un momento que cambió mi vida para siempre. La consagración. El padre Martín tomó el pan, pronunció las palabras, tomad y comed todos de él, porque esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros.

Elevó la Todos se arrodillaron y yo, sentado hasta atrás sentí algo que no había sentido en 30 años de ser testigo de Jehová. La presencia real de Dios. No era emoción manipulada, no era el fervor de una canción del reino. Era algo más profundo, más real, más tangible. Lágrimas empezaron a caer por mi rostro sin que pudiera controlarlas.

Tomad y bebed todos de él, porque este [música] es el cáliz de mi sangre. El padre Martín elevó el cáliz y entendí algo que transformó todo. Jesús estaba ahí. Real, presente, no simbólicamente, no en memoria. Real. Juan 6 53-58. Que yo había espiritualizado durante décadas era literal. Si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.

La organización nos enseñaba que solo 144,000 podían participar de los emblemas en el memorial anual. El resto solo observábamos, pero ahí, en esa misa todos comulgaban, todos recibían a Cristo, porque todos éramos invitados al banquete. Cuando terminó la misa, me quedé sentado. No podía moverme. Estaba destrozado y recompuesto al mismo tiempo.

El padre Martín se acercó, se sentó a mi lado, no dijo nada, solo estuvo [música] ahí. Finalmente hablé, padre, he estado mintiendo durante 30 años. He llevado a cientos de personas a una organización que no tiene la verdad. ¿Cómo puedo vivir con eso? Miguel me dijo con suavidad, tú también fuiste engañado. No mentiste intencionalmente, creías que tenías la verdad, pero ahora que la has encontrado, ¿qué vas a hacer? Esa pregunta me persiguió durante semanas.

En noviembre de 2022 tomé la decisión más difícil y más liberadora de mi vida. Le dije a Verónica la verdad. Verónica, ya no puedo seguir siendo testigo de Jehová. He investigado. La organización no tiene la verdad. Nos han mentido. Su reacción fue exactamente la que temía. Horror, incredulidad, rabia. ¿Cómo puedes decir eso? ¿Has estado leyendo literatura apóstata? Satanás te tiene engañado.

Intenté [música] mostrarle las evidencias. Los artículos históricos sobre 607 antes de Cristo. Los escritos de los padres de la Iglesia. Los casos de abuso encubiertos. No quiso ver nada. No voy a leer eso. Es venen espiritual. Me vio un ultimátum. O te retractas y vuelves a ser el anciano fiel que eras, o me divorcio y te quedas sin tu familia.

Le dije que no podía volver, que no podía seguir viviendo una mentira. A la semana siguiente, Verónica me reportó a los ancianos de la congregación. Fui citado a un comité judicial. Tres ancianos, dos de los cuales habían sido mis amigos durante 20 años. Me preguntaron si había perdido la fe en la organización.

Les dije la verdad, he perdido la fe en esta organización, pero no he perdido la fe en Dios. He encontrado la iglesia que Jesús fundó. Me preguntaron si me estaba haciendo católico. Les dije que sí, que iba a entrar en plena comunión con la Iglesia Católica. El veredicto fue inmediato. Expulsión por apostasía.

Esa noche Verónica hizo las maletas. Se llevó a Daniela. Se fueron a vivir con sus padres. Daniela, que tenía 17 años, me escupió en la cara antes de irse. Te odio. Eres un apóstata. Satanás te tiene. Y se fue. Mi familia extensa, todos testigos de Jehová dejaron de hablarme. Mi madre, [música] mis hermanos, mis sobrinos, todas.

Perdí mis amigos de 30 años. Tadas, me quedé solo en un apartamento vacío, sin familia, sin amigos, sin comunidad. Lloré durante semanas, pero había algo en mí que no se quebraba, la certeza de haber encontrado la verdad. En marzo de 2023 empecé las clases de catecumenado en la catedral. El padre Martín me guió durante 6 meses.

Estudiamos la fe católica completa, los sacramentos, la Eucaristía, la Virgen María, la comunión de los santos, la sucesión apostólica. Cada doctrina que había atacado durante décadas, ahora la veía con ojos nuevos, con comprensión histórica con amor. El 30 de marzo de 2024, sábado santo, vigilia pascual, fui recibido en plena comunión con la Iglesia Católica.

Hice profesión de fe. Fui confirmado y comulgué por primera vez. Cuando la tocó mi lengua, lloré porque finalmente, después de 50 años de vida, 30 de ellos buscando a Dios en el lugar equivocado, lo había encontrado. No en una organización humana con sede en Nueva York, sino en la iglesia que él fundó hace 2000 años y en su presencia real en la Eucaristía.

Han pasado 2 años. Verónica se divorció de mí en junio de 2024. Daniela cumplió 19 años en septiembre. Todavía no me habla. He intentado contactarla. No responde. Mi familia sigue aplicando el shanning. Para ellos estoy muerto. He perdido todo lo que construí durante 30 años, pero he ganado algo infinitamente más valioso, la libertad.

La libertad de no vivir con miedo constante de no ser suficiente. La libertad de no tener que interpretar la Biblia forzándola a encajar con doctrinas inventadas. La libertad de tener una relación directa con Jesús en la Eucaristía sin intermediarios de una sede central. Jesús dijo, “La verdad os hará libres.

” Juan 8:32. Durante 30 años creí que tenía la verdad, pero vivía esclavizado por el miedo, por la culpa, por la ansiedad de nunca ser suficiente. Hoy, católico durante 2 años, tengo una libertad que nunca conocí como testigo de Jehová. La libertad es saber que mi salvación no depende de reportar horas de predicación, no depende de asistir a todas las reuniones, no depende de seguir reglas de una organización humana.

Depende de la gracia de Dios, de su amor incondicional, de su misericordia infinita. Y esa gracia la encuentro cada día en la Eucaristía, en la confesión. En la comunión de los santos que me rodean. Sigo orando por Verónica, por Daniela, por mi familia, por todos los testigos de Jehová que están donde yo estuve, atrapados en una prisión invisible, creyendo [música] que tienen la verdad mientras viven con miedo constante.

Si estás escuchando esto y eres testigo de Jehová con dudas, te digo, no tengas miedo de investigar. La verdad no teme a la investigación. Solo la mentira necesita prohibir las preguntas. Investiga 1914. Investiga la historia real cristianismo. Lee a los padres de la iglesia. Lee sin miedo y si descubres que la organización no tiene la verdad, no desesperes, porque la verdad existe y es una persona, Jesucristo, y él te está esperando en la iglesia que fundó hace 2000 años, la iglesia que preservó las Escrituras,

la iglesia que definió el canon bíblico, la iglesia que transmitió la fe de generación en generación. sin interrupción durante dos milenios. La Iglesia Católica no es perfecta en sus miembros. Nunca lo ha sido. Pedro negó a Cristo tres veces. Judas lo traicionó. Pero es la iglesia que Jesús prometió que las puertas del infierno no prevalecerían contra ella.

 Y en esa iglesia, en el sagrario, Jesús espera. Real. Presente. Vivo esperándote. Mi nombre es Miguel Ángel Herrera Sánchez. Tengo 52 años y fui testigo de Jehová durante 28 años y anciano durante 10 hasta que descubrí que la gran mentira que me ocultaron sobre mí 914 era solo la punta de Liceverde, un sistema completo de engaños.

 Y cuando empecé a investigar sin miedo, encontré que la verdad histórica del cristianismo me llevaba directamente a la Iglesia Católica que había atacado durante décadas. Y aunque perdí mi familia, mis amigos y todo lo que había construido en 30 años, encontré algo infinitamente más valioso, la verdad que me hizo libre y a Cristo real, literal, presente en la Eucaristía, esperándome cada día en el sagrario.

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 A veces una historia puede cambiar una vida. Y déjanos saber en los comentarios qué te llevaste de este testimonio. ¿Tienes tu propia historia? Nos encantaría leerte. Recuerda, la fe es un camino [música] y en ese camino nunca estás solo. Te esperamos en el próximo testimonio. Hasta pronto.

 

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